Investigamos 

Saving Mr Banks. Disney lo hizo de nuevo

¿Dónde está su verdad?
¿Dónde está su realidad?
No weight, Mr. Disney. You see?

– P.S. Travers, Saving Mr. Banks (2013)

Saving Mr. Banks: P. S. Travers

A primera vista, o en ficha técnica, Saving Mr. Banks (2013) es una biopic de Pamela S. Travers, que trata de explicarnos, desde un rasgo sentimental y oculto de su vida, lo complicada que fue la realización de Mary Poppins (1964), a causa de su misma autora. Sin embargo, me parece que antes de adentrarnos y encantarnos con el film, deberíamos tomarlo con pinzas y considerarlo como lo que, en gran parte, es: una enunciación de la enunciación enunciada. Pues, tal cual un juego de muñecas rusas, guarda en el interior mismo de la película a la Mary Poppins original; en segunda capa, la diégesis (su realización), y por último, al film en sí. Por ello, la tarea que propongo es que no olvidemos nunca que también la enunciación de una enunciación enunciada posee un enunciador. Sí, Supercalifragilisticoexpialidoso. Pues esta es la única forma de que parte fundamental del análisis no se nos escape.

Para el caso podríamos tomar de enunciador al director John Lee Hancock, teniendo en cuenta que la misma afirmación cobra sentido desde el momento en que hablamos de una biopic. Con Un sueño posible (2009), Hambre de poder (2016), Emboscada final (2019) y principalmente El Novato (2018) y El Alamo (2004), ya tenemos indicios de su interés por las biografías y del tono con que las enuncia. Sin embargo, no dejaría de considerar a la enunciación provenir de una voz fundamental: la que corresponde a la productora de Walt Disney Pictures. Sabemos que Lee ya había trabajado con ella y solo podemos suponer la satisfacción que generó su desempeño, por el recontrato que le dieron para esta ocasión tan especial. Pues la película no solo habla de la vida de Mrs. Travers, sino de un fragmento específico de ella, que otorga a Lee un compromiso mayor a los anteriormente asumidos.

A lo que me refiero es a que esta película retrata al mismísimo Walt —interpretado estratégicamente por Tom Hanks— como también a parte de su equipo. Entonces, tenemos a Lee, contratado por Disney, para hablar de Disney. No sabemos cuánta licencia creativa se le habrá otorgado, pero no me sorprendería que haya sido la misma —y la mínima— que otorgó P. S. Travers a la productora, cuando fiscalizó todo el proceso de realización de su Poppins. Más que en ninguna otra ocasión, este film tuvo una imagen que cuidar. Se enfocó en retratar un fuerte vínculo de la escritora con su padre para, más tarde, dejarnos saber que la película fue dedicada a la única hija biológica, Diane Disney Miller, quien falleció a solo un mes del estreno. Padres e hijas (Travers y Disney) actuaron de motor para toda esta producción y fueron conmemorados luego en el cine, aunque (y, sobre todo, porque) ya ninguno podía estar allí presente. Hablo en serio cuando me refiero a un gran compromiso.

Saving Mr. Barks: fotograma padre e hija

Ahora, adentrándonos a la historia, podemos destacar que la diégesis comprende dos líneas de tiempo: una que corresponde a la infancia de la autora y otra que nos deja ver el proceso de preproducción hasta el estreno de la película. La segunda y más actual, además de ser anecdótica y retratar a una mujer con agallas, es la que plantea las preguntas. Y la primera, la más importante, la que provee los porqués. El argumento general de la película es, entonces, que parte de la vida de la autora, específicamente su infancia, fue motor de la creación del personaje tan icónico de Mary Poppins, como la razón de ser de su propia personalidad.

