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Algunas mujeres de La Odisea

Circe, la hechicera

Circe

Es Circe el personaje mayor del Canto X, que trata de la isla de Eolo y del palacio de Circe la hechicera. Ella no es un ser humano entrenado como mago, sino un dios cuya naturaleza está ligada a las fuerzas elementales del cosmos. Pertenece a una familia famosa por sus habilidades: es hermana del rey Eetes de Cólquida (guardián del Vellocino de Oro) y de Pasífae (esposa del rey Minos), además de ser tía de Medea. En el poema es la soberana de la isla de Eea, en los confines del mundo. Es igualmente impresionante la riqueza del personaje Circe, tal como nos la describe el poema. Se la describe como la de las lindas trenzas, un diosa de abolengo, que habitaba en un palacio, situado en una altura muy escarpada, entre un espeso encinar y una selva. Era un palacio construido de piedra pulimentada, rodeado de lobos montaraces y leones, a los que Circe había encantado, dándoles funestas drogas.

Circe era experta en el uso de drogas y encantamientos. Ella tenía la costumbre de cantar con voz pulcra en el interior del palacio, mientras labraba una tela grande y divina, fina, elegante y espléndida, como corresponde a una diosa laboriosa.

Aparte de ello, diosa en verdad maliciosa y dolosa era Circe. Con mañas engañó a una partida de los hombres de Odiseo. Cuando llegaron al palacio, les abrió las puertas y cuando los tuvo adentro, les hizo sentar, les dio potajes de queso, harina y miel fresca con vino mezclados con drogas perniciosas para que se olvidaran de la tierra patria. Los tocó con una varita y los encerró en pocilgas, convertidos en puercos; pero dejó sus mentes enteras, así que ya encerrados, todos lloraban, mientras se alimentaban de bellotas y del fruto del cornejo, que es lo que comen los puercos, que se echan en la tierra.

Entre tanto, Odiseo iba por un valle, a punto de llegar al palacio de Circe, cuando le salió al encuentro el dios Hermes, en la figura de un mancebo en la flor de la juventud. Hermes le advirtió lo sucedido y le previno, dándole un remedio para apartarlo de Circe y de sus malos intentos, de modo que ella no podrá encantarle. Le dio instrucciones para que la amenazara, para causarle temor de modo que accediera a su lecho, librando a sus amigos y jurando ante los dioses de que no maquinaría ningún funesto daño.  En efecto, cuando llegó a su lado, la incitante Circe lo sometió a sus artes, pero Odiseo desenvainó la espada como deseando matarla. Ella lanzó agudos gritos, se echó al suelo, lo abrazó por las rodillas y se dirigió entre sollozos, con interrogantes y alabanzas, invitándolo a su cama para que unidos por el lecho y el amor, pueda crecer entre ellos la confianza. Con ardides logró Odiseo la liberación de sus hombres.

La maga los invitó a todos a permanecer en la isla, para descansar en su fatigosa peregrinación. Se dejaron persuadir y todos se quedaron un año entero, en medio de banquetes de carne y vino. Hasta que los fieles compañeros convencieron a Odiseo de partir hacia la patria tierra.

Entonces Circe les trazó la siguiente jornada hacia las tenebrosas regiones del Hades, dándoles instrucciones precisas e impulso a la nave, conducida por el viento, andando a velas desplegadas.

Luego de su viaja al Hades, regresan Odiseo y sus hombre a la Isla Eea, para rescatar el cadáver de un compañero. Allí la maga vino con criadas pan, carne y vino rojo, y le invitó a comer y beber. Por aparte se reunió con Odiseo quien le contó cuanto le había ocurrido. Ella le describió en completo detalle lo que iba a suceder en las siguientes jornadas de su viaje: el encuentro con las sirenas y las ardides de esas mujeres que hechizan con sus sonoros cantos. Le explicó cómo vencer su peligrosas tentaciones. Luego, más allá de las Sirenas, le habló de los pasos por Escila y por Caribdis, de los terribles riesgos y cómo superarlos.  Continuó con el viaje a la isla de Trinacia, la tierra de las vacas y ovejas de Helios y de lo que pasaría si se atrevieren a matar alguno de estos ganados, de propiedad divina.

