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Berlín: La ciudad de los ángeles

Berlín… Soy una extranjera, pero todo me resulta tan familiar.
Igual no puedo perderme, siempre acabas en el muro.

Marion en El cielo sobre Berlín (Der Himmel über Berlin,
Wim Wenders, 1987, Alemania Occidental)

 

Ciudad enigmática si las hay, y llena de sorpresas. Cargada de historia, cuando la visitamos pareciera que las paredes nos quisieran contar tantas cosas. También está llena de ambigüedades, atravesada por veintiocho años de separación entre Este y Oeste (u oriental y occidental) se encuentra siempre en la dicotomía: moderna/antigua, emergente/decadente, natural/industrializada, colorida/gris, bella/fea, etcétera.

Uno de los aspectos que más atrae de Berlín es su historia. Como la mayoría de las ciudades europeas, es muy rica y compleja. Me gustaría mostrar en esta nota cómo la cinematografía nos ha contado esta historia de Berlín. Pido disculpas de antemano por todas las películas que dejaré de lado, ya que esto no es más que una selección personal de una simple admiradora del cine y de la ciudad.

El tratado de Versalles, firmado en junio de 1919 por Alemania y los aliados Francia, Italia e Inglaterra, daba por finalizada oficialmente la Primera Guerra Mundial. Este acuerdo dejó a Alemania en una situación muy desfavorable: exigía que aceptara la responsabilidad de la guerra y que pagara todos los daños que había traído, debió limitar drásticamente el poder militar, prohibiéndosele que tuviera tanques, barcos de guerra y submarinos. Alemania pagó enormes sumas de dinero, lo que produjo un período de hiperinflación. Parte de su territorio pasó a Dinamarca, Checoslovaquia, Bélgica, Francia y Polonia. Las colonias se dividieron entre un grupo de aliados.

Esta época tan particular para Alemania se llamó República de Weimar (1919-1933) y estuvo plagada de confusión, desasosiego y miedos. En este marco surgió el movimiento expresionista en el cine. Su primer exponente fue la película El gabinete del Dr. Caligari (Das Cabinet des Dr. Caligari, Robert Weine, 1920), que tenía, entre otras características, la utilización de decorados y hasta los exteriores fueron simulados con decorados deformados que aportaban surrealismo a la obra. Es por eso que no podemos ver a Berlín de esa época, pero esta película tan relevante para la historia de la cinematografía se filmó en el mítico estudio Babelsberg. Es el más antiguo de los grandes estudios de filmación y está localizado en Postdam (actualmente es parte de la zona metropolitana de Berlín y está ubicado a menos de treinta kilómetros del centro).

El fin del expresionismo cuenta con films más humanos, dónde se ven los sufrimientos y miserias de los personajes y se muestran similitudes con el neorrealismo italiano. Este es el caso de El último (Der letzte Mann, F.W. Murnau, 1924), donde un guardia de un hotel prestigioso en Berlín pierde su empleo de una forma humillante. Se puede ver la diferencia de los distintos estratos sociales berlineses, entre la gente que asiste al hotel, mostrando toda su frivolidad, y los que habitan el barrio del protagonista, sufriendo el desempleo y demás consecuencias nefastas de la guerra.

En el mismo estudio Babelsberg se filmó unos años más tarde Metrópolis (Metropolis, Fritz Lang, 1927). Este film expresionista de ciencia ficción también denunció la diferencia entre las clases sociales de la época.

Durante el gobierno nazi, la producción y la calidad cinematográfica bajaron considerablemente. Joseph Goebbels, a cargo del ministerio de propaganda, promulgó los documentales realizados principalmente por Leni Riefenstahl. En conmemoración de los juegos olímpicos que tuvieron lugar en Berlín en 1936 surgió su exitosa obra Olympia (Olympia 1. Teil – Fest der Völker y Olympia 2. Teil – Fest der Schönheit, 1938).

Sobre el nazismo y sus crímenes de lesa humanidad existen infinidad de películas. Son tristes e indignantes y nos sigue asombrando cómo tales atrocidades pudieron ocurrir tan sólo hace setenta años atrás.

Entre ellas me gustaría destacar La caída (Der Untergang, Oliver Hirschbiegel, 2004) porque muestra a Berlín como un verdadero campo de guerra. A pesar que la mayor parte del film transcurre adentro del bunker donde se refugian Adolf Hitler y sus colaboradores, se pueden ver también distintos exteriores de Berlín, aunque irreconocibles por el daño sufrido. Hay escenas con referencias a la ciudad cuando Albert Speer, arquitecto y ministro de guerra de Hitler, le muestra al führer una maqueta para reconstruir totalmente la capital alemana. La discusión ronda la idea de que es mejor dejar que los rusos la destruyan, porque así será más fácil reconstruirla según el gusto nazi. Cuando Hitler está totalmente derrotado, Speer le confiesa que no llevó a cabo su orden de destruir la ciudad.