El presente de la diégesis inicia en el momento en que la autora queda sin un solo penny; cuando, por insistencia de su representante, debe aceptar ir a Los Ángeles y considerar la realización de su obra por Walt Disney —quien hace 20 años la llama incansablemente para obtener los derechos—. Resulta que Mary Poppins es el libro favorito de su hija Diane y, algún día, ella debería verlo en pantalla, como promesa de su papá. Entonces, además del padre que todos queremos, ¿qué tenemos con eso? un hincapié en la relación padre e hija que se repite en ambas líneas de la película. Pues simultáneamente, los flashbacks nos llevan a los recuerdos de infancia , para hablarnos de un padre distinto. Como toda niña, lo había puesto en un pedestal. Y como todo lo que se pone muy alto, termina por quebrarse al caer; dejando un daño que, incluso 55 años más tarde, todavía se manifestaba; ella nunca dejó de quererlo (ni de sufrir) a causa de esto.

Ahora, ambas temporalidades se encuentran entrelazadas y justificando la una a la otra. Mrs. Través es una mujer con carácter y determinación. Sabe que no quiere ceder sus derechos, por un lado, pero, por otro, que necesita hacerlo. Entonces, por un problema que es realmente interno, genera bloqueos constantes a la producción. Supervisa la lectura y ordena correcciones del guion, rechaza casi todas las propuestas de Arte, pide que eliminen las canciones creadas, porque dos de sus condiciones más importantes se resumen en la advertencia de que Mary Poppins no canta, no baila, y mucho menos es «otra de las tontas películas animadas de Walt Disney».

Lo sospechoso es por qué alguien con tanto poder como Disney soporta tales limitaciones. Y la respuesta es que la cesión de derechos, este todavía no la posee. Por ende, todo el equipo de producción debe mantener el mejor rostro con ella; aunque no por eso deje de notarse un leve juego de poder, en el que la autora no piensa ceder la cima. Además de los requisitos citados, añade otros donde se niega a aceptar la interpretación de Dick Van Dyke, cambia el nombre de la protagonista, prohíbe que se insinúe algo entre Bert y Poppins. Y solicita saber por qué Mr. Banks debería tener el bigote que ella desaprueba.

WALT:
Eso lo pedí yo.

ASISTENTE:
Sí, eso le dijimos. Pero ella insiste en saber por qué.

WALT:
PORQUE ESO LO PEDÍ YO.

Tan difícil como es para Travers ceder sus derechos, lo es para Walt compartir su poder. La evidencia la tenemos en el mismo momento de solicitud de cambios, cuando la autora llega al colmo de pedir la ausencia del color rojo en la película. De repente me volví anti-roja, es todo lo que justifica. Y aunque, por un momento, este pedido hace tambalear absolutamente todo alrededor, la petición termina siendo cumplida; Walt ordena que se elimine el rojo de la paleta. Sin embargo, de una vez por todas, vayamos a la razón real —la que es insinuada por medio de flashbacks—. Sí, Mrs. Travers es quisquillosa, perfeccionista… pero no es el rojo su verdadero problema. Sí es el hecho de que Mary Poppins es el único personaje que nunca la decepcionó. El que ella tuvo que inventarse para escapar de la realidad que la rodeaba. Por eso es tan difícil entregarla.

Saving Mr. Banks: Pamela y Walt

De todos modos, recordemos que estamos hablando de Disney. Y esto casi implica un género aparte, o por lo menos un sello que se deja notar tanto en la realización como en el retrato de la película realizándose. Preguntémonos, entonces, cómo logra el equipo convencer o al menos calmar a Mrs. Travers durante el proceso. Cuál es el momento en que ella —mujer de tal compostura— pierde realmente sus cabales, o en qué evento afloja, como en ningún otro, haciendo lo que su adorada Mary Poppins nunca haría (según sus propias palabras). La respuesta a todo es la música. Let’s go fly a kite es suficiente motivo para convencer a cualquiera, incluso si se trata de Mrs. Travers, quien en principio se negó al musical, pero terminó bailándola y cantándola en las pruebas.

