Críticas

Mensajeros de la intolerancia global

Los caballos de Dios

Les chevaux de Dieu. Nabil Ayouch. Marruecos, 2012.

LoscaballosdeDioscartelSuburbios de Casablanca, julio de 1994: un grupo de chavales juegan al fútbol en un descampado, despreocupadamente. Dieciséis de mayo de 2003: cinco bombas explotan en la ciudad marroquí, concretamente en una comunidad judía, en un restaurante y en los alrededores de un cementerio de esta religión, además de en dos restaurantes, uno español y otro italiano, y en un hotel de lujo, llevándose por delante la vida de cuarenta y cinco personas de distintas nacionalidades. ¿ Qué es lo que puede unir ambos acontecimientos? ¿Qué ha podido suceder en esos nueve años para que la barbarie y la intransigencia estalle y siembre de dolor y muerte a tantas y tantas familias…?

De ello se ocupa esta película del director marroquí Núbil Ayouch, que fue presentada en la Sección Oficial a concurso Un Certain Regard del Festival de Cannes de 2012, además de conseguir la Espiga de Oro como mejor film del Festival de Valladolid del mismo año, aunque por cuestiones de quiebra de la distribuidora no ha sido comercializada en nuestras pantallas hasta la fecha. Destaca la circunstancia de que Los caballos de Dios, que en definitiva trata el asunto del yihadismo, pudo filmarse y estrenarse en Marruecos sin censura previa, y la última película del mismo director, Much Loved, presentada en el último Festival de Cannes, ha sido censurada por las autoridades marroquíes, al considerarla un ultraje a los valores de la mujer marroquí, e incluso el propio realizador ha sido víctima de amenazas de muerte que hasta le han obligado a rodearse de guardias de seguridad.

LoscaballosdeDiosfotograma1Ayouch, a través de una cámara nerviosa y  sin juzgar, nos va enseñando el desarrollo de la vida en una comunidad del extrarradio de una ciudad marroquí, en donde la pobreza lo caracteriza todo, desde las míseras chabolas en donde se habita, prácticamente sostenidas por piedras y fijadas con simples telas, hasta las casi harapientas vestimentas que llevan los niños y los adultos; desde los vehículos de transporte, que se limitan a auténticos cacharros o a motocicletas casi desguazadas, hasta los alimentos que se venden en el mercado, en condiciones de calidad, diríamos, poco atrayentes… Los niños juegan al fútbol, se pelean, corren, se divierten, pero son conscientes de que les espera un futuro poco halagüeño, abocado prácticamente al trapicheo, la droga, la violencia, la cárcel o el trabajo en contextos míseros y de explotación. No parece existir esperanza alguna en que el desarrollo económico y social vaya siquiera a rozarles mínimamente, y la única fábrica que se atreve a instalarse en las cercanías contrata a mano de obra foránea para su desarrollo. En esa coctelera de penuria e ignorancia, se imponen los más fuertes, quienes a través de la violencia propia y la humillación ajena consiguen ser obedecidos, respetados y tratados como los líderes de la manada. Las únicas salidas se vislumbran en ese hipotético e improbable salto a la élite del fútbol, en la incierta y tenebrosa aventura de una emigración ilegal a tierras más prósperas, y por último, en el aterrizaje en el fanatismo religioso, que con promesas de paraísos eternos, consigue llevar a su terreno a mentes propensas para acumular consignas y odios, mediante ambientes que saben rodear a aquellos desfavorecidos por la vida de cierto compañerismo, amistad, dedicación, admiración y camaradería.

LoscaballosdeDiosfotograma2El realizador marroquí mantiene su cámara siempre cercana a los actores, que trabajan con naturalidad, predominando en la primera hora del metraje los planos medios, mientras que a partir del momento del tanteo con la religión va acercándose más y más a los personajes, hasta utilizar primeros planos que parecen pretender penetrar en el alma de los protagonistas, en sus dudas, tormentos e incertidumbres. La misma impresión se consigue con la fotografía, que si bien desde el inicio muestra el contraste lumínico entre la claridad de exteriores y la oscuridad de interiores, cuando vamos llegando a término va radicalizándose y exagerando los contrastes, alcanzando incluso a molestar la visión del cambio desde la opacidad de los habitáculos y doctrinas a la sobreexposición solar o brillantez del paraíso. Es posible achacar al realizador el poco tiempo que se toma, apenas unos treinta minutos, para explicarnos la toma de conciencia que van alcanzando los protagonistas para dar un giro tan radical en sus existencias, pero probablemente no sea necesario, el virus o la falta de antibiótico para rechazarlo, ya que se encontraba lamentablemente esclarecido en la trayectoria vital mostrada de los marginados.

No faltan, dentro de ese viaje desde la pobreza hacia lo eterno, destellos de verdadera amistad, de preocupación por los seres más cercanos y de amor inocente y puro. También casi llegamos a sospechar de que entre esas personas olvidadas y alejadas de los centros de decisión, poder y fortuna, el más feliz es el autista, el hermano que vive en su propio mundo, escuchando las noticias “en árabe, inglés y francés”.

¿Cuántos turistas viajan todos los años a Casablanca? ¿Cuántos se mueven más allá de unos pocos kilómetros cuadrados alrededor de los centros de visita dirigida?¿Cuántos se interesan por las condiciones de vida, de salud, de economía de la población? Lo más lamentable de todo es el propio odio que la sociedad occidental está generando entre esas comunidades menos afortunadas, y lo inconsciente que se muestra ante semejante bola que crece, crece y no deja de crecer. Y magnífica muestra de ello es la escena final de este film de Núbil Ayouch, que si bien recuerda a la de Roberto Rossellini en Roma, ciudad abierta (Roma, città aperta, 1945), el sentido es bien distinto, pues si el italiano llamaba a la esperanza hacia el futuro, el marroquí muestra las oscuras y tenebrosas nubes que nos aguardan en un horizonte no muy lejano.

Tráiler:

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Ficha técnica:

Los caballos de Dios (Les chevaux de Dieu),  Marruecos, 2012.

Dirección: Nabil Ayouch
Guion: Jamal Belmahi
Producción: Les films de nouveau monde
Fotografía: Hichame Alaouie
Música: Malvina Meinier
Reparto: Abdelhakim Rachid. Abdelilah Rachid. Hamza Souidek. Ahmed El Idrissi Amrani

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