Críticas

El vampiro y la comedia

Lo que hacemos en las sombras

What We Do in the Shadows. Taika Cohen (AKA Taika Waititi), Jemaine Clement. Nueva Zelanda, 2014.

Sombras-CartelSi hay un mito del horror que ha sido vapuleado hasta la extenuación ha sido el vampiro. En las últimas décadas hemos asistido con estupor al destrozo conceptual de la criatura de la noche por antonomasia, gracias a su interesada reconversión en mito adolescente en la repugnante saga Crepúsculo. La domesticación de estos no muertos ha extirpado al vampiro de cualquier atisbo del monstruo que poblaba las pesadillas de una sociedad más dada a la superstición y los terrores nocturnos. En estos días de posmodernidad ridícula, Drácula y compañía han quedado para el adorno de las carpetas de las adolescentes de medio mundo, que suspiran por un mordisquito del guaperas paliducho de turno.

El monstruo sirve para metáfora de muchas cosas, eso es indudable, y de ahí que permanezca en el tiempo como recurso literario y cinematográfico, pero la evolución sufrida ha eliminado la esencia primigenia de la mitología vampírica; esto es, la representación del miedo a la muerte, pervertida en una especie de vida eterna monstruosa. La novela de Stoker añadió los elementos sexuales que acabaron por definir al vampiro moderno, pero la entrada del romanticismo de opereta encontró su perfecto cómplice en el Drácula de Coppola y el existencialismo de los vampiros de Anne Rice y su interminable saga literaria. El paso siguiente fue el triste espectáculo llorón al que hemos llegado en el siglo veintiuno, con tonterías de nivel sonrojante como Drácula: La leyenda jamás contada, remate final para un mito hundido en necedades.

Lo que hacemos en las sombras no se ha estrenado para cambiar este panorama desolador. Sus pretensiones son mucho más pequeñas y, por suerte, divertidas. Este falso documental es una gamberrada inteligente, que a falta de sustos ha escogido la risa como arma principal. Con ingenio e ironía, los responsables de Lo que hacemos en las sombras han perpetrado una simpática parodia repleta de momentos que harán las delicias de los aficionados a las películas de género con algo de sentido del humor.

Taika Cohen no es un desconocido y ya arrastra una buena filmografía a sus espaldas. Actor, director y guionista, es un auténtico todoterreno  que en esta ocasión se une a su compinche habitual, Jemaine Clement en las labores de dirección y escritura. Ambos participan también como actores principales en esta comedia fuera de lo común, y da la impresión de que todo el mundo en esta película está disfrutando de cada minuto de rodaje. Esa sensación atrapa al espectador, convertido en cómplice de toda esta divertida locura.

Imagen de Lo que hacemos en las sombrasLa película cuenta la historia de cuatro vampiros que comparten casa en la Nueva Zelanda actual. Un equipo de documentalistas se adentrará en el día a día de estos particulares seres, que, a pesar de su naturaleza mística, arrastran problemas de lo más mundanos. Cosas tan prosaicas como el reparto de las tareas del hogar o elegir un vestuario adecuado para una noche de fiesta se complican hasta la carcajada cuando entran en conflicto con la idiosincrasia de unos seres atrapados en el tiempo. Por supuesto, el encontronazo con el mundo real es otra fuente constante de chistes, debido al anacronismo constante en el que viven los cuatro protagonistas.

Los directores respetan al milímetro su propia broma, demostrando una vez más que la comedia hay que tomársela muy en serio para que funcione. La condición de documental de esta película es identitaria y fuente en sí misma de todo el humor cómplice que presentan. La normalidad con la que se introducen en el mundo cotidiano de estos vampiros nos sitúa en el ojo de estos operarios, testigos imposibles de lo sobrenatural. Podemos imaginarnos las caras de los implicados detrás de la cámara, rodando lo que puede ser el documental más extraño de la historia, un juego entre la realidad y la ficción que acrecienta el fenomenal efecto conseguido por la película. Un ambiente tan cómico como patético que convierte a unos seres de pesadilla en un grupo entrañable. A pesar de su monstruoso origen, los directores nos muestran unos personajes con los que no te importaría compartir unas cervezas; convierten su historia, pequeña y ridícula, en algo que nos interesa, porque estos cuatro tipos nos caen bien. Elementos del cine de terror y de la sitcom se dan la mano y dan como resultado una comedia que escapa de los convencionalismos. Maneja todos los clichés habidos y por haber del cine de género para su propio beneficio, conscientes de la clase de público que aplaudirá una película como esta.

Fotograma de Lo que hacemos en las sombrasEscrita con inteligencia y sensibilidad, la historia de nuestros cuatro vampiros se complica cuando aparece un nuevo miembro en el equipo, joven e inexperto (y algo estúpido, todo hay que decirlo), que pondrá en jaque la forma de vida de los protagonistas. Detrás de los chistes y situaciones rocambolescas, la película esconde una buena reflexión acerca de los contrastes: lo viejo contra lo nuevo, el horror y la risa, la aspiración a formar parte de algo contra la necesidad de permanecer ocultos en la sombras, la vida contra la muerte… los contrarios encienden la chispa de la risa en una historia que es, en el fondo, un canto a la diferencia en una sociedad crisol como la neozelandesa. El origen europeo de los cuatro vampiros  es la historia de un país construido por pioneros, en el que el desarraigo y el recuerdo han tenido su papel diferencial. Además, permite a los directores introducir la juguetona banda sonora que es una auténtica delicia, repleta de sonidos y melodías provenientes del folclore del este de Europa. Magnífica, redondea ciertos momentos con el toque de locura necesario para que la sonrisa encuentre el ritmo perfecto.

Lo que hacemos en la sombras parodia sin compasión toda la mitología vampírica en decadencia, haciendo sangre (nunca mejor dicho) con seres que piden a gritos algo de dignidad. Ante el conformismo generalizado con la banalización de nuestra herencia cultural, esta película ha decidido reírse de todo, renunciando al chiste privado y haciéndonos partícipes de la broma. Su paso triunfante por festivales otorga la categoría necesaria para que un día podamos hablar de esa clase de filme que sobrevive al paso del tiempo gracias a esa medalla de “de culto” que tanto gusta a cierto sector. Pero, por encima de eso, Lo que hacemos en las sombras es algo más que una original comedia; es una película necesaria.

 

Ficha técnica:

Lo que hacemos en las sombras (What We Do in the Shadows),  Nueva Zelanda, 2014.

Dirección: Taika Cohen (AKA Taika Waititi), Jemaine Clement
Guión: Taika Cohen (AKA Taika Waititi), Jemaine Clement
Producción: Unison Films / Defender Films / Funny or Die / New Zealand Film Commission
Fotografía: Richard Bluck, DJ Stipsen
Música: Plan 9
Reparto: Jemaine Clement, Taika Cohen (AKA Taika Waititi), Jonathan Brugh, Cori Gonzales-Macuer, Stu Rutherford, Ben Fransham, Rhys Darby, Jackie van Beek, Elena Stejko, Jason Hoyte, Chelsie Preston Crayford, Karen O'Leary, Mike Minogue

Santiago Negro

Graduado del Master en Crítica Cinematográfica de AULA CRÍTICA

 

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