Lo mismo ocurre al nivel de la película en sí. La música juega un papel muy importante en el tratamiento, porque es la que más fácilmente logra conmovernos. Wind from the east, por ejemplo, escrita en tonalidad menor, resulta tan melancólica ambientando las nubes filmadas desde el cielo, que no podemos evitar relacionarlas al lugar del cual baja la auténtica Mary Poppins de Disney. Ya a un nivel audiovisual, empiezan a escarbar en nuestros recuerdos e inevitablemente logran provocar un sentimiento nostálgico que se vuelve característico en la totalidad del film. Ni qué decir cuando escuchamos los temas que cantábamos. La combinación de música y memoria es muy poderosa en ese sentido. A quienes tenemos internalizado el repertorio completo de Disney, se nos involucra de esa manera. Y a quienes (todavía) no, pues entonces este es el comienzo.

La cuestión es que al final del film, Travers termina cediendo los derechos, tras unas hermosas pero evidentes líneas donde Walt utiliza todo su don de persuasión para convencerla, volviendo al film una extensión de su propia biopic. Luego la diégesis avanza y nos ubica ya en 1964, cuando ocurre el estreno; evento al cual no invitan a Travers, pero al que, por supuesto, ella asiste igual. Entonces la vemos viendo su obra en la pantalla. Y, ¿qué pasa? Nada que no hayamos podido prever. Travers termina llorando porque Bert se insinúa a Poppins, hay escenas animadas, hay rojo, está Van Dyke y la protagoniza. Parte de sus peticiones no se habían cumplido, pues claro, Mary Poppins ya no era solamente suya. Y siendo ahora una película de Disney, ninguna de estas elecciones es realmente reprochable; es su marca, es su estilo; aunque Travers se amargue por ello.

Sin embargo, analicemos cómo afronta esta película la reacción pública de su protagonista a través del montaje. Tratando de justificar la famosa anécdota del llanto de la autora, la edición junta las imágenes de la película en estreno con los flashbacks de su infancia. Como si la autora haya quebrado en llanto solo por haberse reflejado en la gran pantalla. Como si el llanto hubiera sido solo por la emoción que luego trató de ocultar por el resto de su vida, diciendo y repitiendo que nunca más permitiría a Disney adaptar una obra suya (este último dato no nos provee la película, solo podemos enterarnos después).

La idea, cierto sentido tiene; probablemente el orgullo de Travers la llevó a camuflarse eternamente en esa negación. Sin embargo, ¿de qué podríamos agarrarnos para decir que logró conmoverla? Si la película nos retrata su minucioso carácter perfeccionista, nos deja escucharla repudiar a Van Dyke y, más tarde, también nos revela que el personaje de su libro, Mr. Banks, se encuentra basado en el ser que ella más adoró en el mundo; su padre. ¿Cómo podríamos creer que le conmovió ver a este actor interpretarlo? Tiene mucho más sentido su desilusión. Pero si toda justificación se encuentra en que la película no era suya, lo que todavía no sé si se justifica es la realización de Saving Mr Banks en sí. Porque, de nuevo, tenemos un personaje retratado por Disney. Esta vez ya no Poppins, sino su creadora; quien, después de dos horas de biopic, sabemos muy bien, hubiera repudiado terriblemente toda la exposición de su vida, en estos tonos y con esta romantización.

Sí es cierto que la película no solo busca comprenderla, también enaltece su imagen. Es una mujer con poder, a quien ni el dinero ni la fama la compraron nunca (termina en Disney por necesidad, no por avaricia). Fijémonos, especialmente, en qué época se puso al frente y no permitió que ninguno de los cuatro hombres trabajando a su alrededor le dijeran qué hacer con su obra. Incluso si uno estos era el mismísimo Walt Disney. Sin embargo, resulta que es la misma película la que nos revela que ella, en vida, nunca la hubiera aceptado. ¿No lo pensó siquiera el guionista?

Por un lado, tenemos una obra muy bonita, es cierto. Pero del tipo que Travers odiaría. Tal como ocurrió con su mismísima Mary Poppins. Y por ambos casos, habría que admitir, Disney lo hizo de nuevo.

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