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Hong Kong, ciudad de contrastes. De la pasión de Wong Kar Wai al crimen organizado de Johnnie To

El cine de Hong Kong

Escribir un texto sobre una región como Hong Kong sin haber pisado nunca sus calles podría llegar a ser una suerte de despropósito que rozaría lo absurdo de no ser porque mi intención inicial es transmitir cómo el cine que transcurre allí ha logrado transportarme a esa ciudad. Porque, más que centrarme en cómo es la urbe, en su configuración administrativa y sus dieciocho distritos, que posiblemente hayan aparecido en diversos films, o intentar discernir cómo su cine se ha podido ver influido por los cambios políticos tras haber sido colonia británica, me quedaré con el enfoque sobre cómo el cine tiene la capacidad de hacerte volar a una ciudad hasta tener casi la necesidad de montarte en el primer avión disponible para ir a visitarlo. Más allá de querer ver en primera persona esas imágenes que una cámara ha recogido mientras surcaba las escogidas localizaciones de la isla en el intento más básico de mostrar esos espacios que cualquier viajero podría identificar de forma inmediata, es la atracción por cumplir la experiencia en Hong Kong como una ilusión o un sueño donde me sumerjo en los ambientes donde los protagonistas de esas películas han vivido aventuras de diversa índole.

Muchas veces he soñado Hong Kong como un cúmulo de sensaciones e imágenes sugerentes que emanan sentimientos y un aura especial. Sin duda, es el cine de Wong Kar Wai del que se puede percibir en mayor medida la irradiación de evocaciones que, como un huracán, arrasa todo a su paso hasta sentir cierta nostalgia por un lugar que nunca he conocido. Su cine habla del amor, en pasado y presente, de la desbordante pasión que, después de agotada, acaba en el sufrimiento y el dolor causados por el desamor, y de la fugacidad de esos sentimientos que una vez vivimos con máxima intensidad y que creímos que nunca acabarían.

El Hong Kong de Wong Kar Wai es una ciudad casi invisible que, a veces, tan solo se puede palpar e intuir a través de sus interiores y de los personajes encuadrados muy de cerca, a ras de piel. Encuadres cerrados y no siempre cómodos que conforman imágenes que, en ocasiones, se narran fuera de cuadro. A veces un sonido en off proveniente de la habitación de al lado dice más que cualquier otra composición, por explícita que pueda llegar a ser. Su cine en raras ocasiones muestra, siempre sugiere. Es por eso que me resulta tan llamativa la idea de poder adentrarme en una ciudad a través de sus personajes, de cómo viven y cómo sienten, sin necesidad de vislumbrar los espacios que recorren, como si en cada uno de sus movimientos dejaran un retazo de los lugares por los que han pasado, donde han amado y donde han sufrido. Son espacios impregnados por lo que allí se vive, interiores de habitaciones de hoteles donde los amantes se encuentran como si no existiera otro marco y más allá de esa habitación nunca se viesen. Allí se conocen, se ilusionan, se aman y se intentan olvidar. Hong Kong está en sus conversaciones, en sus gestos, sus ilusiones e inquietudes. Como esa ficción novelada que escribe Chow Mo-wan, viviría mi viaje a Hong Kong buscando en cada rincón hasta dar con la habitación 2046, donde, por qué no, me reencontraría con esos lugares comunes que son los recuerdos que nos negamos a olvidar, de los que no queremos desprendernos, después de recorrer en tren una ciudad futurista y moderna, con vagones habitados por seres ensimismados en sus pensamientos, incapaces de volver a sus vidas cotidianas.

Pero a este respecto, Wong Kar Wai consigue la mayor de todas las paradojas, que es transmitir la esencia de una ciudad a través de sus personajes sin ni siquiera haber rodado la historia en dicha ciudad. Este es el caso de In the Mood for Love (2000), con la que nos trasladamos al Hong Kong de los años sesenta, o 2046 (2004).Pero, además de este contraste, es también sorprendente que una de las escenas más hipnóticas de toda su filmografía sea aquella rodada en las cataratas de Iguazú, en un viaje que la pareja protagonista realiza desde Hong Kong a Argentina. Sin duda, este es el exterior con mayor fuerza visual y atracción de toda su filmografía. Lo utiliza como excelente elemento para distender la tormentosa historia de amor que nos narra.

