Críticas

El espejo de Oesed: la piedra filosofal veinticinco años después

Harry Potter y la piedra filosofal

Harry Potter and the Sorcerer's Stone. Chris Columbus. Reino Unido, 2001.

Harry Potter y la piedra filosofalHay una escena en Harry Potter y la piedra filosofal, dirigida por Chris Columbus y estrenada en el Reino Unido en noviembre de 2001, que funciona como advertencia contra la propia operación que Warner Bros. emprende ahora con la película: el espejo de Oesed, donde Harry contempla a sus padres muertos y Dumbledore le previene contra el peligro de quedarse a vivir frente a una imagen fija en lugar de seguir adelante. Warner reestrena la cinta en cines de medio mundo entre el 27 de agosto y el 3 de septiembre de 2026, dentro de una campaña bautizada «Regreso a Hogwarts» que incluye las ocho entregas de la saga, diez minutos de material inédito, ediciones especiales de LEGO y una temporada itinerante de cerveza de mantequilla, en vísperas además de la serie de HBO Max que adaptará de nuevo los siete libros a lo largo de una década. Leída a la luz de su propio espejo, la película de Columbus resulta ser, veinticinco años después, un objeto profundamente irónico: una advertencia contra la fijación con el pasado convertida en la pieza central de una industria que vive, precisamente, de devolver una y otra vez al espectador su imagen deseada.

La literalidad como forma del deseo

Harry Potter y la piedra filosofal

Esa lógica del espejo empieza mucho antes de que Harry llegue a Hogwarts, en la propia decisión estilística de Columbus. Frente al libro de J. K. Rowling, el director, que llegaba del cine familiar de Hollywood tras Solo en casa y Mrs. Doubtfire, optó por una fidelidad casi cartográfica: cada escenario del texto, desde la alacena bajo la escalera hasta el andén nueve y tres cuartos y el gran comedor de Hogwarts, se traduce en pantalla con una literalidad que la crítica del momento saludó como respeto y que, con los años, buena parte de la crítica cinematográfica ha leído como una puesta en imágenes más ilustrativa que interpretativa. Pero esa literalidad no es un simple defecto de ambición artística: es, en sí misma, un espejo de Oesed dirigido al público lector de los libros, que no pedía una lectura de la obra sino la confirmación exacta de lo que ya había imaginado. Columbus no interpretó el texto; le devolvió al espectador su propio deseo, fijado en imágenes, y esa decisión resultó estratégicamente decisiva: al fijar con tanta precisión el vestuario, la paleta de colores y el diseño de producción de Stuart Craig, construyó una gramática que las películas posteriores, incluso cuando decidieron romper con su tono infantil, como hizo Alfonso Cuarón en El prisionero de Azkaban, no pudieron sino asumir como punto de partida.

La escuela como promesa de un lugar fijo

El propio relato, además, está construido sobre la misma estructura de deseo que después el espejo hará explícita. Harry sale de un mundo que le niega su identidad, los Dursley le ocultan deliberadamente quién es, y cruza, a través de una carta, un tren y un sombrero parlante, hacia un territorio donde su nombre importa por primera vez: Hogwarts no ofrece solo aventura, ofrece exactamente lo que el espejo de Oesed le mostrará más tarde de forma explícita, un lugar donde Harry deja de ser el niño no deseado para convertirse en el niño que todos reconocen y celebran. Las pruebas menores que jalonan el curso (la clase de vuelo, el ajedrez gigante, el enfrentamiento con el troll) no ponen a prueba tanto su valor como su pertenencia, y el trío que forma con Ron y Hermione, fiel al libro, funciona como un organismo completo aunque la cámara, pendiente sobre todo del punto de vista de Harry, deje entrever ya el desequilibrio que arrastrará el resto de la saga: Ron y Hermione crecerán en complejidad, pero rara vez dejarán de orbitar en torno al protagonista que da nombre a la franquicia y al deseo que la sostiene.

Harry Potter y la piedra filosofal

El espejo dentro del espejo

Cuando la trama llega finalmente al espejo de Oesed, la película se permite, por unos minutos, abandonar la lógica del objeto mágico (la piedra filosofal, en el fondo, es poco más que un macguffin que da título al filme y motor a la trama) para tocar algo más incómodo: el duelo, la orfandad y la tentación de sustituir el mundo real por su reflejo deseado. Dumbledore le explica a Harry que los hombres más sabios se han consumido frente a ese espejo, incapaces de distinguir entre lo que desean y lo que es posible, y esa frase funciona como la clave interpretativa que la propia película, sin proponérselo, aplica retrospectivamente a toda su estructura: el mundo mágico entero, con su literalidad ilustrativa y su promesa de pertenencia, es un espejo de Oesed construido a escala industrial para un público que en 2001 deseaba, sobre todo, que Hogwarts existiera exactamente como lo había imaginado.

Queda, entonces, la pregunta que plantea todo aniversario: qué significa devolver a la pantalla grande, veinticinco años después, la misma imagen fija, con un reparto que ha crecido fuera de la ficción mientras sus personajes permanecen detenidos en los once años. La operación comercial es evidente y Warner Bros. no la disimula: mercancía de edición limitada, formatos inmersivos como el 4DX, un nuevo logotipo corporativo pensado, según la propia compañía, para evocar «el brillo mágico de un Patronus». Pero bajo ese aparato promocional persiste la misma advertencia que Dumbledore pronunció en 2001 y que la industria ha decidido no escuchar: volver una y otra vez frente al espejo no hace que el pasado regrese, solo confirma cuánto se desea que lo haga. Ver hoy La piedra filosofal no es descubrir nada nuevo; es comprobar, con la misma fascinación un poco avergonzada de quien se detiene demasiado tiempo frente a su propio reflejo, que el espejo sigue exactamente donde lo dejamos.

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Ficha técnica:

Harry Potter y la piedra filosofal (Harry Potter and the Sorcerer's Stone),  Reino Unido, 2001.

Dirección: Chris Columbus
Duración: 152 minutos
Guion: Steve Kloves. Novela: J.K. Rowling
Producción: Warner Bros, Heyday Films, 1492 Pictures.
Fotografía: John Seale
Música: John Williams
Reparto: Daniel Radcliffe, Rupert Grint, Emma Watson, Robbie Coltrane, Richard Harris, Maggie smith, Alan Rickman

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