Críticas

Un espejo que nos mira a todos

Us

Otros títulos: Nosotros.

Us. Jordan Peele. EUA, 2019.

poster_us¿Aún es pronto para decirlo? Quizás, pero posiblemente estemos ante uno de esos directores con una impronta lo suficientemente original como para desmarcarse del arquetípico cine industrial aun estando dentro de la industria. Puede ser el caso del ya no tan novato Jordan Peele, del cual sigo su estela cinematográfica desde que dio luz a su interesante opera prima  Déjame salir (Get Out, 2017), y que si bien me pareció una obra contestaría e insólita en su totalidad, que dejó en mí un buen sabor de boca, encontraría mis más y mis menos en unos condescendientes minutos finales que aplacarían mi plena efusividad por el realizador estadounidense. Con su segundo largometraje, Us (Nosotros, 2019), llega la hora de averiguar qué nexos de conexión guardan sus cintas y si nos ofrecerá un discurso narrativo acerca de la moralidad individual, la ética social, la sociedad en sí misma y todo aquello que nos hace ser aparentemente civilizados. Para ser mas concisos: si Peele tiene un mapa de ruta propio o si resulta ser un groupie de Hollywood.

En este segundo largometraje conocemos a una típica familia americana, lo que el estado del bienestar considera como el punto más alto en la vida moderna; un matrimonio que se quiere, a pesar de discusiones superficiales, una casa y un coche dignos y dos hijos, cada uno del sexo opuesto para culminar con el auténtico sueño americano. El conflicto comienza cuando la mujer protagonista, Adelaide Wilson (Lupita Nyong´o), acepta bajo las forzosas y pesadas súplicas de su marido Gabe (Winston Duke) ir a pasar un fin de semana a una segunda residencia que tienen en la playa de Santa Cruz. ¿Pero por qué Adelaide se muestra inquieta y reticente frente a la idea de pasar un idílico fin de semana en familia? Jordan Pelee nos revela el secreto inconfesable de la protagonista en los minutos de apertura del filme (seguramente los mejores minutos filmados por el director en lo que lleva de carrera), en donde una niña (la protagonista en su infancia) pasea con sus padres de noche por una gran feria, al lado de la playa de Santa Cruz. En un momento de desafortunado despiste del padre y en ausencia de la madre, la niña camina sola entre las ruidosas atracciones, rodeada de luces, extravagantes colores y algún personaje misterioso. Sus inocentes pero incontenibles pasos le llevan a alejarse y a entrar en la arena de la playa, donde se encuentra con una recóndita atracción. Por lo que podemos leer en el luminoso cartel, algo así como: “DESCUBRE TU FUTURO”. Se trata de la típica barraca con aires enigmáticos, en donde susodichos adivinos pueden leerte el futuro a través de la palma de la mano o diagnosticar cómo irás de amores en los próximos diez años. En todo caso, la peculiar entrada llama la atención de la niña más que una manzana de caramelo, así que sin pensárselo demasiado se adentra en el oscuro umbral. Lo que debía de ser una habitación con una bruja y una bola de cristal, se convierte rápidamente en una habitación de espejos y, una vez dentro, Adelaide se pierde en la inmensidad de sus reflejos, ocasionando un fenómeno paranormal que trastocará su vida para siempre.

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La amenaza del filme aparece materializada una cálida noche (de vuelta al presente), cuando la familia Wilson, después de un extraño día en la playa de Santa Cruz, descubre que en el jardín hay cuatro sombras cogidas de la mano decididas a entrar en la casa. Lo más aterrador es que las cuatro siluetas son réplicas de ellos mismos. Y aquí, podríamos detectar el epicentro del enorme simbolismo que conjura todo el filme y que puede entenderse de varias formas. Si bien es cierto que no podemos considerar Us como una película cerrada, dada la variabilidad en sus interpretaciones, sí es cierto que hay indicaciones que impiden una conclusión errónea por parte del espectador. Cuando vemos luchar a vida o muerte a cada miembro de la familia contra sí mismo no estamos viendo otra cosa que lo que culturalmente llamamos en nuestra sociedad la lucha de clases. No es casualidad que en los primeros segundos del filme aparezca un anuncio en la tele sobre el “Hands Across America”, una cadena humana (cogidos de la mano) por Estados Unidos con el fin de recaudar fondos para los más necesitados. La campaña benéfica resultó ser un desastre y no se recaudó el dinero esperado por parte de los organizadores. El director culpa a las miserias del hombre y al capitalismo por apagar la empatía por el otro, dejando en ridículo el comportamiento humano, como cuando el padre intenta utilizar una barca sin necesidad y compara su tamaño con la del vecino. Es el punto de ridiculez más alto al que puede llegar alguien que lo tiene todo, lo que haya detrás o debajo de mí no tiene el más mínimo interés, para que yo pueda tener una barca, otros tienen que pasar hambre, o dicho al modo tradicional, para que unos estén arriba, otros deben estar debajo, y los que están debajo son las réplicas de ellos mismos que vienen a buscar lo que les pertenece. Así que el mensaje se amplía, y no solo va dirigido a una lucha de clases, sino a una lucha contra uno mismo, contra sus miserias y sus vergüenzas. Los “otros” aparecen como seres “zombificados” que viven en los subterráneos de la ciudad y se comportan alienadamente con los de arriba, como si de títeres se tratara. Van cogidos de la mano como la cadena humana de 1986 a la que pocos hicieron caso y van armados con unas tijeras para simbolizar la unión y la sangre.

