Críticas

Penetración

Rabid

Otros títulos: Rabia; Fobia, la ciudad bajo el terror.

David Cronenberg. Canadá, EUA, 1977.

La sexualidad, en cuanto elemento básico del ser humano, representa un área de análisis en la que es posible abordar la cuestión desde diferentes puntos de vista. La base de la sexualidad, de todas formas, es el elemento biológico que llamamos sexo, entendido aquí como el acto de goce que termina con un orgasmo de tipo masculino o femenino; se supone, entonces, que el acto sexual se mueve en los bordes entre lo corporal y lo psicológico, ya que ambas vertientes se unen en el desarrollo de un deseo que intenta ser satisfecho, un deseo que, en su estructura interior, presenta tanto las necesidades físicas de placer como también las mentales de atracción y de conocimiento de las técnicas (se hace mal el amor, en otras palabras, si no sabemos usar los cuerpos, lo cual implica un conocimiento profundo que solo se obtiene con el estudio práctico). Sin embargo, el sexo no es solo un momento de goce, de deleite, sino que, sobre todo en lo que a nuestra cultura histórica se refiere, abre paso a una serie de consideraciones horribles: el sexo sería, de hecho, un elemento de transmisión de enfermedades, las cuales, desde el SIDA hasta la gonorrea, llevan a que el paciente pueda tranquilamente dejar de respirar y morir entre atroces sufrimientos.

La protagonista de Rabid, una mujer casi anónima interpretada por una fantástica Chambers (estrella pornográfica, demostración de que las trabajadoras sexuales son seres humanos como todos, a veces con habilidades superiores a las comunes), encarna este elemento de miedo a la sexualidad en cuanto vehículo de una enfermedad biológica. El anonimato en el que está sumergida funciona perfectamente en la arquitectura de la narración ya que la falta de detalles pone de manifiesto el juego de carácter metafórico del cuento fílmico; exactamente como en las piezas teatrales del medioevo los personajes se despojaban de sus particularidades personales para vestirse de unos detalles universales, así, en la película, asistimos a una representación en la que las unicidades de cada ser humano disminuyen hasta dejar paso a una estructura cuya tipología se basa en una simplicidad que se acerca a una desnudez caracterial. Son, los personajes, simples elementos cuya función es la de crear las oportunidades para que el cuento se desarrolle, sin que por esto la narración llegue a sufrir (todo lo contrario, sería correcto afirmar).

Si de metáfora hay que hablar, resulta fundamental analizar el concepto mismo de sexo que se desarrolla en el contexto narrativo. Lo que el director pone de relieve, efectivamente, es la condición de inestabilidad que se crea entre dos diferentes deseos: por un lado el amor, entendido aquí como modalidad de pensamiento que lleva a la formación del elemento nuclear llamado “pareja”, y por el otro la sexualidad entendida como voluntad biológica que sobrepasa nuestra misma capacidad de pensamiento y que nos empuja a poner en marcha determinadas acciones de las cuales, pasado el momento de goce, nos avergonzamos. El juego que se instaura entre las dos vertientes supone, entonces, que el público y la película pongan en marcha un diálogo en el cual se analicen las relaciones entre la voluntad de placer sexual completamente libre de cualquier tipo de necesidad sentimental, y la estructura psicológica que la presencia del elemento “pareja” subraya en relación a lo que llamamos “amor”. Sentimientos contra instintos, entonces, una lucha de carácter típicamente humano que se extiende hasta la distinción entre la estabilidad de la sociedad (amor, pareja) y su destrucción (sexo libre, sexo con cualquier persona).

El aspecto conservador de la película, de todas formas, es solo una forma superficial de la que se disfraza la narración. Si el concepto de pareja y de estabilidad supondría la necesidad de seguir las reglas típicas de nuestra sociedad, esto no ayuda a tener en consideración el aspecto de voluntad biológica, de urgencia que tiene la metáfora sexual en relación con la protagonista: ella no es mala porque quiere serlo, sino que todo se debe a una serie de elementos naturales que no le permiten liberarse de sus instintos. Más allá de los elementos metafóricos sobre el sexo, más importante sería el aspecto de “sexo seguro”, o sea que el problema no es la relación entre “penetración/penetrado” (con un cambio de carácter homosexual o, más bien, de femineidad en el caso de las víctimas masculinas) sino en la relación que se inserta en el juego de la protección, del uso de todos los elementos que permiten acceder al acto sin miedo a las enfermedades. La pareja, entonces, significaría el miedo a la apertura sexual, a la posibilidad de usar nuestro cuerpo según lo que nos dé las ganas, metáfora de un cambio en el concepto de sexo desde un mundo en el cual se intentaba tener más libertad hasta uno (el presente) en el cual los estragos del SIDA, por ejemplo, nos llevan a optar por tener relaciones sexuales solo en el interior (fuerza centrípeta) de nuestra pareja.

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Ficha técnica:

Rabid  / Rabia; Fobia, la ciudad bajo el terror ,  Canadá, EUA, 1977.

Dirección: David Cronenberg
Duración: 91 minutos
Guion: David Cronenberg
Producción: John Dunning, André Link, Ivan Reitman
Fotografía: René Verzier
Reparto: Marilyn Chambers, Frank Moore, Joe Silver, Howard Ryshpan

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