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Inland Empire. La sanación universal de las mujeres

Es difícil concebir un mejor punto de partida para reflexionar acerca de una película de David Lynch, que no sea justamente señalando que es éste polémico y polifacético cineasta quien ha ideado la obra. Es por demás sabido que en su cine y en su pensamiento en general, las capas temporales y las dimensiones mentales no tienen fronteras, y que el camino mas corto entre dos puntos nunca es una línea recta. En el caso de Inland Empire (2006), nada mejor que recordar esto, antes de sumergirse en la dialéctica de una narrativa no lineal para presentar a una protagonista que no es una mujer, sino todas las mujeres.

Fotograma de Inland Empire

Inland Empire, es una de las películas mas feministas dentro del catálogo del autor, y esto en el mejor sentido de la palabra y en toda la amplitud de la expresión. La línea argumental conduce a través de su protagonista Laura Denn, la historia de una mujer o mas bien, de todas, en su camino interior para encontrar la salida hacia la liberación de sus propias ataduras. Aunque así descrito, éste argumento resulta por demás trillado y no pocas veces leído, esta película verdaderamente lleva a las mujeres hasta el rincón donde se aloja el mal, no solo describiendo el como llego allí, sino como sacarlo de ese lugar. No es solo el maltrato ni la explotación física o emocional, sino el conseguir creerse verdaderamente libres.

El guion es bastante simple, pero dentro de su simpleza permite secuencias explosivas que llevan a adentrarse hasta profundidades insospechadas. La actriz Nikki Grace recibe una excelente oferta de trabajo para protagonizar una película de la mano de Billy Side (Justin Theroux), un joven y atractivo actor. Con el correr del rodaje, Nikki descubre cierta atracción física hacia su compañero, lo que la lleva a adentrarse en su propia mente a través de la culpa. En el camino por desentrañar ese sentimiento, recorre cada uno de los momentos clave en su vida que la llevó a construir la imagen de si misma que ahora se personifica como culpa. Así no solo encuentra innumerables puntos de frustración y transgresión, sino que, además, esos mismos sentimientos y momentos, la van empatizando con otras mujeres, que en otras circunstancias padecen exactamente la misma frustración.

Esta película no muestra una serie de acontecimientos o de hechos en la vida de la actriz, así como tampoco de las otras mujeres; narra el camino entre los recovecos de la mente de cada una de ellas y las trampas que acechan en cada obscuro rincón y que ellas mismas han puesto a través de sus vidas. La película en general es una obra transpersonal y atemporal que engloba experiencias de muchas mujeres en una sola línea narrativa. David Lynch se esfuerza bastante en alejarse de la linealidad narrativa, pues la mente no funciona de manera lineal; la protagonista reflexiona y regresa los mimos eventos una y otra vez, pero desde ópticas diferentes y con experiencias distintas. Así lo hacen también sus compañeras de camino, las otras mujeres. Hay lugares en concreto que marcan entrecruzamientos emocionales y espirituales, y que son los lugares de gran significado, tales como la recámara de las dos lámparas, este significativo espacio donde ocurre el evento detonante, la primera experiencia sexual de Nikki con Billy. En su exploración mental, la actriz regresa a esta habitación a través de múltiples corredores diferentes, a veces a oscuras, a veces iluminada, pero siempre significativa.

Inland Empire - Laura Dern

Laura Denn ofrece una actuación más allá de la interpretación, es mágico ver como abre un canal de expresión como embajadora del mensaje a cada mujer que se interna en si misma para sanarse. Es por demás reveladora su distancia hacia el problema, que inicia como una barrera casi infranqueable, donde Nikki es privilegiada y protegida por un aura inventada que poco a poco se revela inexistente, y que progresivamente se va acortando hasta empatizar por completo con las demás mujeres. En ojos de ella vemos el desencanto del enamoramiento, la valentía de enfrentar la tentación de la infidelidad, y la determinación del cambio en su rostro como asesina. Ella es todas las facetas y todas las edades de una mujer que emerge desde la ignorante sumisión, hasta la liberación.

En este filme, el gran Lynch muestra su genialidad para una revelar una película multidimensional y que transcurre entre capas, presentando una obra de metacine cada vez mas profundo. La chica sin rostro que observa en la televisión la historia de los conejos, que llevan al relato de la actriz, y que dentro de su actuación a veces juega el rol de Sue en la realidad, a veces en la película es ella misma, a veces se da cuenta de que nada es realidad y de que todo es una actuación, a veces se da cuenta de que todo es real y de que todos actúan. Lynch se vale de esta disolución de fronteras para proponer una universalidad en el verdadero espíritu de la mujer, no importa si es una afamada actriz, o una prostituta, todas tienen pérdidas, todas tienen culpas y todas han de recorrer con Nikki ese camino a la libertad. Las secuencias de los conejos son vinculantes, cohesionan estas dimensiones y ofrecen una visión neutra, ellos son observados por un público tácito, no visible que cómodamente disfruta del espectáculo sin involucrarse, como las prostitutas que se ven Esto da pie a despertar la empatía de aquellas que sufren y que observan a otras que sufren también.