La caída muestra muy bien la locura característica del partido nazi. Los fervientes seguidores eran incondicionales y veían a Hitler como un salvador, una especie de mesías destinado a salvarlos. Esta fidelidad se juraba hasta la muerte. Muchos colaboradores estaban convencidos de que no valía la pena vivir en un mundo sin partido nacional-socialista y se quitaron la vida cuando su führer fue derrotado.

Otro tema interesante en La caída es si existe culpa y complicidad en ciertos colaboradores de Hitler, cuando se trataba, por ejemplo, de jóvenes secretarias, cocineras o soldados que no estaban en el campo de batalla. Como característica de una mente perturbada, los historiadores afirman que Hitler tenía una personalidad multifacética: podía llegar a ser la persona más cruel, pero también podía ser muy amable y comprensivo con la gente que lo asistía.

El mismo tema de la complicidad con el partido nazi también está muy bien tratado en El lector (The Reader, Stephen Daldry, 2008). La trama comienza en Berlín cuando el protagonista es adulto, pero la mayor parte de la historia transcurre en Neustadt, donde Michael Berg (Ralph Fiennes) conoce a Hanna Schmitz (Kate Winslet). También existen muchas e interesantes referencias a los juicios de Nuremberg (Bavaria, Alemania), donde se cuestionaron y enjuiciaron las acciones de nazismo.

La guerra finalizó en 1945, y en 1949, la Unión Soviética creó el estado socialista de Alemania del Este. En 1961, un capítulo completamente diferente comienza en la ciudad de Berlín con la edificación del muro. El partido socialista lo construyó para proteger a su gente de “elementos fascistas que conspiraban en contra del bienestar”, pero en verdad fue una medida para evitar la emigración masiva y las alianzas con el gobierno occidental.

Una mirada detallada al partido socialista alemán y, en particular, a su ministerio de seguridad de estado (Stasi) se puede ver en La vida de los otros (Das Leben der Anderen, Florian Henckel von Donnersmarck, 2006). Se ven imágenes de la sobria Berlín oriental en el año 1984, donde ronda una atmósfera de miedo y represión. De la misma forma que en la novela de George Orwell, ambientada en el mismo año, Big Brother mira y vigila todo, y los individuos deben ser todos iguales siguiendo las reglas sin diferenciarse. En el film se ven en la calle a los autos iguales, los miembros del partido vestidos de forma muy similar y hasta en los comedores se sirve la misma comida y bebida para todos. En el film se muestra a la comunidad de artistas como la más afectada por el régimen comunista.

Ambientada en el Berlín de los ochenta, El cielo sobre Berlín (Der Himmel über Berlin, Wim Wenders, 1987) nos da una visión muy poética de la ciudad. La Berlín de Wenders no tiene fronteras, nos muestra de forma indistinta lugares de Berlín occidental y oriental. Dos ángeles, interpretados por Bruno Ganz (Damiel) y Otto Sander (Cassiel), nos hablan de sus impedimentos y nos recuerdan las cosas buenas que tiene la vida: una buena comida, sentir los huesos al caminar, adivinar en vez de siempre saber, asombrarse, sacarse los zapatos y estirar los dedos de los pies. Esto le da un cierto optimismo a la trama y capta los aires de cambio que ya debían estar sintiéndose por esa época.

Wenders nos propone una mirada interna a los seres humanos. Al escuchar sus pensamientos, como lo hacen los ángeles, nos enteramos de sus preocupaciones y penas más íntimas. También muestra la soledad de las personas en una gran ciudad, haciendo también referencia a las divisiones políticas: “los alemanes están divididos en tantos estados como individuos hay y estos pequeños estados son portátiles. Cada uno se lleva el suyo consigo y pide un peaje a los que quieren entrar.”

Las escenas en Potsdamer Platz (donde un hombre mayor recuerda sus años mozos en esta plaza que ahora se encuentra desolada) y las fabulosas tomas en planos no convencionales (aéreas, atravesando puentes, etc.) logran captar a Berlín como si se tratara de un documental sobre la ciudad. Por otro lado, la historia de los ángeles está entrelazada con la ciudad. Una vez vistos, es imposible olvidar a los ángeles posados sobre el Goldelse (el ángel dorado de la columna de la victoria).

