Críticas

Las buganvillas de Cielo Drive

Érase una vez en… Hollywood

Once Upon a Time... in Hollywood. Quentin Tarantino. EUA, 2019.

Cartel de Había una vez en HollywoodQuentin Tarantino ha llegado a un momento de su carrera en que puede hacer prácticamente lo que le apetezca, como le apetezca y con quien le apetezca, y lo que ha decidido en su novena película es rendirle un homenaje al propio mundo del cine y a la ciudad de Los Ángeles, en la que pasó su infancia. Como anclaje argumental de toda la trama ha utilizado un episodio real que acaba de cumplir 50 años, el asesinato de Sharon Tate y algunos amigos en su mansión de Cielo Drive a manos de la Familia, la secta de Charles Manson.

El cine y las referencias cinematográficas siempre han sido un elemento fundamental en el cine de Tarantino, pero esta es la primera vez que Tarantino se vuelve sobre sí mismo y presenta de una manera tan explícita una declaración de amor al séptimo arte (en realidad, al cine y a la televisión) y a la ciudad de Los Ángeles.

Érase una vez en… Hollywood es una auténtica delicia para cualquier tipo de espectador, no solo para los más cinéfilos, pero no creo que sea la mejor película de Tarantino y, aunque hay en ella algunos ingredientes que la pueden convertir en un clásico casi instantáneo, queda lejos de algunas obras maestras que también han tratado de reflejar el mundo del cine, como El crepúsculo de los dioses (Sunset Boulevard, Billy Wilder, 1950), Cantando bajo la lluvia (Singin’ in the Rain, Stanley Donen y Gene Kelly, 1952), La noche americana (La nuit américaine, François Truffaut, 1973), Ed Wood (Tim Burton, 1994) o Boogie Nights (Paul Thomas Anderson, 1997), por citar solo algunas de las más icónicas.

De todas maneras, no creo que fuera la intención de Tarantino hacer la gran película contemporánea sobre Hollywood, sino recrear la ciudad de Los Ángeles en su última edad dorada y homenajear a un mundo y a una profesión que ya no existen de la misma manera. Tarantino establece desde el primer momento un juego permanente entre la ficción y la realidad: por un lado, tenemos a Rick Dalton (Leonardo DiCaprio) y a Cliff Booth (Brad Pitt), su doble de acción, que son personajes ficticios; por otro, tenemos a Sharon Tate (Margot Robbie), que es, en principio, un personaje real, pero que, en manos de Tarantino, acaba siendo un personaje tan ficticio como los salidos de la imaginación del autor. En realidad, esto es lo que permite realizar una interesante lectura de la película: da igual qué es verdad y qué no, pues podemos convertirlo todo en realidad gracias al cine, porque las imágenes le pueden dar aspecto de realidad, y eso nos permite, no solo recrear la historia y la ciudad de Los Ángeles en 1969, sino también modificar los acontecimientos.

Si hay algo que siempre he admirado en Tarantino es su amor y su pasión por el cine, que se traduce en cinefilia, pero también en cinefagia, ya que ha visto prácticamente todo y no solo los grandes títulos. Tarantino, para que el reparto se hiciera una idea de cómo era aquella ciudad de Los Ángeles que trataban de recrear, le puso al equipo tres películas: Estudio de modelos (Model Shop, Jacques Demy, 1969), Bob, Carol, Ted y Alice (Bob & Carol & Ted & Alice, Paul Mazursky, 1969) y Play It as It Lays (Frank Perry, 1972). Y no solo eso, sino que ha ampliado la lista con algunos títulos más, películas de espías, algún título bélico y, sobre todo, westerns en los que perfectamente podría haber intervenido Rick Dalton: El salario de la violencia (Gunman’s Walk, Phil Karlson, 1958), Battle of the Coral Sea (Paul Wendkos, 1959), El renegado de Arizona (Arizona Raiders, William Witney, 1965), Easy Rider: Buscando mi destino (Easy Rider, Dennis Hopper, 1969), La mansión de los siete placeres (The Wrecking Crew, Phil Karlson, 1968), Tráfico ilegal (Hammerhead, David Miller, 1968), Flor de cactus (Cactus Flower, Gene Saks, 1969) y Camino recto (Getting Straight, Richard Rush, 1970).

Aunque Érase una vez en… Hollywood ha pasado ya a formar parte de la lista de películas ambientadas en Los Ángeles, junto a clásicos como Rebelde sin causa (Rebel Without a Cause, Nicholas Ray, 1955), Chinatown (Roman Polanski, 1974), El gran Lebowski (The Big Lebowski, Joel y Ethan Coen, 1998) o Mullholland Drive (David Lynch, 2001), y a títulos más recientes, como La ciudad de las estrellas (La La Land, Damien Chazelle, 2016) o Lo que esconde Silver Lake (Under the Silver Lake, David Robert Mitchell, 2018), no hemos de olvidar que la novena película de Tarantino no pretende ser tanto una recreación de esa ciudad (aunque también lo sea, gracias, sobre todo, a los automóviles, a las canciones que suenan en la radio y a los carteles luminosos de los cines y restaurantes) como de la amistad y la relación entre sus dos protagonistas. Y es que, no en vano, estamos ante una magnífica buddy movie, que funciona perfectamente gracias a la química que se produce en pantalla entre Leonardo DiCaprio y Brad Pitt, dos actores en estado de gracia que recuerdan a otra gran pareja masculina de la historia del cine, Paul Newman y Robert Redford, inolvidables protagonistas de Dos hombres y un destino (Butch Cassidy and the Sundance Kid, George Roy Hill, 1969) y El golpe (The Sting, George Roy Hill, 1973).

