Críticas

¿Venganzas liberadoras?

Jinetes de la justicia

Otros títulos: Riders of Justice.

Retfærdighedens ryttere. Anders Thomas Jensen. Dinamarca, 2020.

JinetesdelajusticiaCartelEl cineasta danés Anders Thomas Jensen acumula una larga trayectoria de guionista y director. Como realizador, conocíamos el largometraje De pollos y hombres (Mænd og høns, 2015). Una propuesta que encontramos demasiado delirante y grotesca acerca de la búsqueda del progenitor por parte de varios hermanos con caracteres ciertamente dispares y un rasgo físico común: el labio leporino. Sin embargo, con su última obra, con Jinetes de la justicia, nos ha cautivado por su humor negro, por sus giros inesperados, por su tono absurdo, por la mezcla de géneros, por sus personajes inolvidables. Entre estos últimos destaca el trío maravillas, los tres torpes/superdotados para los que los sistemas informáticos y sus espacios escondidos no tienen secretos. Son Otto, Lennart y Emmenthaler, unos perdedores heridos por la sociedad pero tremendamente humanos. 

Markus, un militar de misión en el extranjero, es avisado de la muerte en accidente de tren de su mujer. Desolado, acude raudo para despedirla y encontrarse con la hija de ambos, con Mathilde. Markus se nos presenta como un hombre violento, práctico, escéptico, de ideas muy claras sobre la existencia y el destino. Tras el choque brutal con la inesperada muerte, ambos, padre e hija, deberán afrontar la tragedia para llegar a asumirla y al mismo tiempo, intentar aprender a convivir en compañía. El filme contiene un guion delicioso, irónico, divertido, violento, inocente e iniciático. Se sustenta en la teoría de las casualidades, en las probabilidades o incertidumbres que influyen para que un suceso determinado ocurra. Las investigaciones de los tres antihéroes mencionados en el párrafo anterior, sus estadísticas numéricas en acontecimientos, circunstancias diversas, enfermedades o adquisición de vehículos según la clase social del comprador o la combinación de pies zambos con sordera se encuentran muy avanzadas.

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Otto, Lennart y Emmenthaler son tres hombres inolvidables. Cada uno con sus grandes traumas y alejados de lo que otros denominarían normalidad. Seres con taras síquicas o físicas pero totalmente entrañables. Son capaces de pasar de la queja al abrazo en un pestañeo, con gran naturalidad. Desprenden ternura, inteligencia y un pasado de abusos, acosos y desprecios soportados acaso por su singularidad. Aunque quizás en este caso haya que destripar el secreto de quién llegó antes: el huevo o la gallina. Son seres “extraños” para el mundo vulgar y ordinario en el que nos movemos y debido a ello, están obligados a juntarse para su propia supervivencia. Están magníficamente caracterizados por Nikolaj Lie Kaas (Otto), Lars Brygmann (Lennart) y Nicolas Bro (Ementhaler). Por casualidad, otra más, uno de ellos también era pasajero de aquel fatídico tren y la existencia de ambos grupos, de Markus y su hija y de nuestros trío maravillas se unirán hasta desembocar en un final amable pero muy tierno y embaucador.

No piensen que estamos en una comedia. No, no lo es. Entre los géneros del thriller, drama, acción o tintes políticos, las sonrisas de los espectadores aparecen por las salidas absurdas que despliegan nuestros personajes, por combinar sal y azúcar, por volar desde la confrontación al perdón o a la venganza. Son muchos los temas a los que se acerca esta película y todos ellos están perfectamente ensamblados para que no  sobre o falte ninguno: la familia, el dolor, la ausencia, el rencor, la prostitución, el crimen, la inocencia, la compasión, la convivencia… Y ante lo más brutal, lo más indigno, lo más humillante, adopta la táctica del silencio y la comprensión. Hemos hablado del trío de magníficos pero la interpretación de Mads Mikkelsen como Markus resulta también fascinante. Precisamente se acordarán del actor por su reciente y aplaudida intervención como Martin en Otra ronda de Thomas Vinterberg (Druk, 2020), ese experimento sociológico en el que se embarcan cuatro profesores de instituto para mantener su tasa de alcohol en el cuerpo al mismo nivel.

