Críticas

Cave canem

2024: Apocalipsis nuclear

Otros títulos: Un chico y su perro; Un niño y su perro.

A Boy and His Dog. L.Q. Jones. EUA, 1975.

Lo postapocalíptico, género narrativo que se inserta en el juego de la ciencia ficción, parte de una cuestión muy basilar: ¿qué tipo de humanidad y de sociedad sería la en la que las grandes estructuras sociales (los estados, de hecho) ya no existen? La disminución de la población humana, la falta de una red de carácter político, la pérdida de unas leyes reconocidas en cualquier parte del mundo, todo esto conlleva un doble sentido: por un lado el temor a una destrucción de lo que llamamos sociedad y, por el otro, la gran libertad que se supone nace en relación con la pérdida de cualquier tipo de hipertribu (se entiende con esta palabra los grandes estados, leviatanes típicos de carácter hobbesiano, amados por algunos y odiados por otros). Es quizás por estas razones que obras de este tipo (desde el cuento breve de Ganivet sobre Granada hasta la novela conservadora de Walter Miller) parecen no encontrar una lectura clara, simple y, obviamente, precisa, lo cual, efectivamente, no es una debilidad, sino, por el contrario, el punto de fuerza gracias al cual se le presenta al público un momento de reflexión y de crítica no solo política, sino también social y cultural.

Basada en una serie de novelas cortas (o cuentos largos) del prolífico escritor Harlan Ellison (link1link2), esta película de 1975 nos presenta a dos protagonistas que intentan sobrevivir en un futuro en el cual las únicas reglas son las de pensar en salvarse a sí mismo. El concepto de homo homini lupus, entonces, se viste de un carácter más bien de ciencia ficción que subraya la falta de empatía, o sea un componente del que el ser humano puede, en determinadas situaciones, deshacerse. Los dos protagonistas, en este caso, están unidos por lo que, efectivamente, parece ser el único elemento de amistad y, por raro que pueda parecer, de humanidad en toda la película, cuyo resultado es un sentimiento de humor negro y cinismo que brota de un final altamente inteligente e imposible de prever. Sin embargo, esta pizca de humanidad entre ellos aumenta su carácter paródico, ya que se trata de la relación entre un perro y un chico, los cuales dialogan entre sí gracias al uso de poderes telepáticos; las relaciones que se entablan entre seres humanos, en contra, son todas destinadas a la frustración.

El mundo que se desarrolla en la pantalla sirve, obviamente, de lienzo para entablar un discurso crítico en función de comentario(s) de una sociedad (la presente) que desafía la idea de bondad humana típica de aquellos dulces sueños que nos proponen los amantes de Rousseau; aquí no hay ningún buen salvaje y los hombres, a diferencia de lo que decían algunos pensadores anárquicos del siglo XVIII, solo piensan desde un punto de vista estrictamente egocéntrico (el yo es lo único que tiene que sobrevivir, todo lo restante es inútil). Nada, en todo este mundo, parece tener tan solo una gota de bondad, menos, como ya hemos dicho, la relación un poco tóxica entre los dos protagonistas. Si de amor tenemos que hablar, entonces, este estaría conectado con el sentimiento de unidad entre seres situados en un mundo que intenta matarlos o, en los casos mejores, explotarlos. La atracción entre los sexos se distribuye así en una serie de elementos que, al final, vuelven a mostrar la imposibilidad de una unión que sea efectivamente empática; más allá de la simple lectura misógina, lectura obviamente errada, el juego que pone en marcha esta película es la de un mundo cínico, en el cual todos intentan matar o explotar al otro.

Lo que queda aquí, en el texto discursivo, lleva al espectador a una serie de inferencias que ponen en marcha unas preguntas a las que resulta difícil darles unas respuestas. Efectivamente, el hecho de situar el cuento en el contexto de un mundo postapocalíptico nos permite acceder a la proposición principal sin que esta se presente en forma directa: la falta de un realismo total, completo, y la presencia de elementos de carácter de ciencia-ficción abren paso a un discurso más profundo del cual no podemos deshacernos fácilmente. Si el de A Boy and His Dog es un futuro posible de la humanidad, ¿qué es lo que hay que extraer de todo esto? Y la otra gran pregunta que se nos abre ante los ojos es la de si la falta de empatía y la presencia del cinismo son los productos de una decadencia moral del hombre o si, en realidad, son los elementos nucleares de su espíritu, parte no tanto integrante sino basilar de lo que es. Afirmación deprimente, el hombre (y la mujer) sería entonces lupus, con todo lo que esta palabra significa; una consideración negativa, por supuesto, pero, quizás, más real de lo que se puede creer.

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Ficha técnica:

2024: Apocalipsis nuclear  / Un chico y su perro; Un niño y su perro (A Boy and His Dog),  EUA, 1975.

Dirección: L.Q. Jones
Duración: 91 minutos
Guion: L.Q. Jones
Producción: Alvy Moore
Fotografía: John Arthur Morrill
Música: Tim McIntire, Jaime Mendoza-Nava
Reparto: Don Johnson, Susanne Benton, Alvy Moore, Jason Robards

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