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Baldío. La doble jornada de una madre en el mundo del cine

El arte es una mentira que nos permite descubrir las verdades universales de la humanidad. Entre todas las disciplinas artísticas, el cine es la máquina capaz de diseñar la mentira más perfecta. El cine crea ilusiones, mundos paralelos en los que todo es posible, que los espectadores aceptamos en un pacto previamente establecido para saciar nuestras ansias de soñar. Sin embargo, la creación de una película es el resultado de un entramado industrial extremadamente complejo. Un proceso que muchos cineastas han querido mostrar en sus películas y que a los espectadores nos causa, cuanto menos, curiosidad al conocer los trucos que hay detrás de la magia del cine.

El maestro Charles Chaplin fue uno de los primeros en realizar este ejercicio metafílmico en su cortometraje Charlot, tramoyista de cine (1916). Desde entonces, numerosos directores como Billy Wilder, Gene Kelly y Stanley Donen, François Truffaut o Luchino Visconti han llevado al cine la batalla que muchas veces se libra detrás de las cámaras. En este sentido, resulta muy interesante la propuesta que la directora Inés de Oliveira Cézar y la actriz Mónica Galán llevaron a cabo en Baldío (2019), ya que aborda el proceso de producción cinematográfica desde una mirada femenina, tratando, además, la cuestión de la maternidad.

Cartel de BaldíoInspirada en hechos reales, parece ser de un caso cercano a la directora y la protagonista, el film narra las vicisitudes a las que se enfrenta Brisa (Mónica Galán), una actriz muy reconocida pero que se encuentra en sus últimos días de gloria, durante la realización de una película. Al mismo tiempo que lidia con los problemas de producción, combate un drama familiar: la fuerte drogadicción de su hijo Hilario. Así, entre los rodajes, se dedica a buscar a su hijo por la ciudad, cuando este no llama devastado a la puerta de su casa, y a tratar de internarlo en un centro de rehabilitación. Brisa carga a sus espaldas todo el peso de la situación ya que su exmarido, el padre de Hilario, ha rehecho su vida con otra familia y da al hijo por perdido. Aunque todo esfuerzo parece baldío, el amor por su hijo no le hace perder la esperanza.

Es un acierto la historia se centre en Brisa, ya que, por lo general, los films de esta temática se abordan desde el punto de vista del que padece la adicción, sin mostrar con mucha profundidad el dolor de los familiares. La película tampoco pretende juzgar ni culpar a los padres o al hijo, desconocemos qué lo ha llevado a la situación en la que se encuentra. Inés, Mónica y Saula Benavente, coguionista con la directora, dedican la historia al drama interior de la madre que, lejos de toda espectacularidad, es un dolor silencioso. De alguna forma, esto supone un homenaje a todas las madres que han sufrido esta realidad.

Pero el drama no es solo la lucha contra la adicción de un ser querido, sino también la conciliación de esta con la vida laboral. Brisa afronta los problemas que conlleva la realización de una película, principalmente el estrés por terminarla dentro de lo planificado. En determinados momentos, debe de abandonar el set por atender a su hijo. También, en una de sus búsquedas por la calle, le roban del coche el vestuario para el rodaje. Esta división entre el trabajo y vida personal, más bien la vida de una madre, también la vemos en otros integrantes del equipo cuando la chica de maquillaje se lleva a su bebé al estudio.

Baldío - análisis

Resulta muy interesante cómo se nos muestra el proceso de la producción cinematográfica. Podemos observar la división especializada del trabajo: aparecen el director, la estrella (Brisa), actores de reparto, el ayudante de dirección, el director de producción, vestuario, maquillaje, etc. Además, se evidencia también la jerarquía entre los oficios, quedando retratada la situación de la mujer en la industria cinematográfica. Aquellos puestos que ejercen más autoridad frente al resto del equipo y que tienen más reconocimiento están reservados a los hombres, mientras que otros trabajos como vestuario y maquillaje son ejercidos por mujeres. Sin embargo, son estas las que tienen más comprensión con Brisa, la chica de maquillaje escucha y atiende sus problemas estableciendo una conexión con ella. En contraposición, los papeles masculinos, el director, el productor y el exmarido, son retratados con actitudes arrogantes y ególatras. Tal vez, como cineasta, Inés ha querido hacer una sutil reivindicación del papel de la mujer en el cine.

