Críticas

Jóvenes y adultos: entre la marginalidad no deseada

Arpón

Tom Espinoza. Argentina , 2017.

Arpón es el primer largometraje del joven cineasta venezolano Tom Espinoza, estrenado el 7 de diciembre de 2017. Rodado en Buenos Aires, Argentina, su acción se desarrolla en una escuela del Conurbano bonaerense. El film  relata las peripecias de un director de escuela secundaria, agobiado y llevado al extremo de sus fuerzas por una realidad social compleja, con estudiantes adolescentes en condición de precariedad y alta vulnerabilidad social.

El relato se centra en la mirada de los adultos y la fragilidad de sus acciones en un contexto adverso. La escuela, anclada en la periferia, se percibe aparentemente amenazada por algún peligro, razón por la cual su director (Argüello) deberá accionar. Interpretado por el actor Germán Da Silva, día a día, revisa las mochilas en busca de una amenaza latente (he aquí parte de sus miserias, de sesgo autoritario ante lo desconocido). Cata, interpretada por Nina Suárez, una estudiante de 14 años, será la presa principal de sospecha y sistemático hostigamiento.

Hasta aquí se dirime parte del problema, dado que la joven adolescente pasará a ser foco de atención,  pues excede el peligro colectivo para contener en ella un mundo particular de despojos y soledades. Carente de la presencia de un supuesto espacio familiar que lo contenga, Argüello pasará del maltrato a la protección, con el fin de evitar un destino que, presiente, podría resultar trágico. He aquí la cuota de humanidad que lo sumerge, involuntariamente, en una situación en la que, paradójicamente, lo lleva a transitar por oscuras zonas de su propia realidad.

Durante la espera por el regreso de algún adulto que recoja a la adolescente, ambos  pasarán juntos un sinfín de experiencias, que desatarán otra parte de la historia en la que tendrán que “soportarse”, inevitablemente, en un submundo confuso,  cargado de situaciones de marginalidad y soledad implacable.

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El film invita a transitar un drama, cuyo clima de tensión resulta claro y sostenido. Durante el desarrollo, se  despliegan escenas que enfatizan los límites de los personajes, que padecen, en el caso de los docentes,  estados de perplejidad y falta de respuestas, en las que no solo Argüello se muestra acorralado y amenazado constantemente, sino también la profesora de Historia, compañera y “cómplice” del director,  a cargo de la actriz Ana Celentano. El personaje se construirá desde el lugar constante y sostenido por la complicidad,  ante la condición del posible descontrol y  locura. Ella lo comprende, porque sabe, también,  que esa cotidiana realidad podría estallar en cualquier instante.

La trama tiene tres grandes momentos: la presentación (en la que se plantea la realidad de sus personajes, sus soledades, sus abatimientos);  el desencuentro generacional (que se dirime en la relación entre adultos y jóvenes, plasmado con notable profundidad dramática, tal como ya se mencionó); y por último, el accidente de Cata (ella, estando con sus amigos en un lago, sufre un accidente, y es a partir de allí que Argüello decidirá cuidarla a cualquier costo). Sobre estos tres ejes se sostiene y fortalece la narrativa del film.

Ahora bien, más allá de la definición de su director y guionista, como thriller dramático, no logra transitar este género. Si bien es un drama, con una lograda cuota de realismo, que intenta denunciar a estos jóvenes y adultos atravesados, metafóricamente, por el arpón, no logra cumplir con los requisitos del género, flaqueando al respecto en su segundo tramo.

La historia tiene vaivenes, pues suceden situaciones que intentan abordar la realidad de una supuesta escuela secundaria en la localidad de Berazategui (provincia de Buenos Aires), tal como lo expresa en una entrevista el director del film; pero en los hechos, la realidad institucional abordada no se resuelve de manera acertada. Más allá de la buena intención de Espinoza, se entra en contradicciones sobre la intencionalidad realista del film.

En relación a lo dicho, la temática elegida,  cuyo anclaje resulta novedoso, no encastra con la realidad argentina. Tiene el descuido de recurrir a  experiencias fugaces y autorreferenciales  de su propia vivencia en Venezuela, que para el público argentino, al cual se refiere la película, no logra plasmar.

Las actuaciones de los protagonistas resultan solventes, creíbles y empáticas expresando y construyendo personajes en los que, quienes transitan con frecuencia las escuelas, se pueden sentir identificados e interpelados.

Sobre el manejo de  cámaras, las resoluciones responden a la modalidad en  mano, haciendo tal vez un uso excesivo, en el que se conjugan planos cerrados y medios. Se identifican algunas limitaciones que se pueden relacionar con la falta de experiencia de Espinoza sobre largometrajes (siendo que esta es su ópera prima, poco acostumbrado por ello a planteamientos de tensión prolongada) o con el criterioso manejo de lo verosímil, como por ejemplo al sentido otorgado al objeto portado por Cata (jeringa con botuxs), cuyo fin es el de consumir y traficar para mejorar la imagen (esta temática no es frecuente en las escuelas argentinas).

En síntesis, más allá de estas «flaquezas», sin embargo, el film provoca e invita a pensar para  comprender el universo en el que se ven sumergidos jóvenes y adultos en las escuelas, amedrentados por las adversidades que la sociedad moderna impone. Más allá de las observaciones, es una interesante propuesta para la reflexión sobre los miedos que atraviesan cotidianamente muchas instituciones escolares pobladas por estudiantes secundarios y docentes.

 

Tráiler:

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Ficha técnica:

Arpón ,  Argentina , 2017.

Dirección: Tom Espinoza
Duración: 81 minutos
Guion: Tom Espinoza
Producción: Aramos Cine / Bajo La Manga / La Caja Azul
Fotografía: Manuel Rebella
Música: Nascuy Linares
Reparto: Germán de Silva, Ana Celentano, Nina Suárez

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