Críticas

Un retrato a los Merino

Fantasía

Fantasía. Aitor Merino. España, 2021.

Documental_Fantasía_poster Cuando asocio Fantasía (2021) a un retrato, me refiero al que es hecho por el hijo más pequeño de la casa, con el recorte y pliegue de fragmentos que mejor describen a su familia; un collage, una imagen, que con sus particularidades los representa y, sobre todo, los preserva. Un día, Aitor Merino agarró la cámara y decidió usarla desde su función más primitiva. Miró a su mamá, vio a su papá, y notó el paso del tiempo. Hizo cómplice a su hermana y empezó a filmarlo todo. Estuve pensando, cuando los veíamos hace un ratito, que nos acordaremos mucho de estos días -le dice a Amaia, detrás de cámara, mientras ella asiente, lagrimeando en frente. Entre esas líneas se encuentra aquello que mejor describe el único y verdadero objetivo de este film.

Fantasía es un pasar del tiempo en compañía, que se proyecta entre dos líneas temporales divididas en montaje como flashbacks y tiempo actual (diegético). El primero, construido de archivos grabados durante las vacaciones familiares (periodo ideal por excelencia) y el segundo, de escenas que muestran el cotidiano en la casa de los Merino. Los vemos en sus quehaceres, hobbies, escuchamos sus anécdotas, y como aproximación a la realidad, también conocemos sus enojos y frustraciones. Visitamos a la abuela, por ejemplo, pero también en cierto momento la despedimos. Todo esto, no como un evento crucial, sino como un transcurrir de la vida que en varios elementos nos remarca su pasar: el detalle de un reloj, el recuerdo de quienes no están más, las fotografías de la infancia, un bastón, un paladar.

De todos modos, aunque se nota el intento, sería más sencillo definir a Fantasía por lo que no es que por lo que sí; delinearla con una caracterización que la compara, pero solo por contraste, con otra obra. El recurso, por supuesto, no es más que conveniente y se basa en haber visto al documental exhibido junto a otro (que no vale la pena nombrar, pues no es el punto). Y aunque el ubicarse en una misma categoría revela el hecho de que, también, algo tienen en común -ambos pertenecen a un mismo género y año de realización, se proponen contar con imágenes y narrar en primera persona, se demuestran abiertamente subjetivas y poseen un gusto por la estética que se revela en el encuadre- de todos modos, me parece que difieren en un punto que para cualquier obra es fundamental: la pretensión de sus directores.

Este documental sin nombre utiliza imágenes que pretenden cierta espontaneidad: la cámara filma todo lo que llama su atención en el momento -como lo hace Aitor- y las ordena en montaje con un discurso superpuesto -como también ocurre en Fantasía-. Pero la diferencia crucial está en que la voz del documental anónimo no deja de evidenciarse estructurado. Todo discurso se estructura, claro, pero no por ello debería sonarnos acartonado, como sí ocurre en este que nos habla de la vida, la muerte y el pack completo de temas trascendentales. Sus reflexiones, como sus imágenes, aunque lo intentan, nada tienen de espontáneo -son perfectas- y, por ello, nada atrapan de la vida; más bien, la fuerzan, pretendiendo abordar temas “profundos” desde la misma complejidad. (Por favor, nótense y remárquense mis comillas). Fantasía, por su parte, no intenta ser más que una película casera, filmada con refinamiento estético, es cierto, pero desde el pasillo de su casa; hablando, desde lo simple y lo chiquito, de algo mucho más grande.

Documental Fantasia: fotograma 2

Esta es la razón por la cual Aitor se diferencia y logra hacer un retrato tan íntimo, filma lo que tiene cerca y no intenta evocar en nosotros nada más que un sentimiento que conoce (que conocemos). Nos permite entrar a su casa y nos muestra a su papá en calzones; mientras a su madre nos deja verla en toalla, saliendo de la ducha con pasos de baile. El ojo de la cámara, entonces, observa desde tan cerquita, y en espacios tan privados, que no podemos sino sentirnos próximos. Tal como ocurre con los pies chuecos de la madre, las manos torcidas de la abuela, el lenguaje corporal del padre (al discutir), el tono familiar de la hermana (en los mensajes de la contestadora)… además del resguardo, qué otra cosa podrían estar haciendo estos detalles, si no es remarcarnos que, en esa particularidad ordinaria se encuentra lo que vuelve al ser querido único para nosotros.

Por eso es que, desde este enfoque, me parece imposible interpretar de otra manera las líneas de la madre puestas hacia el final: Si yo estoy en el mundo y no los conozco, no quiero estar. Cuando ella lo dice, se refiere realmente a un tema que están conversando: la vejez y los miedos. Sin embargo, cuando lo escuchamos después de hora y media de convivencia con los Merino, luego de toda una entrega de las imágenes más preciadas que hará este director en toda su filmografía, es imposible no interpretar la frase como la que proviene de la sincera voz que emite el documental; es eso, en definitiva, lo que nos grita este film. Si yo estoy en el mundo y no los conozco, no quiero estar.

Estas líneas, pensadas nuevamente desde el retrato, pero ya desde el que cada uno considera familiar, despiertan un sentimiento en nosotros, que si no es la identificación inmediata de esta gente con la nuestra, es por lo menos el hondo y tajante deseo de que así lo fuera.

Tráiler

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Ficha técnica:

Fantasía (Fantasía),  España, 2021.

Dirección: Aitor Merino
Duración: 100 minutos
Guion: Ainhoa Andraka, Zuri Goikoetxea, Amaia Merino, Aitor Merino
Producción: Doxa Producciones
Fotografía: Aitor Merino

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