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La simbología es rica y de vital importancia. Es preciso reconocerla para poder extraer las ideas subyacentes que nos transmite el director, ya que aparecen en forma de mechero, en un coche de juguete, un mensaje escrito en un cartón por un fanático religioso, cuatro sombras de la familia caminando por la arena de la playa, o una camiseta de Thriller, de Michael Jackson. Cuando el padre de “Adelaide niña” está en la feria, vemos cómo juega en una máquina, donde con un pequeño martillo tiene que golpear a los fantasmas que salen a la superficie para devolverlos a sus correspondientes agujeros. Es una simbología visual fantásticamente buscada para identificar al padre como alguien que no solo se opone a que los más necesitados reclamen lo suyo, sino que luchará con convicción para defender su posición y grado en la sociedad; una metáfora brillante.

El mensaje puede llegar a ser más profundo, casi ancestral. Dejando las jerarquías clasistas a un lado, podemos observar en otro detalle especialmente particular, cómo, en la barraca que la niña visita al comienzo, aparece el dibujo de un chamán, mientras que en la actualidad, cuando Adelaide vuelve a Santa Cruz con su familia años más tarde, la misma barraca se mantiene, pero en lugar de un chamán aparece pintado un mago. Esto podría tratarse de un recordatorio hacia los auténticos nativos americanos, y de cómo se les ha desterrado de la cultura popular para ser sustituidos por otra cultura más abierta para todos, pero menos consecuente y responsable con las verdaderas raíces americanas. Otro de los signos de gran interés son los conejos (conejillos de Indias) utilizados para experimentar en los laboratorios, al igual que se hace con los humanos en una sociedad cínica y vacía como la que plantea el director. Cuando “Adelaide niña” recorre los subterráneos en busca de respuestas, se encuentra con conejos deambulando por los pasillos. Una oscura recreación de lo que sería Alicia en el país de las Maravillas.

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Lamentablemente no solo tengo buenas palabras para Us. Si la simbología y sus significados me fascinan, la forma en la que se llevan ciertas acciones y la recreación del mal en sí mismo es un handicap negativo que disipan el horror y lo convierten en una cuesta arriba, bajo mi punto de vista, innecesaria. Hay una figura principal que resulta particularmente cargante, el padre. Si decimos que la mujer es la heroína en este filme, el padre queda relegado a un personaje segundón bobo y estúpido, que va a tres bromas por minuto y que se carga por completo los clímax de tensión que se crea en las escenas de terror. Lo que Peele consiguió en Get Out, que era un equilibrio perfecto entre comedia y terror, aquí resbala y se da de narices contra el suelo, agarrándose a la balanza del terror y subiendo la comedia a niveles casi incomprensibles que incluso, en alguna ocasión, rozan el ridículo, no por la chorrada que hay escrita en el diálogo, sino porque suena completamente a destiempo y descolocado. La peor parte se lo lleva lo que en teoría es lo que más terror debería causarnos; la amenaza. No consigo sentir terror ante la amenaza que me propone el realizador. Simbólicamente, me horroriza, pero físicamente me resulta estéril y pobre, como esa película de detectives en la que ya intuyes quién es el malo desde el inicio o, peor aún, como si Michael Myers fuera por ahí asesinando sin su máscara. Esa parte visual del mal tan importante, que es lo que hace que los protagonistas lloren, griten y corran, cae rápidamente en lo banal, pues nunca llega a haber una sensación de que la familia corra verdadero peligro.

Pese a todo, la madurez del director, en cuanto a realización, es indiscutible. Jordan Peele vuelve a conjurarse con los que ya son elementos clave para detectar su cine: terror, reminiscencias en el cine de serie B y crítica social. Una poderosa y santa trinidad que en sus manos resulta atrayente y diferencial dentro de un género muy anclado en los clichés y el susto de manual.

 

Ficha técnica:

Us  / Nosotros (Us),  EUA, 2019.

Dirección: Jordan Peele
Duración: 120 min. minutos
Guion: Jordan Peele
Producción: Blumhouse Productions / Universal Pictures / Monkeypaw Productions / QC Entertainment. Distribuida por Universal International Pictures (UI)
Fotografía: Mike Gioulakis
Música: Michael Abels
Reparto: Lupita Nyong'o, Winston Duke, Elisabeth Moss, Tim Heidecker, Yahya Abdul-Mateen II, Anna Diop

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