Hay que decir que la Circe de la película no alcanza realmente a resaltar la magia del personaje. Está representada por Samantha Morton, una actriz relativamente madura, sin lindas trenzas, más bien alejada su personalidad de lo que se describe en el poema. Su papel, si bien tiene momentos de impacto como el de la conversión de los hombres de Odiseo en cerdos, carece de la cercana intimidad con Odiseo y de la importancia que alcanza en la epopeya.

Calipso, la enamorada inmortal

CalipsoYa en sus comienzos, aparece en la Odisea el personaje Calipso. Se nos dice que los guerreros griegos que habían podido escapar de una muerte horrorosa en Troya y en sus viajes de regreso, ya estaban en sus hogares. Y que solamente Odiseo, que tan gran necesidad sentía de restituirse a su patria y ver a su consorte, hallábase detenido en hueca gruta por Calipso, una ninfa, divina entre las deidades, que anhelaba tomarlo por esposo.

Más adelante, cuando Telémaco, el hijo de Odiseo habla con Menelao, el rey esposo de Helena y le pregunta sobre su perdido padre, el rey le refiere que le vio en una isla, con sus ojos abundantes lágrimas, en el palacio de la ninfa Calipso, que le detiene por fuerza, y que no le era posible llegar a su patria y su tierra porque no disponía de naves de remos ni de compañeros que le conduzcan por el mar.

La visita a la isla de Calipso empieza luego de que Odiseo escapara del naufragio sufrido luego de pasar por Caribdis. Se mantuvo reciamente amarrado a restos de maderos, esperando que Caribdis devolviera a la superficie el mástil y la quilla del barco, que aparecieron por fin.  Odiseo se soltó de pies y manos y cayó junto a los larguísimos maderos; y, se sentó sobre ellos, remando con los brazos.  Desde aquel lugar estuvo errante nueve días y en la noche del décimo llegó a la isla Ogigia, donde vivía Calipso, deidad poderosa, la cual le acogió amistosamente.

Nos relata luego el poema la visita del dios Hermes a la isla, donde penetró en la gruta, siendo conocido por Calipso. En su visita no halló a Odiseo, que estaba llorando en la ribera, donde tantas veces, consumiendo su ánimo con lágrimas, suspiros y dolores, fijaba los ojos en el mar. Calipso procedió a sentarse con Hermes en sus espléndidos sitios, delante de una mesa, que había llenado de ambrosía y néctar. Allí bebió y comió el mensajero divino, transmitiendo luego la voluntad de Zeus, el dios soberano. Se refería ella a Odiseo, el varón infortunado, mandando que se le permitiera que se fuera cuanto antes, porque no era su destino morir lejos de los suyos, sino que estaba destinado a llegar a su casa y a su patria.   Calipso, en su respuesta, se queja de que los dioses son malignos y celosos, llenos de envidia de las diosas que se atreven a dormir con el hombre a quien han tomado por esposo. Cita los casos de Aurora y Orión; de Deméter y Jasón. Ella tiene consigo un hombre mortal, a quien salvó cuando bogaba solo y montado en una quilla, después que Zeus le hundió la nave, en medio del mar, arrojando contra ella sus rayos, acabando con la vida de sus compañeros; pero a él lo trajeron el viento y el oleaje. Acogido amigablemente, manifiesta Calipso que le ha mantenido, con promesas de inmortalidad. Pero dice que está dispuesta a permitir que se vaya, si así lo quiere, pero que no dispone de naves ni puede darle compañeros que le conduzcan por el mar. Manifiesta que le dará consejos de buena voluntad, sin ocultarle nada, para que llegue sano y salvo a su tierra.