Algunos de los exteriores donde se encuentran sus personajes son callejones a media luz, donde tienen lugar encuentros furtivos y se cruzan miradas de soslayo en busca de un amor perdido. Pero si tuviera que elegir un espacio de entre todos los posibles, el lugar más recurrente dentro de la filmografía hongkonesa, serían los numerosos mercados con los que cuenta la ciudad. Los mercados son como el alma de la urbe, rincones convulsos, donde va y viene gente todo el tiempo y se concentra el auténtico latir de la sociedad hongkonesa. Desde el cine más de acción al más intimista, numerosas escenas se han rodado en esos mercados laberínticos, donde seguro será fácil perderse y por donde hemos visto persecuciones, carreras, peleas y encuentros de todo tipo. En Hong Kong, la variedad de mercados es indescriptible, desde el Ladies’ Market al mercado nocturno de Temple Street, todo parece dispuesto para no tener más remedio que entregarse al consumismo sin ningún tipo de cortapisas. En Chungking Express (1994), la acción está situada en el distrito Tsim Sha Tsui, de donde procede su director. El título de la película debe su nombre a Chungking Mansions, un gran edificio donde se puede encontrar el hospedaje más barato de toda la ciudad y una gran variedad de tiendas y restaurantes, siendo uno de los sitios más multiculturales de toda la ciudad. La segunda historia de amor de la película sitúa el encuentro entre Faye y el policía 663 en la tienda donde ella trabaja, localizada en la zona financiera Central (Lan Kwai Fong), un área con muchos bares y pubs donde los ejecutivos se divierten después de trabajar.

En As Tears Go By (1988), opera prima de Wong Kar Wai, el mercado de fruta Yau Ma Tei es un espacio importante. Con una historia de amor que encierra un hilo argumental en segundo término sobre las mafias chinas, esta área comercial está enclavada en una zona donde la prostitución, el crimen y el tráfico de drogas es algo habitual.

Pero no cabe duda de que el realizador por antonomasia que ofrece la mirada más oscura de Hong Kong es Johnnie To, cuya trayectoria, alejada del lirismo de su colega, es reconocida internacionalmente por su importante aportación al cine de género negro, cabeza del sello noir hongkonés. Su cine destila violencia, a veces asombrosamente contenida, y otras, burbujeante de hemoglobina. Él nos destapa las cloacas de Hong Kong para mostrarnos la trastienda de una ciudad, cuyos hilos son manejados por los diferentes grupos secretos de las mafias que habitan la isla. Las llamadas tríadas son organizaciones criminales que trafican con personas, falsificación de documentos, venta y distribución ilegal de productos, etc., con una organización pensada para que el sistema de inteligencia policial no pueda dar con ellos fácilmente.

Esta visión de la ciudad no es tan amable ni agradable y se articula como el contrapunto perfecto a la poética que es capaz de inspirar la ciudad, pero no cabe duda de que este escenario del entramado oculto que sustenta una economía clandestina, y ese lado canalla y criminal que lo acompaña, es también fuente de inspiración para la cinematografía de la ciudad. Johnnie To se adentra en el círculo criminal de Hong Kong y coloca la cámara en aquellos espacios donde tienen lugar los encuentros de los miembros de las tríadas. El recorrido que realiza es de lo más diverso, desde importantes restaurantes con más de cincuenta años de historia, donde los miembros se reúnen para tratar sus acuerdos con otros grupos, como en PTU (2003), muchos de ellos situados en la parte sur de Canton Road, una de las avenidas más largas de la ciudad, que cruza tres distritos diferentes. También aquí tiene lugar una importante escena de Infernal Affairs (Andrew Law, 2002) y es la ubicación de una de las comisarías de policía más antigua de la ciudad, Election (2005).

Los gángsters de Hong Kong rastrean la ciudad de arriba a abajo, lo controlan todo, desde el distrito central, el financiero, hasta los barrios más pobres, con edificios donde la población vive hacinada en pequeños apartamentos y resulta fácil escabullirse o esconderse, siendo este el terreno perfecto para los tiroteos producidos entre las diferentes bandas o entre los miembros de las tríadas y la policía. En Breaking News (2004), los edificios de la calle Man Wiu son testigo de unos de estos tiroteos, tan presentes en la filmografía de Johnnie To. Fiel reflejo de estas zonas de población más empobrecidas es Made in Hong Kong (Fruit Chan, 1997), película producida en el momento justo en que la isla volvía a pertenecer de nuevo a China.

A veces el skyline de la ciudad aparece como testigo en el horizonte, alejado de los tejados de estos edificios maltrechos donde tienen lugar los cara a cara tras una persecución sin escapatoria. Pero también es el telón de fondo cuando es necesario salir de los muros de hormigón a un apartado de la naturaleza donde pescar, mientras se entretejen tramas secundarias, o para poner fin y enterrar los asuntos más turbios.

Llaman la atención sus numerosos entornos naturales, a pesar de su enorme densidad de población. Cuenta con más de diez parques naturales, como el de Aberdeen o el Pok Fu Lam, jardines y parques urbanos, senderos, excelentes playas y humedales. Destacaría también ese bonito time lapse que incorpora Johnnie To en Life Without Principle (2011), con edificios de la zona financiera y la actividad que se observa en su interior.

Para acabar, me quedaría con una escena que rebosa alegría, extraída de la película de animación Cardcaptor Sakura (Morio Asaka, 1999), en la que la pequeña Sakura llega a Hong Kong en ferry, a través del delta del río Perla, con gran emoción. Mientras se acerca se pueden ver los cientos de rascacielos que caracterizan a la ciudad, repartidos principalmente desde Tsuen Wan hasta Yau Tong a lo largo de la Península de Kowloon. Enseguida se dejará llevar por la atmósfera que destila la ciudad, donde vivirá una gran aventura.

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