Críticas

Diabólicas imágenes

Diabolik (1968)

Otros títulos: Danger: Diabolik.

Mario Bava. Italia, Francia, 1968.

Criatura que vive en la oscuridad, elemento típico de una lectura amoral del mundo, el asesino es, de por sí, un personaje negativo que se inserta en nuestra sociedad no en su función complementaria, sino en tanto disturbio de una estructura humana que pone de relieve la necesidad de seguir las reglas para que todos podamos vivir en paz. El asesino, además, juega con el valor de la vida ya que, si para nosotros es algo imprescindible (su defensa, por supuesto, como también su santidad secular), para él solo es un factor secundario, algo del que deshacerse en el caso de que le impida seguir con su proyecto; si “il fine giustifica i mezzi”, como afirmaba Machiavelli, esparcir muerte se convertiría entonces en algo necesario, casi natural, lo cual, efectivamente, nos llevaría a una consideración más bien psicológica (psicología de los individuos y, obviamente, de toda una cultura o subcultura): ¿por qué nos gustan a veces los personajes que no tienen ningún tipo de moral, elementos estos que se sitúan más allá de nuestra misma sociedad?

El filme de Bava, basado en el personaje de las hermanas Giussani, toma como punto de partida la apreciación de Diabolik, de Eva Kant y del inspector Ginko en tanto elementos típicos de una producción artística de fuerte carácter comercial, la producción serial de unos tebeos en los cuales el canovaccio sigue siendo casi siempre el mismo; un punto de partida, repetimos, que sirve para añadir un carácter fuertemente artístico. Es la explosión de una conciencia pop, el acto de aceptar no solo el valor absolutamente pulp que envuelve el producto original, sino de aumentar el juego que se instaura en la transposición de una obra concebida para funcionar en un medio definido (las páginas de los cómics) a otro (la gran pantalla que se expande ante las butacas de los espectadores). Se invita así al público a que se deje llevar por lo que, efectivamente, solo puede ser un momento de distensión, de divertimiento que nace y termina en sí mismo, dejando abierto el final sin que por esto surja la impresión de que el producto está inacabado.

El amor por la imagen, entonces, se mezcla con un uso inteligente del guión, responsable en este caso de una serie de eventos que no crean ningún tipo de espectacularidad profunda sino un reconocimiento del valor escapista de la obra original. Si de historia hay que hablar, obviamente, será necesario afirmar que esta no se sustrae de su carácter secundario de por sí, lo cual lleva a que se acepte su función ancilar. No hay mucho que decir sobre Diabolik, efectivamente, ya que todo se reduce, en los tebeos, a la repetición de una serie de características: la frialdad, el amor por Eva, la capacidad de escaparle a la muerte. Bava se pone así en una situación de juego con el público, ya que ambos saben que el producto resulta bastante pobre si de valor intelectual hablamos. ¿Debilidad de la obra? Todo lo contrario, si el filme reconoce su constitución efímera y el público se deja conducir, como es justo que sea, por la gana de entrar en un mundo diferente pero parecido al nuestro, en el cual la moralidad poco tiene que hacer con un personaje principal más bien icónico que profundo.

Obsequiosa transposición de un personaje culturalmente inaguantable, el Diabolik de Bava revela así su amor por la forma, por la imagen, como su respeto más bien por la esencia que por la repetición de una estructura narrativa específica. Es por esta razón, por su haber entendido la arquitectura profunda, simple y superficial (una absurdidad solo aparente), que el filme logra ser un momento de alegría estética en el contexto de una voluntad recreativa completa. Demostración de que a veces el espectáculo visual puede de por sí solo funcionar, a condición de reconocer el valor primitivo de la estructura narrativa (repetición de un canovaccio que se basa sobre la dinámica de unos personajes fijos), el Diabolik de 1968 no puede sino formar parte, entonces, del conjunto de cine-cómic, llegando quizás a tener un lugar que lo sitúa más arriba de otras producciones hoy más taquilleras.

Ficha técnica:

Diabolik (1968)  / Danger: Diabolik ,  Italia, Francia, 1968.

Dirección: Mario Bava
Duración: 96 minutos
Guion: Mario Bava, Dino Maiuri, Brian Degas, Tudor Gates
Producción: Dino De Laurentiis
Fotografía: Antonio Rinaldi
Música: Ennio Morricone
Reparto: John Phillip Law: Diabolik Marisa Mell, Michel Piccoli, Adolfo Celi

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