Críticas

Un cuento de niños

Pollo con ciruelas

Poulet aux prunes. Vincent Paronnaud y Marjane Satrapi. Francia, 2011.

Yeki bud, yeki nabud.
Había alguien, no había nadie. Así es como comienzan los cuentos persas.
Yeki bud, yeki nabud.

Luego de la famosa y exitosa Persépolis (Persepolis, Francia, 2007), Marjane Satrapi y Vincent Paronnaud logran con su film Pollo con ciruelas compartir otra triste historia del pueblo iraní. Menos comprometida políticamente que la anterior, pero no menos intimista, nos narra la vida de Nasser-Ali Khan, un violinista muy virtuoso que decide morir.

Los títulos iniciales están basados en animaciones similares a las de Persépolis realizadas por Marjane Satrapi. En el resto de la película existen también  diversas escenas animadas, pero lo más bello es cuando las escenas con actores reales logran parecerse a las animaciones. A través de los colores, la iluminación y los decorados, Satrapi y Paronnaud logran trasladarnos a una atmósfera completa de un cuento de hadas.

El argumento también tiene estructura de cuento, tiene un narrador omnisciente que no se identifica con ninguno de los personajes. El eje es la vida de Nasser-Ali, desde su infancia hasta su muerte, relatada de forma circular. Aparecen también otros personajes interesantes y particulares, como su hermano Abdi, su madre Parvine, su esposa Faringuisse, su hija Lili, su hijo Cyrus, el mismo demonio Azraël y el amor de su vida, Irâne.

Si Persépolis era el cuento de Marjane, Pollo con ciruelas es el de Nasser-Ali, pero con la diferencia que se incluye también la vida de los otros personajes. La genialidad de este racimo de relatos es el poder mostrar los mismos hechos, pero vistos a través de los ojos de distintos protagonistas. El guion resulta inteligente, entretenido y nos deja pensando cuantas veces debemos ponernos en el lugar de los otros al juzgar los hechos de nuestras vidas.

Para ilustrar una de las tantas cosas agradables de la vida, se utiliza un pequeño guiño de homenaje al cine italiano de los años cincuenta. Las divas como Sofía Loren reconfortaban y hacían soñar a los hombres de la época.

Aunque la referencia al título lleva sólo algunos minutos de película, nos recuerda cómo el placer por la comida incrementa las ganas de vivir. La preparación del plato favorito del protagonista es un intento de trasmitirle nuevamente pasión por la vida. El cigarrillo también está muy presente, pero no tanto como placentero sino como elemento infaltable de las personas que quieren morir.

Con algunas similitudes a Amélie (Le fabuleux destin d’Amélie Poulain, Jean-Pierre Jeunet, Francia, 2001), en la trama se mezclan aspectos fantasiosos con lo cotidiano. Por ejemplo uno de los más lindos: los personajes que se quieren morir no logran su cometido mientras alguien esté rezando por ellos. El recuerdo de Amélie también viene al ver dos personajes representados por Jamel Debbouze: el inolvidable ayudante de verdulero Lucien.

Otro hecho fantasioso e inexplicable es la nube de humo posada sobre la tumba de la madre de Nasser-Ali, que sale por la ventana y recorre el jardín en el momento de la muerte. Estas imágenes logran ser tan bellas que nos quedan grabadas en la memoria, pasando a ser parte del universo de imágenes selectas que guardamos por siempre como recuerdo del cine que vemos.

Nasser-Ali es un artista desde temprana edad, y como tal, un ser incomprendido por la sociedad. Su hermano Abdi, en cambio, es el alumno y el hijo ejemplar. En una escena muy bien lograda, que por su exageración resulta cómica e incómoda a la vez, se realiza una crítica a la educación tradicional. Se muestra cómo los maestros de antes humillaban sin dar oportunidades de desarrollo a los niños más creativos.

Al relatar el destino de la vida del hijo de Nasser-Ali, Cyrus, se denuncia a la sociedad norteamericana. Los jóvenes son tan sedentarios y obesos que la nieta de Nasser-Ali da a luz un saludable niño sin que nadie de su familia haya notado el embarazo.

Que el protagonista sea el mejor violinista de su tiempo, es una excusa perfecta para que la música en el film nos llegue al corazón. De la misma forma que su música emociona a los otros personajes, una lágrima se nos puede escapar en las escenas más tristes de la historia.

La elección del elenco acompaña de forma excelente la personalidad de cada uno de los personajes. La belleza particular y posible de ocultar de Maria de Medeiros es necesaria para interpretar a la esposa Faranguise. El carácter de Isabella Rossellini es ideal para el de una madre que decide aspectos fundamentales de la vida de sus hijos. Los ojos de Mathieu Amalric (La cuestión humana, La question humaine, Nicolas Klotz, Francia, 2007), quien interpreta al violinista, nos muestran el dolor y la pasión sólo como las puede vivir un artista. La musa de Satrapi, Chiara Mastroianni, interpreta a la hija de Nasser-Ali. Sin ser un personaje principal, es uno muy importante en la historia.

A pesar que se ha tratado muchas veces en el cine, Pollo con ciruelas nos demuestra que la figura del artista atravesado por el dolor y la melancolía, no es un tema agotado en el cine. La idea principal es cómo el arte muere cuando desaparece esa melancolía en el artista.

Pese a todos los tópicos que se desprenden, en esencia Pollo con ciruelas es una hermosa y triste historia de amor. Tiene también muchos trazos del estilo particular que los dos directores mostraron tan exitosamente en Persépolis. Si por cualquiera de estos aspectos el lector demuestra una inclinación, pido por favor que le dé una oportunidad.

Ficha técnica:

Pollo con ciruelas (Poulet aux prunes),  Francia, 2011.

Dirección: Vincent Paronnaud y Marjane Satrapi
Guion: Vincent Paronnaud y Marjane Satrapi
Producción: Hengameh Panahi
Fotografía: Christophe Beaucarne
Música: Olivier Bernet
Reparto: Mathieu Amalric, Maria de Medeiros, Golshifteh Farahani, Eric Caravaca, Chiara Mastroianni, Jamel Debbouze e Isabella Rossellini

2 opiniones en “Pollo con ciruelas”

  1. He tenido ocasión de ver esta magnífica película y creo que hay un factor muy importante que se escapa a esta crítica. Toda la historia y todos los personajes reflejan absolutamente la sociedad iraní. Una sociedad tan rica en cultura y profundidad que nos es vedada por razones políticas. Quien haya tenido oportunidad de ver los filmes de Kiarostami o de Farjhadi, va a darse cuenta inmediatamente que la belleza que impregna al film viene de esta cultura milenaria y de su profundización en las conductas humanas. No hay absolutamente ningún detalle en la película que no tenga algún sentido para la historia o para hacer feliz al alma. Altamente recomendable.

    1. Gracias por tu comentario, es interesante el reflejo de la sociedad que viste en los personajes. Coincido también que la belleza y la profundización en las conductas humanas son constantes del cine iraní.

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