Baldío se expresa y narra inteligentemente, suponiendo un brillante ejemplo de adecuación de forma-contenido. La puesta en escena realista y los pocos movimientos de cámara, que recuerda al cine-realidad que defendía Bresson en relación con los neorrealistas italianos, nos permite contemplar sin perturbaciones los tormentos que sufre la madre protagonista. Muchos planos son cerrados manteniendo la intimidad del drama. La escena de los créditos iniciales, una sucesión de planos de objetos del rodaje (la peluca, la pistola, maletín con dinero, maniquís, etc.), sin apenas movimientos de cámara y con una agria melodía de piano de fondo, anticipa el carácter del film. Huye de efectismos o de una expresividad desenfrenada. No son necesarios, los hechos ya son suficiente dramáticos de por sí, siendo la prolongación de la duración de los planos uno de los pocos recursos que la directora emplea para intensificar los sucesos.

Baldío - comentario

Es por esta razón también que se filma en blanco y negro. Para Inés “la decisión tiene que ver con que hay secuencias fuertes […] Entonces el riesgo del color es que esas situaciones funcionaran como golpes bajos. Y el centro de lo que queríamos contar iba a quedar desdibujado, se iban a devorar la película. Nos interesaba hablar del proceso, que es mucho más silencioso; del acompañamiento lleno de incertidumbres, de impotencia. Para eso que queríamos contar, el color se volvía un enemigo”. El uso del blanco y negro crea ese clima de sobriedad que deja todo el protagonismo a la historia y a la actuación de los personajes. De hecho, resalta las expresiones del rostro de Mónica cuando observa la decadencia de su hijo.

Pero además, el blanco y negro también es un guiño al cine negro, género al cual se acerca el film en determinadas ocasiones, sobre todo cuando Brisa actúa como femme fatal en el rodaje de la película. «A mí me encanta el film noir. También creo que en algunos puntos, esta historia, con estos personajes y temáticas de la marginalidad, rozan el género. Es como un juego con el cine […] El blanco y negro dialogaba muy bien con nuestro deseo”.

Cabe destacar las escenas que transcurren dentro del coche, las cuales se repiten varias veces en pantalla cada vez que Brisa va a buscar a su hijo. Suelen ser tomas largas, en los que vemos a la madre a través del retrovisor y los cristales que, empañados por la lluvia, dificultan la visión. A través de estos momentos, Inés expresa con gran delicadeza el estado de desasosiego mental que atraviesa la protagonista. Otro aspecto que llama la atención, es un interesante juego que se plantea entre realidad y ficción. Cuando Brisa se encuentra a las afueras del set hablando con la chica de vestuario sobre la baja de un actor, un ayudante de cámara está grabándolas. Ella se enoja y, mirando a cámara, pide que la apaguen. Entonces, la pantalla se funde a negro.

Baldío - fotograma

Toda esta atmósfera que la directora consigue dibujar, recibe la última pincelada gracias a la música. Compuesta por Gustavo Pormenarec, es una sencilla melodía de piano que suena de forma hiriente. Aparece en los momentos idóneos, funcionando como una especie de monólogo interior de Brisa. Sin duda, el momento más maravilloso es la escena final, cuando el equipo se encuentra celebrando el éxito del film. Su duración alcanza uno de los momentos de máxima tensión. La protagonista sonríe y brinda con algunos de sus compañeros, mientras otros bailan. No obstante, la sonrisa es forzada y la melodía nos recuerda el dolor que le quema por dentro.

Baldío es un cine hecho por mujeres que retrata uno de sus principales problemas muchas veces ignorado por la sociedad: la doble jornada que supone ser madre y trabajadora. Envuelto en un contexto de producción, también supone una reflexión sobre el propio cine. Durante el rodaje, Mónica se encontraba luchando contra un cáncer, así que la película ha sido una despedida por su parte y su estreno fue un homenaje hacia ella. Lamentablemente, no alcanzó a ver su película en las salas de cine, aunque la propia Inés confesó que puedo ver un primer corte de la película en una pantalla grande: “fue muy importante porque se fue feliz”.

Trailer:

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