Críticas

La soledad del que va a ninguna parte

En el camino

David Pablos. México, 2025.

Cartel de En el caminoA pesar de la referencia a Kerouak en el título de la película, poco o nada tiene que ver En el camino con la ilustre referencia de la que adopta el nombre. Quizá el espíritu vagabundo y radical que revestía la seminal novela de la generación beat, pero en contenido e intenciones no hay mucha más similitud.

David Pablos nos ofrece un relato de vidas errantes en polvorientas carreteras, de sudor y marginalidad. De tiros de cocaína y sexo furtivo en lugares sórdidos. Una historia de huidas hacia ninguna parte, de supervivencia, de falta de esperanza. Espacios, lugares, personas, un cosmos conformado por dolor y olvido que no deja ningún resquicio para los finales felices.

En el camino somos testigos de la historia de un encuentro. Definitivo y desesperado, de esos que marcan antes y después. Veneno es joven, rebelde y descarado, pero en cierto modo todavía guarda cierta inocencia. A pesar de las cicatrices, está en esa frontera que separa al adolescente del hombre adulto. Vende cocaína y sexo y suma otro día en el que sigue vivo.

Muñeco es conductor de camión. La vida en la carretera es solitaria, y se refugia en la espiral de drogas, alcohol y autodestrucción que le mantiene aferrado a una curiosa mezcla de confianza y cierto aire de superioridad.

Veneno, protagonista de En el camino

Ambos están rotos por dentro. Ambos se ven enredados en un mundo testosterónico e hipermasculino, violento y descarnado. Un mundo casi liminal, donde la realidad parece desvanecerse y establece fronteras con nuevas reglas. El olor de la gasolina y el embrague quemado son los aromas de esta alucinación excesiva regada con sangre y semen.

Muñeco se convierte en el guía, protector, socio de Veneno. Ambos se mueven por los caminos que parecen trazados por auténticos locos. Y entre esas grietas de realidad, Muñeco va perdiendo partes de la armadura de tipo duro. La relación con Veneno cruza todas las líneas, incluso las que él mismo no entiende, que se suponían irrompibles. El encontronazo por la supervivencia da el paso a lo físico, para luego dar cabida a lo emocional. Se crea un vínculo que va más allá de ser compañeros de viaje. Porque mientras el mundo arde, todavía queda lugar para la ternura, incluso, quizá para la sanación.

Pablos demuestra una potencia visual de primer orden. Maneja el tono de su película de forma magistral, y sabe cómo jugar con este relato mutante, donde experimenta con el realismo más sucio conjugado con lo onírico, con lo espectral, abrazando la mística del viaje a través de las arenas de un desierto tan real como parte del paisaje interior de los protagonistas. Así que tenemos historias de amor desesperado, carnal y explícito. La reivindicación queer se entremezcla con el thriller mugriento, de cámara casi documental y salvaje.

Película de contrastes, la sensibilidad del encontronazo emocional de dos hombres marcados por el trauma choca con la violencia que empapa cada aspecto de la realidad. La soledad de la eterna carretera es el tránsito hacia esos momentos en los que parece que queda alguna esperanza, algún deseo de salvación. Y Pablos se encarga de que la complejidad de esos contrastes cuajen en un relato que es muchas cosas, con toda su bajeza, con toda su poética.

Una imagen de En el camino

Otro director quizá hubiese incidido de forma torticera en la erótica nada sutil de la película. Pablos elige no esconder nada, pero siempre con cierta ternura atormentada, como si cada caricia fuese la última, como si los dos protagonistas fueran conscientes de que, en ese cosmos retorcido, hay fecha de caducidad.

La historia no podría funcionar sin el excelente trabajo de dos actores entregados a la causa. Víctor Prieto y Osvaldo Sánchez juegan con demonios, y relucen como balas perdidas. Rudos y frágiles; poderosos y rotos. Hacen de la paradoja la fuerza de sus personajes. Tan perdidos, tan solos, tan humanos.

En el camino es una película de extraña belleza. Puede que, con su ritmo cadencioso, su tendencia a lo excesivo y su falta total de vergüenza, no sea del gusto de todos los públicos. Al final, no deja de ser una desgarrada crónica criminal, de marginalidad y ruinas. Quizá ahí encuentre la conexión con los espectadores. La cosa es que hay tantas capas de relato, tantas intenciones por parte de David Pablos (director al que no hay que perder de vista, una vez presentado su particular universo propio) que creo que cualquiera con un poco de sensibilidad puede encontrar las grietas por las que colarse en esta historia de tristezas y penitencia.

Una muy agradable sorpresa, que venía precedida de gran éxito en los circuitos independientes de los festivales más importantes. Merecido el aplauso.

Tráiler:

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Ficha técnica:

En el camino ,  México, 2025.

Dirección: David Pablos
Duración: 93 minutos
Guion: David Pablos
Producción: Animal de Luz Films, Producciones Año Bisiesto, La Corriente del Golfo, The Maestros, Terminal, EFD Studios
Fotografía: Ximena Amann
Música: Andrea Balency-Béarn
Reparto: Víctor Prieto Simental, Osvaldo Sánchez, Víctor Manuel Aguirre , Mariano López Sosa, Giovanni Ontiveros y Héctor Cárdenas

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