Rick Dalton (DiCaprio) es una estrella de la televisión en horas bajas que no ha conseguido dar su salto a la gran pantalla, pero que sobrevive gracias a pequeños papeles de villano que le ofrecen en otras producciones. Con él siempre está Cliff Booth (Brad Pitt), su doble de acción, su chófer y su chico para todo. Dalton vive en Cielo Drive, en Beverly Hills, al final de una calle sin salida a la que se acaba de mudar el matrimonio formado por Roman Polanski (Rafal Zawierucha) y Sharon Tate (Margot Robbie): ella acaba de estrenar La mansión de los siete placeres; él acaba de rozar el cielo con La semilla del diablo (Rosemary’s Baby, 1968).

En realidad, la película, cuyo tiempo narrativo se concentra en dos días de febrero y dos días de agosto de 1969, sigue de cerca a Dalton y a Booth, y, de manera un poco más anecdótica, a Tate, a la que contemplamos con admiración y casi adoración, como si la cámara no quisiera acercarse demasiado a ella. Se han buscado las correspondencias reales del personaje de Brad Pitt y se apunta a Hal Needham, doble de Burt Reynolds, y al doble de acción de Steve McQueen, Bud Ekins, pero no se ha hablado tanto de las posibles equivalencias de Rick Dalton, aunque está claro que tiene resonancias de Clint Eastwood, si bien no coincide ni el tiempo ni los resultados, pero por algo Tarantino se permite licencias. De todas maneras, DiCaprio ha dicho que se inspiró en la carrera de actores como Ralph Meeker.

Sin duda, el gran acierto de Érase una vez en… Hollywood es la recreación de la supuesta filmografía de Dalton, a base de carteles, secuencias, tráilers e intervenciones diversas. Aunque no es un western, es un homenaje al western y al cine bélico, pero también a directores del western europeo como los italianos Antonio Margheriti y Sergio Corbucci (el segundo mejor director de spaghetti western, dice el personaje de Pacino, ya que el primero, claro, es Sergio Leone, de cuya filmografía toma Tarantino el título de esta película) o el español Joaquín Romero Marchent. El personaje que interpreta DiCaprio es, desde luego, el más agradecido, pero creo que Brad Pitt sabe darle unos matices muy interesantes a su personaje, y no deja de resultar curioso que sea Brad Pitt el que hace de doble de DiCaprio, pero es una manera de dignificar y visibilizar a los especialistas, que tan importantes han sido en la historia del cine.

No se pierdan los movimientos de cámara, las magníficas intervenciones de Timothy Olyphant y la niña Julia Butters, el homenaje a Luke Perry, las apariciones de Steve McQueen (Damian Lewis) y Bruce Lee (Mike Moh), la visita de Cliff al Rancho Spahn y, sobre todo, las escenas de La gran evasión (The Great Scape, John Sturges, 1963) en las que Dalton interpreta a Hilts.

No creo que sea una obra maestra ni la mejor película de Tarantino, pero destila tanto amor al cine, a la televisión y, en general, al mundo del espectáculo y a su propia historia, que va a permanecer en la memoria. Es una película que deja muy buen sabor de boca, con un final que resulta, tras un momento granguiñolesco, divertido y amable, esperanzador. Tarantino se lo ha pasado muy bien haciendo esta película, se lo ha hecho pasar bien a los actores y nos lo ha hecho pasar bien a los espectadores. No es poco, desde luego, y lo más probable es que Érase una vez en… Hollywood se convierta desde ya en un clásico del cine dentro del cine.

Tráiler:

Ficha técnica:

Érase una vez en… Hollywood (Once Upon a Time... in Hollywood),  EUA, 2019.

Dirección: Quentin Tarantino
Duración: 161 minutos
Guion: Quentin Tarantino
Producción: David Heyman, Shannon McIntosh, Quentin Tarantino
Fotografía: Robert Richardson
Música: Varios
Reparto: Leonardo DiCaprio, Brad Pitt, Margot Robbie, Emile Hirsch, Margaret Qualley, Timothy Olyphant, Julia Butters, Austin Butler, Dakota Fanning, Bruce Dern, Mike Moh, Luke Perry, Damian Lewis, Al Pacino, Nicholas Hammond

2 respuesta a “Érase una vez en… Hollywood”

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