Críticas

Motosierra con poca gasolina

La matanza de Texas

Texas Chainsaw Massacre. David Blue Garcia. EUA, 2022.

El problema de la creación de obras que forman parte de un mundo que nace y muere con ellas es tal que, si queremos seguir con la narración, nos queda solo la imposibilidad de darle un sentido a lo que queremos contar. Lo que tiene su razón de ser en el marco de un inicio y de un final que no dejan abiertas otras puertas no puede, ni nunca podrá, permitir una reproducción de los mecanismos sobre los cuales (y gracias a los cuales) se levanta; si creamos algo en el que todo lo que hay que decir se consuma en los límites dentro de los cuales se inserta esta obra, el resultado es la imposibilidad de decir algo más ya que no quedan palabras. No significa, esto, que cualquier tipo de continuación narrativa se encuentre en un estado de imposibilidad ontológica, sino que, más probablemente, si nada nuevo es posible decir, quizás el resultado sea un cambio radical o, más probablemente, un eterno retorno de ideas ya conocidas.

El caso de la película de Tobe Hooper, aquel The Texas Chainsaw Massacre de 1974, nos lleva a las apenas escritas consideraciones ya que, desde un punto de vista narrativo, estamos ante un callejón sin salida. La película original, de hecho, una joya del género del horror (o, también, del terror) que se inserta en el marco de los slasher, presenta un arco interno perfecto, con una impecablegradación rítmica de sus componentes (los eventos que componen el cuento global). La escena final, entonces, funciona en tanto análisis de una verdad de la que nos querríamos olvidar, la absoluta obviedad de que el mal, en tanto parte del ser humano (todos los personajes de la película son elementos inmanentes de un cosmos natural), no se puede erradicar. La película, entonces, se basa en un diálogo sobre (a) los mecanismos del cuento de horror y (b) la elaboración de un discurso global sobre la humanidad. No se vislumbran, por esta razón, posibilidades de una secuela (la que sí llegó, por mano del mismo autor) o, mucho peor, de una serie de secuelas.

La película de 2022, una de las muchas nacidas de aquel 1974, intenta reanudar el discurso para presentarnos una elaboración más moderna del personaje de Leatherface y de su instinto homicida. Desde un punto de vista narrativo, si nos centramos solo en el producto en sí (o sea alejándonos de la cuestión de ser una secuela), lo que se entabla es un discurso muy simple ya que el elemento más profundo y, a la vez, más obvio, es el hecho de querer ser una película slasher. Teniendo en cuenta esta consideración, entonces, el objetivo del director y del guionista puede decirse alcanzado, ya que la tensión y la visceralidad de las imágenes resultan ser de muy buena hechura. La lección de la película madre, la falta de un compás moral verdadero y de un rechazo descarado en relación a los cánones del bien y del mal, sigue aquí vigente y viva.

La reproposición de la estructura original, con elementos modernos, resulta por esto ser un aspecto dinámico en el desarrollo de la acción fílmica.La falta de personajes con los que identificarse, repetimos, se suma a la enseñanza de 1974, ya que lo que importa no es la persona en tanto conjunto de ideas, de emociones personales, de aspiraciones, sino en tanto ser que quiere sobrevivir. Lo que sí podría parecer un tanto fuera de los cánones del juego es la presencia de un más que evidente discurso sobre la sociedad moderna; sin embargo, esta lectura de la sociedad ya se encontraba, en parte, en la película original, en la que los personajes eran los típicos jóvenes (representaciones del ciudadano de una metrópolis) que se situaban en una situación de superioridad ante el mundo del campo en el que viven los malos.

¿Resulta ser, entonces, una visión placentera, esta película de 2022, para los amantes del género? Creada como secuela directa de 1974, con el intento de deshacerse de todo lo que está entre aquel año y este, desafortunadamente la presencia de un guión apenas suficiente no permite pensar que los espectadores puedan derivar de su visión aquel placer intelectual (afirmación rara, por supuesto, que se refiere a la posibilidad de un análisis racional de los mecanismos perfectos) que encontramos en la película de Hooper. No estamos ante un desastre, pero tampoco ante una obra de óptima calidad. Roza la suficiencia, sobre todo gracias a una atmósfera bien calibrada, y a veces es posible vislumbrar elaborados momentos estructurales en la arquitectura narrativa, algo, todo esto, que no logra elevar el producto sobre el simple hecho de estar disfrutando de una simple película slasher cuya pecas narrativas a veces pueden crear daños en su totalidad. Es una película que existe y que, a lo mejor, se verá olvidada para dejar paso a otra “secuela directa” o reboot.

Ficha técnica:

La matanza de Texas (Texas Chainsaw Massacre),  EUA, 2022.

Dirección: David Blue Garcia
Duración: 81 minutos
Guion: Chris Thomas Devlin
Producción: Fede Álvarez, Herbert W. Gains, Kim Henkel, Ian Henkel, Pat Cassidy
Fotografía: Ricardo Diaz
Música: Colin Stetson
Reparto: Sarah Yarkin, Elsie Fisher, Mark Burnham, Moe Dunford, Nell Hudson, Jessica Allain, Olwen Fouéré, Jacob Latimore, Alice Krige, William Hope, Jolyon Coy, Sam Douglas

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