En el interesantísimo museo de Checkpoint Charlie, en Berlín, se pueden sentir de forma muy humana las controversias que el muro provocó. Familias divididas de un día para el otro, perdiendo la posibilidad de encontrarse. Y también un costado que de tan terrible resulta gracioso: el ingenio puesto al máximo para lograr escapar desde el Este al Oeste.

Una conmovedora historia de familia en la Alemania oriental es relatada en el film Good bye, Lenin! (Wolfgang Becker, 2003). Christiane Kerner es una mujer madura, idealista y ferviente activista del partido socialista alemán. Sufre un ataque al corazón y permanece en coma en lo quizás fueron los ocho meses más cambiantes en la historia de Berlín. Desde octubre de 1989, en conmemoración de los cuarenta años de la creación del partido, hasta mediados de 1990, con el muro derribado y Berlín oriental completamente occidentalizada. Su amor al partido y la nostalgia tan grande que siente, hace que sus hijos decidan ocultarle los hechos históricos.

El film muestra a Berlín oriental, con su arquitectura aún no renovada: edificios cuadrados, grises e iguales, pero con vetas de capitalismo: carteles gigantes de Coca-Cola, locales de Burger-King y hasta una estatua de Lenin, que es removida de su lugar, flotando por los aires como si quisiera despedirse de los berlineses. La juventud vive estos cambios con mucha alegría e ilusión por el nuevo mundo que se les ofrece y por la apertura al resto de las culturas. Los mayores se sienten nostálgicos, invadidos y desorientados.

A medida que Berlín oriental se fue integrando al resto de Alemania, poco a poco, la ciudad pasó a tener los mismos flagelos que cualquier otra metrópoli. Es la capital y la ciudad más grande de Alemania con una población de 3,5 millones de habitantes. Tiene un tercio de área compuesto por parques, jardines, ríos y lagos, lo cual la hace tan bella y agradable para recorrer. Cualquier expresión artística: arquitectura, arte, escultura, teatro, cine, música, gastronomía, etc., cuenta con un lugar de privilegio en la ciudad, convirtiéndola también en un sitio muy atractivo y con una alta calidad de vida.

Con estas características, es de esperar también un ritmo de vida acelerado y estresante. Este aspecto está tratado en el film Corre, Lola, corre (Lola rennt, Tom Tykwer, 1998). Lola (Franka Potente) vive en Berlín y tiene tan solo veinte minutos para juntar una gran suma de dinero y salvar la vida de su pareja. Fue una película muy exitosa porque para la época tenía aspectos cinematográficos muy originales: relato circular, inserción de animaciones, música muy pegadiza y rítmica, planos combinados que muestran al unísono dos ambientes diferentes e historias contadas con fotos editadas a un ritmo de latido.

Berlín del siglo veintiuno no aparece en sí en ningún film, al menos de los de alcance masivo. La tendencia del cine localista alemán (descartando el cine de autor como podría ser el de Michael Haneke), fue más que nada mostrar y desarrollar ideas que pueden llegar a tomar forma en su pueblo. Este es el caso de las exitosas El experimento (Das Experiment, Oliver Hirschbiegel, 2001), Los edukadores (Die fetten Jahre sind vorbei, Hans Weingartner, 2004) y La ola (Die Welle, Dennis Gansel, 2008). Si bien las dos últimas están ambientadas en Berlín, la primera no tiene referencias locales.

La capital alemana es sin duda una ciudad que logró inspirar de formas muy diferentes a todo tipo de realizadores cinematográficos. Al ser un lugar tan rico y cambiante, sin duda inspirará muchísimas películas más en el futuro.

2 opiniones en “Berlín: La ciudad de los ángeles”

  1. Berlin, ciudad enigmatica si las hay…
    No se si lo has dicho todo, pro si mucho con la seleccion de peliculas por ti elegidas.
    Una, para mi, en especial, El Cielo Sobre Berlin, me ha transmitido esa necesidad de rehumanizacion, del a dios gracias, hoy desaparecido muro de Berlin, Como esa secuencia del ángel que viajando en el metro oye los pensamientos de la gente.Humanización, el conflicto del ángel. Humanizacion en el museo Checkpoint Charlie…
    Démosle tiempo a los realizadores berlineses, quizas proximamente nos sorprendan. Mientras tanto rehumanizemos la humanidad.

    1. Jorge, muchas gracias por tu comentario.
      Creo que diste en la tecla, Wim Wenders tiene un don especial para mostrarnos siempre el costado más humano de las cosas, y creo que es por eso que me gustan tanto sus películas.

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