Transcurren luego emotivas escenas entre Odiseo y Calipso. Ella le consuela y le dice que no llore más, que no consuma su vida, pues de muy buen grado lo dejará partir. Le da instrucciones para cortar maderos, para unirlos con bronce y formar una balsa con piso de tablas. Le dice que pondrá en ella pan, agua y el vino; que le dará vestidos y que la impulsará con prósperos vientos. Pero Odiseo sospecha que se oculta algo en su pensamiento de diosa. Por ello, le pide juramento de que no va a causar ningún daño. Se sonrió Calipso, acariciando su mano, reprochando que era injusto, y pronunció un juramento de no maquinar daño. Al mismo tiempo señaló que su intención era justa y compasiva. Luego la ninfa echó a andar aceleradamente y Odiseo fue siguiendo sus pisadas hacia la cueva, donde comieron en medio de ambrosía y néctar. Saciados, Calipso, rompió el silencio y preguntó a Odiseo si deseaba irse en seguida, o si consciente de los males que habrá de padecer antes de llegar a tu patria, quisiera quedarse con ella, custodiando su morada, y siendo inmortal, aunque esté deseoso de ver a su esposa, de la que padece soledad todos los días. Se jactó de no serle inferior ni en el cuerpo ni en lo natural, que no pueden las mortales competir con las diosas ni por su cuerpo ni por su belleza. Pero Odiseo pidió que no se enojara con él, que, aunque Penélope sea inferior en belleza y en estatura, por ser mortal, él deseaba y anhelaba continuamente irse a casa y ver el día de su vuelta. Que estaba dispuesto a padecer todos los padecimientos que cualquiera de los dioses quisiera arrojar sobre él.

Se puso el sol y vino la noche y se retiraron a lo más hondo de la profunda cueva; y allí muy juntos hallaron en el amor contentamiento. Al otro día Odiseo se vistió de túnica y manto y ella se puso vestidura fina y hermosa, ceñido el talle con cinturón de oro, se veló la cabeza y se ocupó en disponer la partida de Odiseo. Le dio luego objetos especiales y le enseñó donde estaban los grandes árboles. Calipso volvió a su morada, y él se puso a cortar troncos y no tardó en dar fin a su trabajo, con la ayuda de la diosa que le dio barrenos, clavos, clavijas, mimbres y lienzo para las velas. Al cuarto día ya todo estaba terminado, y al quinto Odiseo se despidió de la isla y de Calipso, después de que ella lo hubiera lavado y dado vestidos perfumados, entregado un pellejo de vino, otro de agua, un saco de provisiones y muchos manjares, además de un favorable y plácido viento.

En la Odisea de Nolan, Calipso es interpretada por Charlize Theron. Las escenas en que aparecen Calipso y Odiseo transcurren enteramente a orillas del mar. En ellas se advierte el enamoramiento de la ninfa y se vislumbra su ternura con el protagonista. Me parece que no se alcanza a percibir lo emotiva que es la relación entre los dos ni las tensiones que se dan. Tampoco el papel que juega la ninfa en las proyecciones de los viajes. No aparecen realmente diálogos ni escenas de amor entre los dos, algo que se echa a faltar, dada la riqueza de las conversaciones y los tiernos momentos que estos dos tuvieron o debieron tener.

Las sirenas

Odiseo y las sirenas

Advierte Circe en el poema sobre la llegada de los viajeros al lugar donde viven las sirenas, seres que encantan a los hombres que se acercan. Aquellos que imprudentemente se acerquen a ellas y oigan su voz, ya no vuelven a ver a sus esposas ni a sus hijos, cuando tornen a sus hogares; sino que les hechizan las sirenas con un sonoro canto, sentadas en una pradera y teniendo a su alrededor enorme montón de huesos de hombres putrefactos cuya piel se va consumiendo.

La aconseja que pase de largo, que tape las orejas de sus compañeros con cera blanda, previamente adelgazada, a fin de que ninguno las oiga; advierte que, si él desea oírlas, debe hacer que lo aten en la embarcación de pies y manos, derecho y arrimado a la parte inferior del mástil. Y señala que en caso de que suplique o mande a los compañeros que lo suelten, ellos lo deben atar con más lazos todavía.

