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¿Cómo se alimenta el mundo?

Food Inc

Que tu alimento sea tu única medicina y tu medicina, tu único alimento.
Hipócrates, Siglo V a.C.

 

En especial, en estos últimos diez años, hemos presenciado en todos los medios de comunicación discusiones sobre flagelos asociados con la alimentación. A veces se logra entender cómo algunos descubrimientos pueden afectar nuestras vidas, pero en otras ocasiones las implicancias no son claras. Quizás, como una forma de negación, hacemos caso omiso porque las fuentes de información no parecen serias o las investigaciones no están bien fundamentadas.

Los términos como “grasas saturadas”, “calorías vacías”, “OGM” (organismos genéticamente modificados), “BPA” (bisfenol A), “aspartamo”, “productos BIO”, etcétera, están instaurados y son parte de nuestra cotidianidad. Pero, en general, no se conoce bien a fondo su significado ni, lo más importante, qué relevancia tienen en nuestras vidas y en la de nuestros seres queridos.

Para hablar sobre los documentales de alimentación es importante partir de que no tienen por qué ser la exposición de una investigación periodística, fundamentada en estudios científicos. El realizador tiene la libertad de compartir con nosotros lo que quiera, en una gama de complejos grises, entre lo que consideramos verdad y falacia. Y además, aunque las piezas del documental sean verdades fundamentadas, no dejan de ser las piezas elegidas por quienes responden a su historia personal.

Pero el valor más importante de estas particulares obras cinematográficas es la capacidad de despertarnos ideas. En los tiempos que corren tenemos herramientas a disposición para corroborar significados de términos nuevos, acceder a estudios periodísticos, escuchar opiniones, anécdotas y hasta acudir a bibliografía relacionada. Sin esperar que los documentales nos formen opiniones, gracias a ellos se puede comenzar a reflexionar sobre temas muy importantes. En este caso, uno tan relevante como es lo que nos llevamos a la boca todos los días y, según el caso, lo que le damos a los miembros de nuestra familia.

Super Size MeEn 2004, el documental Super Size Me, de Morgan Spurlock, tuvo gran éxito mundial. La premisa es que el realizador, un hombre joven, sano y en perfecto estado físico, decide realizar sus tres comidas diarias: desayuno, almuerzo y cena, durante treinta días, en el restaurante más globalizado y conocido del mundo: McDonald’s. Los resultados, como es de esperarse, no son para nada favorables. Once kilos de más, su hígado comenzó a desarrollar una patología similar a la cirrosis, aumento de colesterol, mayor porcentaje de grasa en cuerpo, depresión, cansancio, cambios de humor y hasta problemas en su vida sexual.

Luego de su experimento, hubo acusaciones hacia Morgan Spurlock, que indicaban que la mayoría de sus síntomas se correspondían con inclinaciones personales. Por ejemplo, es un individuo con casos anteriores de depresión. Para dar una indignada respuesta a Spurlock, el cómico Tom Naughton presentó su documental Fat Head (2009), en el cual sigue una dieta basada en fast food durante treinta días y termina bajando de peso.

De todas maneras, Super Size Me nos hace reflexionar sobre algunos indicadores de nuestra sociedad. Los índices de obesidad y diabetes han aumentado en los últimos años, y se relacionan con la vida sedentaria y la mayor ingesta de grasas y azúcares. Spurlock intenta convencernos de no consumir lo que nos ofrece McDonald’s, mayormente por el exceso en estos dos componentes. En caso que no sea posible, sugiere al menos como opción más saludable no elegir las porciones gigantescas que están en oferta, y balancear el consumo de fast food con otros alimentos y alguna actividad física. Otro consejo interesante es el de mantenernos atentos a la oferta alimenticia de los comedores escolares. Los alimentos con exceso de azúcar y grasas son preferidos por los más chicos y presentan una opción más económica y rentable para los administradores de comedores.

Our Daily BreadEn 2005, Europa lanza otra advertencia sobre el tema de los alimentos, a través del film Our Daily Bread (Unser täglich Brot), del austríaco Nikolaus Geyrhalter. Este poético y sutil documental explora distintos aspectos de la industria alimenticia. No existe el diálogo, tampoco hay narradores ni música. Se basa en imágenes, generalmente, de empleados de grandes fábricas de alimentos. También se ven grandes cultivos artificiales de frutas y verduras, y aviones que rocían insecticidas o fertilizantes sobre inmensos campos sembrados.