Aunque mucho se dijo acerca de la ausencia de guion para esta película, es evidente que sí hay un guion, y uno tan fuerte que se sostiene ante los embates de los caprichos de un director peleado con la austeridad intelectual. Si bien es difícil estructurar una secuenciación de eventos, si es posible identificar eventos detonantes de acontecimientos audio visuales que propulsen a las protagonistas a seguir su camino. Justamente ese camino es el que describe el guion, un camino hasta lo más profundo, como la obscura oficina del personaje de lentes con quien relata su historia, para luego emerger hasta la superficie trayendo consigo a todas aquellas que pudo. En una de las últimas secuencias, cuando Sue muere en la calle tendida al lado de las indigentes, al dictar el corte del plano, las chicas a su lado se levantan liberadas por su muerte, mientras ella sigue tendida y camina abstraída hasta la puerta que la llevará a la suya.

El cine de Lynch es sin lugar a duda un reto. No solo por la necesidad de recolección para poder seguir el mensaje, sino por la dificultad para asimilar una estética en pantalla que se aleja de academicismos. Para Lynch la belleza de la imagen recae en como la experimenta el espectador. En Inland empire, el cineasta se vale de múltiples recursos para crear atmósferas de las diferentes dimensiones mentales- espirituales. Con una cámara portátil y casera puede crear una atmósfera austera y pedregosa, tan imperfecta como los recuerdos de la juventud temprana, mientras que en otros planos abundan las sombras que desdibujan los rostros o los limites del cuadro. La iluminación no es una prioridad evidente en esta película, los rostros y los lugares se manifiestan más por su presencia experiencial que por lo evidente de su imagen, así, a veces ocurre que los rostros se pierden en tanta luz, mientras que otras veces solo asumimos presencias entre la penumbra. Finalmente, Lynch asume que las pistas que nos va entregando en pantalla son suficientes para reconstruir en el ideario del espectador un cuadro afectivo claro.

Inland empire - David Lynch

La cámara juga un papel fundamental en la película, alternan los primerísimos planos con los planos subjetivos para llevar al espectador desde una posición de observador-juez, a una de protagonista-víctima. Los encuadres deliberadamente torpes, nos llevan a la menta del que recuerda, del que revive el acontecimiento, y así las diferentes soluciones a diferentes hechos. Así como el juego del foco en cuadro parece luchar siempre con la estética, nuestra concentración en la historia lucha contra esa constante y latente pérdida de foco, nos invita a mantenernos en alerta y asidos de lo que mejor podamos, y en general, lo que mejor nos asegura a la historia es la enorme Laura Denn, siempre firme y alerta, tal como la retrata la cámara de Lynch. Hay pistas y puntos de ensamblaje de los planos y las dimensiones, objetos determinados a dar coherencia a la obra en general nos son mostrados en planos detalle, para resaltar su importancia, para luego verlos una y otra vez en la historia, como si migrara de un plano mental a otro, o quizás por la relevancia como objeto de concentración.

Finalmente, el montaje de la obra, así también, apresurado y atropellado, no solo sumerge en los recuerdos y en los pensamientos, sino que deja espacio para el sobresalto en el proceso de reflexión en el espectador, no es posible entrar en un área de confort, no es posible solo sentarse a disfrutar la película, Lynch nos saca de esa zona súbitamente para llevarnos a través de la seda quemada a otra habitación o quizás al pasado o a un futuro mejor. No es un descuido de la postproducción, es una emulación de ese momento en el que soñamos despiertos que somos algo mejor y en eso suena el teléfono.

INLAND EMPIRE, así con mayúsculas, tal como la presenta David Lynch, es una muestra de un cine que busca expresar un importante mensaje a través de una narrativa que evoca a los místicos trascendentales. Aquellos que han estudiado la realidad como una ilusión propia de la mente humana, y que la afecta de manera transpersonal conectando a todos los seres, aquella realidad individual que no se atañe al tiempo ni a las limitaciones físicas, y que también es capaz de auto-modificarse con solo el ejercicio de recolección y reflexión. El mensaje tan importante que nos entrega Lynch en manos de su embajadora Laura Denn, es simplemente la posibilidad para cada una de las mujeres, de sobreponerse y sanar no solo las heridas, sino la culpa, todo ejercitando ese ejercicio de introspección que las lleve a la recolección y reflexión y así a la reconstrucción del pasado y del presente. Lynch además se aventura a proponer una sanación colectiva de las mujeres, mediada por la empatía de aquellas que logren recorrer el oscuro camino de su propio espíritu y derrotar a sus propios enemigos internos.

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