Luego de contar a sus compañeros lo anterior, la nave llegó prestamente a la isla de las sirenas, impulsada por viento favorable. Desde aquel instante reinó la calma, los compañeros amainaron las velas y se sentaron en los bancos, remando. Odiseo tomó cera y la partió en pedacitos, y fue tapando con ella los oídos de todos los compañeros. Ellos le ataron a la nave, de pies y manos, derecho y arrimado a la parte inferior del mástil; ligaron las sogas al mismo; y, se sentaron en los bancos, siguiendo con los remos. Llegados a las orillas a dónde pudieran llegar las voces de los viajeros, advirtieron las sirenas que la embarcación navegaba a poca distancia y empezaron su sonoro canto, diciendo: “¡Ea, célebre Odiseo, gloria insigne de los aqueos! Acércate y detén la nave para que oigas nuestra voz. Nadie ha pasado en su negro bajel sin que oyera la suave voz que fluye de nuestra boca; sino que se van todos después de recrearse con ella, sabiendo más que antes; pues sabemos cuántas fatigas padecieron en la vasta Troya argivos y teucros, por la voluntad de los dioses, y conocemos también todo cuanto ocurre en la fértil tierra”. Sintió Odiseo ganas de oírlas, y movió los ojos, mandando a los compañeros que le desatasen; pero todos se inclinaron y se pusieron a remar y dos de ellos le ataron con nuevos lazos. Cuando dejaron atrás las sirenas, ni su voz ni su canto se oían ya. Quitaron los compañeros la cera con que se habían tapado sus oídos y soltaron las ligaduras de Odiseo.

Se echa a faltar en La Odisea quizás lo más importante de la historia de las sirenas, que es el canto que entonan, tan poderoso en su sonido y en sus palabras, como para que Odiseo tratara de soltarse, no obstante las claras advertencias de Circe. En vez del canto, la escena refleja las torturas mentales y arrepentimientos del personaje, elemento que se repite una y otras vez en la película, en la cual me parece que el héroe queda esencialmente despojado de su astucia, de su creatividad, de su sentido del humor y de la capacidad que tiene para asumir su saga con independencia, inteligencia y determinación.

Se echa a faltar el aspecto atrayente, fatal y femenino de las sirenas, con su capacidad para encantar y derrotar a los hombres con sus cantos y con las historias que los acompañan. Dados los recursos con que seguramente contaba Nolan, esta hubiera sido una notable oportunidad creativa y musical, pero él ha preferido, en general el lado oscuro y depresivo del personaje.

 Helena, un ser complejo y cariñoso

Helena

Aparece en la Odisea esta famosa y hermosa mujer, esposa del rey Menelao, especialmente en escenas en las cuales Telémaco, el hijo de Odiseo, hace un recorrido por diversos sitios de Grecia, tratando de averiguar sobre su padre. En ese periplo visita la corte del rey Menelao. Está este con muchos amigos, celebrando el banquete de la doble boda de su hijo y de su hija ilustre. Helena tenía como prole su hija Hermíone, de gran belleza.

En cierto momento salió Helena de su estancia con suma belleza y elegancia, sentándose en un sillón hermosamente construido, en medio de lujosos tapetes y objetos de oro y plata. Ella interrogó a su marido sobre Telémaco, mencionando su claro parecido con Odiseo.  Siguió un emotivo momento. Todos lloraban al reconocer esa relación, y entre ellos especialmente lloraba Helena, junto con Telémaco y Menelao.

Invitó Menelao a poner fin al llanto, emprendiendo la cena y lavándose las manos. Entonces Helena, ordenó otra cosa. Echó en el vino que estaban bebiendo una droga contra el llanto y la cólera, que hacía olvidar todos los males.  Eran drogas que guardaba en su poder la hija de Zeus por habérselas dado la egipcia Polidamna, nativa de tierras que producen muchísimas drogas, unas saludables y otras nociva. Allí cada individuo es un médico que se destaca por su saber entre los hombres. Y Helena, al punto que hubo echado la droga, mandó escanciar el vino e invitó a comer, sentados en la sala, deleitados con la conversación, que ella misma inició.

Narró un episodio sobre Odiseo en Troya, donde ella estaba, de cierta forma, prisionera de los troyanos. Él se infiltró en la ciudad vestido de andrajos, como si fuera un siervo, y entró como un mendigo. Narró que todos se dejaron engañar. Pero que ella sola le reconoció e interrogó, a pesar de que él, con sus mañas se escabullía. Ella contó que lo lavó y los ungió con aceite, le entregó un vestido, y le prometió que no lo descubriría a los troyanos hasta que llegara nuevamente a las tiendas griegas y a las naves. Entonces Odiseo le refirió todo lo que tenían proyectado los aqueos griegos enemigos de los troyanos. Y después de matar un buen número de troyanos, volvió Odiseo a su bando, llevándose el conocimiento de muchas cosas. Contó Helena que prorrumpieron las troyanas en fuertes sollozos, mientras que ella se llenaba de júbilo porque ya sentía en su corazón el deseo de volver a su casa, deplorando el error en que había sido puesta por la diosa Afrodita cuando la condujo a Troya, lejos de su patria, y habiendo abandonado a su hija, su tálamo y a un marido a quien nadie cedía en inteligencia y en gallardía.

