Críticas

Un cuento de luces y fantasmas

Mother Mary

David Lowery. Reino Unido, 2026.

Póster de Mother MaryEmpezaré esta crítica admitiendo mi total devoción por el cine de David Lowery. Su carrera es un tanto irregular, pero creo que es innegable la firma de autor que imprime en toda su obra. También creo que con Lowery no hay término medio: o se le adora o se le odia, sin medias tintas. La particular visión de cómo funciona una película que puede resultar indigesta, incluso insoportable, si no se aceptan las reglas de sus propuestas. Claro está, no todo el mundo tiene esa disposición.

Esa visceralidad que provoca Lowery tiene un claro ejemplo en Mother Mary, última acometida del director al particular universo que viene plasmando a través de imágenes, casi siempre de belleza onírica. Desde A Ghost Story (David Lowery. 2017) ha desdibujado las líneas entre lo fantástico y la realidad, juego constante con el tiempo, eternidades plásticas que dilatan instantes detenidos en el espacio fílmico que propone.

Mother Mary se adentra en territorios espirituales, íntimos, espectrales y terribles, arrancados de un sueño. Una extraño experimento de culpa y redención, sostenido sobre las espaldas de dos actrices excepcionales, que abrazan sin complejos cada paso de este viaje alucinado. Lowery maneja tantos frentes visuales que parece rodar varias películas a la vez. Estar constantemente en la cuerda floja deja las costuras de la función a la vista más veces de lo que al director le gustaría, porque en ocasiones la alquimia no funciona bien del todo. Aún así, creo que Mother Mary es una de las experiencias cinematográficas más fascinantes del 2026.

Una imagen de Mother Mary

Como comentaba, gran parte de la potencia de la película se debe a la intensidad con la que Anne Hathaway y Michaela Coel defienden sus personajes. Hathaway interpreta a un diva del pop totalmente desnortada. Atraviesa una terrible crisis personal, así que pone rumbo hacia el hogar, donde le espera el muro del pasado. Traiciones, desencuentros, reproches y rencores son la tónica de la relación con una antigua amiga y colaboradora, en la piel de Michaela Coel, a la que acude para encontrarse de nuevo con una parte de ella, ahogada en el personaje que ella ha creado: la estrella Mother Mary.

En los primeros compases de película Lowery apuesta por lo teatral, por la confrontación de ambas actrices, limitando los espacios, jugando con la luz, con el movimiento, con las miradas y gestos. El duelo interpretativo es hasta cruel, y las piezas de ese pasado complicado aparecen con inteligente dosificación a lo largo de la cruda conversación. Hathaway maneja a su personaje, tan rota como orgullosa, repleta de matices, dividida en dos. La poderosa Mother Mary es un ente que solo vive en el escenario, parece absorber la fuerza vital de la persona tras la máscara. En el momento en el que cae el disfraz, solo queda el despojo de un alma en plena caída.

Al otro lado del ring, Michaela Coel encantada de conocerse, con el poder en sus manos. Irónica, despiadada, disfruta de la espiral destructiva. El futuro está en sus manos, y esconde en su sonrisa pícara el rencor de años.

Así comienza la búsqueda de redención, en esta fábula estilizada sobre lo sencillo que es perderse en las ficciones que nosotros mismos creamos, un drama de pura esencia actoral, con un Lowery inspiradísimo para aprovechar el minimalismo íntimo en el que ambas actrices presentan batalla.

El director juega desde el principio con la mezcla de referencias. La presencia de elementos sacados del videoclip sinuoso mantienen cierto tono de musical, armado de vistosos sets en los que brillan las melancólicas canciones de la diva. Pero nada prepara al espectador para el descenso a la pesadilla que Lowery presenta en cierto momento de la película, cambiando por completo la esencia del filme. Donde había confrontación en las actuaciones de Hathaway y Coel, en la segunda mitad de Mother Mary, sin perder la esencia conversacional, el director se adentra en el terreno de las pesadillas, de los aspectos oníricos de su cine. Tenemos la colección de imágenes más desconcertantes de la obra de Lowery, auténtico delirio psicodélico de complicada definición.

Anne Hathaway en Mother Mary

No es nuevo que Lowery parezca perder el control de la película. En ocasiones, da la sensación que el director está más interesado en la imagen por la imagen, en el poder visual sin prestar atención a la narrativa, a la propia historia que nos quiere contar. Es indudable que estos excesos tienen mucho de pretencioso. Son la clase de cosas que los detractores de Lowery ponen sobre la mesa para criticar sus películas. Y tienen razón. Si alguien me dijese que ha detestado con todas sus fuerzas esta película seguro que tiene un buen puñado de argumentos convincentes como sustento de su opinión. Pero en mi caso me rindo ante la demostración visual que nos regala Lowery, Acepto completamente sus reglas, me dejo envolver por el suave tacto del horror, de la poesía de lo mágico, del extasis de la ceremonia.

Mother Mary se transforma en la desquiciada mezcla entre un concierto pop, una misa católica y una sesión de espiritismo del siglo XIX. Por muy extraño que parezca, el  brebaje funciona a un nivel simbólico, de poderosa iconografía cristiana; nos hace testigos y partícipes de un rito excesivo, que se clava en la retina del espectador. La metáfora sobre el duelo y la redención cocinada a fuego lento se topa con el relato victoriano de fantasmas. Cuando todo acaba, siento que Lowery es de los directores más valientes de su generación. Con todos sus tics, sus excentricidades, su exceso de estilo. Es único, inconfundible y rotundo.

Mother Mary es el imaginativo banquete de colores chirriantes al que Lowery nos convida como buenos glotones visuales que somos. Si acepta la invitación, prepárese, porque puede que el menú le resulte algo indigesto. Por mi parte, he disfrutado mucho es esta película que, aunque roza el disparate, me ha llevado a lugares poco comunes como espectador.

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Ficha técnica:

Mother Mary ,  Reino Unido, 2026.

Dirección: David Lowery
Duración: 112 minutos
Guion: David Lowery
Producción: A24, Augenschein Filmproduktion, Homebird Productions, Sailor Bear, First Look, Access Entertainment, IPR.VC.
Fotografía: Andrew Droz Palermo, Rina Yang
Música: Daniel Hart. Canciones: Charli XCX, Jack Antonoff
Reparto: Anne Hathaway, Michaela Coel, Hunter Schafer, Sian Clifford, FKA Twigs, Kaia Gerber, Atheena Frizzell, Jessica Brown Findlay, Alba Baptista, Isaura Barbé-Brown

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