Los pensamientos que se desprenden son muchos: la artificialidad de nuestros alimentos, las condiciones de trabajo de los empleados, el trato de los animales, como si fueran objetos inanimados, etcétera. La labor cinematográfica en Our Daily Bread es excelente, logrando captar la expresión de una vaca al ser sacrificada o el tedio de una empleada que pasa gran parte de su día cortando pezuñas a cerdos en un frigorífico.

Food Inc 2Estados Unidos arremete nuevamente en 2008 con uno de los documentales más conocidos sobre alimentos: Food, Inc. (Robert Kenner). Esta obra tiene dos aspectos criticables. El primero es que, pese a que algunos de los flagelos que muestra son mundiales, el argumento es muy local concentrándose por completo en casos provenientes de Estados Unidos. El otro es que abarca demasiado, son tantos los temas que se van desprendiendo y entrelazando, que finalmente no se sabe a dónde se quiere llegar, o qué mensaje principal se quiere transmitir.

Por otro lado, es muy acertado cómo finaliza, con un mensaje de esperanza, y lo más importante, con acciones concretas que podemos llevar a cabo todos los seres humanos, desde cualquier lugar, ámbito y clase social. Buenas ideas como elegir comprar productos de compañías que traten  a sus empleados, sus animales y al ambiente con respeto, comprar productos de estación, regionales u orgánicos, conocer qué contienen los alimentos, leer las etiquetas, plantar un jardín, cocinar una comida en familia y comerla todos juntos, etcétera.

El formato de este documental es tradicional, pero muy llevadero. Una voz en off va explicando ciertos conceptos ilustrados con imágenes de fondo. Se van intercalando también declaraciones de científicos, granjeros o personas que sufrieron pérdidas de seres queridos.

Se retoman nuevamente las acusaciones a las gigantes cadenas de fast food, como McDonald’s. Su éxito derivó en que ese modelo de producción masiva se aplicara a la industria de los alimentos, y de ahí en más todo lo que se ha hecho ha sido producir alimentos más rápidamente, más grandes y más baratos. En estos tiempos, en Estados Unidos solo un grupo pequeño de enormes corporaciones tiene en sus manos todo el mercado de alimentos. Al ser tan pocas y tan poderosas, esas corporaciones pueden influenciar las decisiones de los organismos que protegen al consumidor en Estados Unidos, como la FDA (Administración de Alimentos y Medicamentos) y la USDA (Departamento de Agricultura).

Se explica muy bien el cambio en el negocio de los granjeros de hoy. Con las patentes que se han introducido sobre las semillas genéticamente modificadas, elaboradas por la compañía norteamericana Monsanto, los granjeros ya no son dueños de sus semillas (no pueden por ejemplo guardarlas de un año al otro). Y aunque quisieran sembrar las cepas no patentadas, es altamente probable que la contaminación por el polen termine trayendo las semillas de Monsanto, irremediablemente.

Le monde selon monsantoMonsanto es, actualmente, una compañía tan polémica en relación con la alimentación del mundo, que dio suficiente tema para un documental completo el mismo año: The World According to Monsanto (Le monde selon Monsanto, Marie-Monique Robin, 2008).

La periodista francesa nos cuenta de forma cruda y desesperanzada cómo Monsanto le ha arruinado la vida a tanta gente. Contaminación por PCB (bifenilos policlorados), los efectos del insecticida Roundup, las implicancias de los OGM, el peligro de la hormona de crecimiento bovina (rBGH) y los problemas de India y Latinoamérica al introducir sus semillas de algodón y soja, respectivamente. Lo más preocupante es que se acusa a Monsanto de querer desarrollar patentes de absolutamente todos los cultivos, con el objetivo final de controlar el alimento de todo el mundo.

En este caso, el formato no ayuda a que sea un documental entretenido ni llevadero. Marie-Monique Robin pasa bastante tiempo sentada frente al ordenador, buscando información, mientras su voz en off va explicando sus descubrimientos. También existen entrevistas conducidas por la periodista, y hay casos en que los entrevistados son confrontados duramente por ella. Estas interacciones son muy incómodas, y es comprensible porque es algo muy difícil de hacer. Se me viene a la mente Michael Moore, porque es unos de los pocos documentalistas con habilidad como para confrontar sin perder la calma, sobrellevando la discusión con altura.