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También encontraremos en Jinetes de la justicia juegos, no precisamente inofensivos, como los equívocos surgidos por sicólogos formados por sus recurrentes visitas a estos profesionales o expertos en reconocimientos de implicados en actos delictivos también por habilidades personales. En este largometraje todo reluce: las interpretaciones, la banda sonora, el montaje, la fotografía, el guion, los tiempos de acción y de sosiego…Y dentro de todo ello caben circunstancias tan dispersas como entretenerse con el ajedrez, tocar el clarinete, zamparse una pizza entera en off o aprender el camino para saber convivir con los propios errores y miserias. La película, además, contiene un prólogo y un epílogo en tono de cuento con estética y decorado navideño. A los sones de El tamborilero arrancará un efecto mariposa desde la elección del color de una bicicleta. Un cúmulo de sucesos que bien podrían haberse desarrollado de forma distinta. Bastaba que arrancase un coche, que se hubiera hecho caso omiso a una llamada, que no se topase con una de las pocas personas que mantienen “normas de urbanidad” en la actualidad (ciertamente machistas, todo hay que decirlo).

Estamos ante una obra que juega con el drama, con la muerte, con el cinismo y con la ironía con gran delicadeza. Sin querer molestar y atrayendo al espectador mediante la identificación con sus patéticos protagonistas. Y así mismo, seremos conscientes en que hay instintos personales que es imposible dejar atrás, inclinaciones que quizás se puedan domar o limar pero nunca borrar. Y sobresale el eterno agradecimiento con que las víctimas de las crueldades y las injusticias de este mundo acogen a las o a los que creen que les respetan, que les escuchan, que les acogen. Todo termina conformando una gran película, un descubrimiento que les aconsejamos que no se pierdan. Padecerán, reirán y reflexionarán sobre la muerte, sobre las casualidades, sobre los errores y sus derivados.

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Entre violencia desatada, resulta sorprendente que lo que se transmita sea la bondad, la belleza y la comprensión. El filme se transforma en un puente para aceptar y entender no solo a nosotros mismos sino también a los demás. Se erige como una vía de indagación inteligible, abreviada en el tiempo, del análisis de nosotros mismos, de nuestras carencias y virtudes. Un aprendizaje hacia el consuelo y el diálogo, emociones que surgen en la oscuridad de la sala, desde una pantalla que funciona como espejo en el que mirarse y en el que descubrir lo más mezquino y lo más noble. No, si al final, habrá que volver a Aristóteles y a su Ética a Nicómaco. A la visión del hombre como animal social, como persona conformada en un  “ser en sí y con otros y para otros”. Una conquista de la dignidad compartiendo miedos, miserias, frustraciones, osadías y valores.

Tráiler:

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Ficha técnica:

Jinetes de la justicia  / Riders of Justice (Retfærdighedens ryttere),  Dinamarca, 2020.

Dirección: Anders Thomas Jensen
Duración: 116 minutos
Guion: Anders Thomas Jensen. Idea: Nikolaj Arcel, Anders Thomas Jensen
Producción: Zentropa Productions, Film I Väst, Zentropa International Sweden. Distribuidora: Magnet Releasing
Fotografía: Kasper Tuxen
Música: Jeppe Kaas
Reparto: Mads Mikkelsen, Nikolaj Lie Kaas, Gustav Lindh, Roland Møller, Nicolas Bro, Andrea Heick Gadeberg, Lars Brygmann, Albert Rudbeck Lindhardt, Morten Suurballe, Jakob Ulrik Lohmann, Rikke Louise Andersson, Jesper Groth, Gustav Dyekjær Giese, Henrik Noél Olesen, Jesper Ole Feit Andersen, Kaspar Velberg, Rigmor Ranthe, Anne Birgitte Lind, Peder Holm Johansen, Raivo Trass, Johanne Dal-Lewkovitch

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