Más adelante, como despedida a Telémaco, Helena se detuvo junto a las arcas en que se hallaban los peplos y túnicas de muchas bordaduras, que ella en persona había labrado. La propia Helena, escogió y le llevó el peplo mayor y más hermoso por sus bordados. Le dio este regalo, como memoria de sus manos, para que lo llevara su futura esposa en la ansiada hora del casamiento; y le aconsejó que hasta entonces lo guardara su madre en el palacio.

Ya en el momento de la partida, Helena, se adelantó a Menelao, pronunciando una palabras llanas da auspiciosos augurios, prediciendo que Odiseo, después de padecer mucho y de ir errante largo tiempo, volvería a su casa y conseguirá vengarse maquinando males contra los pretendientes que acosaban a su esposa.

En otra escena habla Odiseo con la diosa Atenea. Ella le reclama diciéndole que ya no hay en él aquel vigor ni aquella fortaleza con que durante nueve años le llevó a luchar continuamente contra los troyanos por Helena, la de níveos brazos, hija de nobles padres.

Aparece nombrada Helena en otra escena, en la cual el rey Atreo Agamenón, hermano de Menelao, visitado por Odiseo en el Hades, narra la historia terrible de su muerte.  Cuenta que no murió en su viaje de retorno. Sucedió que tenía enemigos en su corte, liderados por Egisto, quien, de acuerdo con la infiel esposa del rey, Clitemnestra, lo llamó a su casa, le dio de comer y le quitó la vida como se mata a un buey. Murió junto con sus compañeros y junto a Casandra, hija de Príamo, a la cual también estaba asesinando la dolosa Clitemnestra. Dice el difunto rey que Zeus aborreció de extraordinaria manera la estirpe de los reyes atreos desde su origen, a causa de la perfidia de las mujeres: por Helena se perdieron muchos y Clitemnestra le preparó una celada mientras se hallaba ausente.  Aconseja jamás ser benévolo con la mujer ni descubrirle todo lo que se piensa; antes bien, participarle unas cosas y ocultarle otras. Pero en el caso particular de Odiseo, predice que no le llegará la muerte por culpa de su mujer, porque la prudente Penélope es muy sensata y sus intentos son razonables. Cuenta que la dejaron recién casada al partir para la guerra, dando el pecho a su hijo, infante todavía.

Terminan las menciones de Helena, en un diálogo que sostiene Penélope con Odiseo, ya consumado su regreso y su nueva unión. Dice ella que no debe enojarse ya que las deidades les enviaron sus desgracias y no quisieron que gozasen juntos de la mocedad, ni que juntos llegaran al umbral de la vejez. Que no se enfade con ella porque no lo abrazó de inmediato, porque temía horrorizada que viniese algún hombre a engañarla con sus palabras, pues son muchos los que traman perversas astucias. Menciona que Helena no se hubiera juntado nunca en amor y cama con un extraño, si hubiese sabido que los belicosos griegos habían de traerle nuevamente a su casa y a su patria y tierra. Que algún dios debió incitarla a ejecutar aquella vergonzosa acción; pues antes nunca había pensado cometer la deplorable falta que fue el origen de tanta penas. Ahora, dice Penélope, que dado que Odiseo ha dado señales evidentes sobre su lecho nupcial, que no vio mortal alguno, excepto ellos dos, dando con ello convencimiento a su ánimo, a pesar de tenerlo tan obstinado.

Es evidente que el papel que se asignó a la actriz Lupita Nyong’o. no corresponde prácticamente en ningún aspecto con las menciones de Helena en el poema.  No es porque ella tenga hermosos brazos de ébano en vez de los níveos brazos que señale Atenea. Es porque su personaje está extrañamente alejado de la gran obra. Las escenas de Helena con Telémaco en el poema son poderosas y significativas, lo mismo que la mención misma que hace Penélope y las narraciones de Agamenón en el Hades.  En cambio en el filme Helena no es el ser complejo y cariñoso del poema, sino una mujer de aspecto duro e indiferente.

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