Notre poison quotidienThe World According to Monsanto fue el primero de una trilogía, seguido por Our Daily Poison (Notre poison quotidien, 2011). En este documental la premisa es bastante inquietante.

Es un hecho que diversos productos presentes en nuestra ingesta diaria, como residuos de insecticidas en frutas y verduras, edulcorantes como el aspartamo, el teflón y componentes de embalajes plásticos como el bisfenol A, son venenos para los seres humanos si se consumen en grandes cantidades. Pero nadie puede responder concretamente cómo afectan esos productos en las dosis que los consumimos, por supuesto, sin darnos cuenta.

Es muy inquietante también que no haya suficientes mediciones (por ejemplo, comportamiento a través de distintas generaciones), porque son productos que los humanos estamos consumiendo hace relativamente poco tiempo. Como mucho, cincuenta años atrás, luego de la revolución verde, que tenía como objetivo alimentar al mundo con agricultura industrial (obtenida con productos químicos y maquinaria) luego de la Segunda Guerra Mundial. El documental nos deja el interrogante de si, en estos últimos tiempos, los casos de cáncer en la población mundial se deben a nuestra pequeña ración de veneno ingerido.

Aquí también hay muchas confrontaciones incómodas, aunque quedaron de lado los monólogos frente al ordenador. El sentimiento de indignación e impotencia que genera es importante, sobre todo porque no hay ideas concretas de esperanza de que un cambio pueda ser posible. De la misma forma que Super Size Me, Food, Inc., y The World According to Monsanto, culmina con llamadas telefónicas en las cuáles claramente las organizaciones atacadas evitan participar en el documental.

Les moissons du futurLa trilogía concluye con Les Moissons du futur (2012), donde la esperanza que nos falta la traen individuos brillantes que le dan una vuelta de tuerca a la forma en que se producen los alimentos masivos actualmente. Se trata de granjeros que optaron por técnicas de agro-ecología para desarrollar sus productos, combinando de forma inteligente distintos cultivos, que se complementan de tal forma que no se necesitan insecticidas ni fertilizantes. El suelo responde de una manera más productiva, porque se mantiene más sano (debido a la mayor presencia de humus). Y los productos derivados de estos cultivos pueden servir de alimento a los animales, enriqueciendo aún más la producción de los granjeros.

Se nos muestra una de estas técnicas en cada continente. Los protagonistas del documental se van pasando entre ellos un globo terráqueo, que en todo momento nos recuerda que se está tratando un tema que afecta a la población mundial. La gran pregunta es si estos granjeros tendrán la capacidad de generar alimentos globalmente, en un futuro. Aunque se intenta demostrar que sí, es un interrogante que queda abierto. Lo que deja bastante claro es que el actual modelo está dando signos que no será sustentable de acá a cincuenta años, por ejemplo.

La forma en la que nos alimentamos es importante, y nadie duda que vamos a afectar nuestra salud si ingerimos en exceso productos con demasiadas grasas y azúcares. En Francia, a partir del 2007, la ley exige que las publicidades de alimentos en televisión y radio estén seguidas de mensajes como, por ejemplo: “Por su salud, evite comer alimentos demasiado grasos, demasiado dulces o demasiado salados” o “Por su salud, practique una actividad física regular”. Es cierto que la mayoría estamos al tanto de estos consejos, pero no está para nada mal que nos lo recuerden de vez en cuando.

Cuando pensamos en una dieta balanceada, rica en frutas y verduras, se nos vienen imágenes que nos recuerdan los restos de insecticidas que pueden existir y sus consecuencias desconocidas. ¿Y ahí, qué hacemos?, quizá no mucho por el momento, más que mantenernos informados, estar atentos, leer las etiquetas de los productos, etcétera. También se puede brindar apoyo a individuos como los que vemos en Les Moissons du futur. Ellos están cambiando y reinventándose para satisfacer las necesidades de nosotros, los consumidores, con respeto no sólo hacia el cliente (el consumidor), sino también hacia los animales, los árboles, las plantas, el suelo, el agua, la naturaleza y la vida como un todo.

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