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Ed Wood, una vida de cine

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Tim Burton realiza en Ed Wood (1994) un homenaje a una leyenda real del cine mundial, un director de culto recordado, no por sus grandes obras, sino por haber sido considerado como “el peor director de la historia del cine”. Con este biopic fiel a la realidad, Burton trata de recuperar la memoria de un personaje denostado, pero desde la admiración y el respeto, y quizá con cierta nostalgia. La fotografía en blanco y negro le da cierta pátina de clasicismo y serenidad a la cinta, pero el desarrollo narrativo de las desventuras de Ed Wood, así como la mayoría de las interpretaciones, nos acercan más al terreno de la comedia. Pero veamos algunos aspectos con más detenimiento.

Timothy William Burton, director, guionista y productor estadounidense, es uno de los autores más originales y reconocibles, en cuanto a estilo, del Hollywood actual, creando un universo propio marcado por los clásicos, el reciclaje cultural y una imaginación desbordante y creativa de notable impronta visual con personales historias, muchas de ellas con rasgos de humor negro y significadas por el protagonismo principal de caracteres inadaptados, antihéroes de fácil identificación con su autor. Ed Wood es una de sus obras más celebradas (ha obtenido dos premios Oscar: Mejor Actor Secundario a Martin Landau y Mejor Maquillaje), una obra que muestra el amor de Tim Burton, no ya por el cine de serie B, sino su amor por el cine en general.

ed-wood-cartel¿Quién fue el personaje histórico? Edward Davis Wood, Jr. nació en Poughkeepsie (New York) el 10 de octubre de 1924. Creció leyendo cómics y libros de ciencia‑ficción, aunque también le gustaba la música, y durante un corto periodo de tiempo tuvo un grupo llamado The Sunshine Mountaineers con algunos amigos de su vecindario. Cuando tenía once años, sus padres le regalaron una cámara y Edward descubrió su gran pasión: el cine. Respecto al travestismo de Wood, nadie conoce con exactitud cómo se desarrolló. En palabras de Ed Wood: “Si queréis conocerme, ved Glen o Glenda. Ese soy yo; esa es mi historia; sin preguntas. Pero Plan 9, ese es mi orgullo. En esta usamos los tapacubos de un Cadillac para hacer los platillos volantes”. Ed Wood murió el 10 de diciembre de 1978 a la edad de 58 años. Quizás no fuera el mejor director ni el que mejores películas hizo, pero seguramente fue el que más amó la profesión, y buena muestra de ello es la película de Tim Burton.

George Weiss, el productor al que embauca Ed Wood para realizar Glen or Glenda (1953), escucha sus explicaciones sobre el tema y el estilo del film para decirle después: “Yo no hago grandes películas, hago basura”. En la versión propuesta por Tim Burton de la vida y obra de Wood, basada a su vez en el libro que le consagró Rudolph Grey, Nightmare of Ecstasy. The Life and Art of Edward D. Wood Jr., el considerado peor director de la historia del cine intenta hacer siempre la película definitiva, el film más grande que la vida, aunque sea una fantochada con monstruos de opereta, saqueadores de tumbas que aparecen de día en el plano y de noche en contramano y platillos volantes confeccionados con platos de cocina embadurnados de pintura plateada. Burton embellece a conciencia la leyenda sobre el personaje. Lo lleva también a su terreno, cierto, y respeta a la vez la iconografía y los lugares comunes, pero haciendo más soportable, menos dramático de lo que posiblemente fue en la realidad, el peculiar itinerario de Wood por los bajos fondos de Hollywood, por la trastienda sin glamour alguno de la denominada meca del cine. De hecho, en palabras del propio Burton recogidas en el imprescindible libro de Mark Salisbury, Tim Burton por Tim Burton, sobre el cineasta reconoce su particular identificación: “Tal y como yo lo veo, y como nos veo a él y a mí, cualquiera de mis películas pudo haber fracasado de verdad, por eso la línea entre el éxito y el fracaso es muy fina. Por eso me identificaba tanto con él. Eso es lo que creo y, quién sabe, mañana yo podría convertirme en otro Ed Wood”.

ed-wood-1De ahí la secuencia que reproduce un exagerado y multitudinario estreno de Plan 9 from Outer Space (1959), la relación con Bela Lugosi o el encuentro casual con Orson Welles en un bar, quizá real, quizás imaginado por Wood, quizás inventado por Burton. El director de Citizen Kane (1941), interpretado por Vicent D´Onofrio, le cuenta amargamente que los productores de Universal quieren que Charlton Heston haga de mexicano en la película que está preparando. Trasquilado como Wood, acaba recomendándole que cumpla sus sueños. Wood ve la luz e, imbuido de la epifanía wellesiana, sale corriendo del bar y termina Plan 9 como la ha ideado, sin injerencias de los curiosos productores de la iglesia baptista a los que ha engañado para la financiación. Burton convierte la penuria de la serie B, como se ha acuñado popularmente, en una aventura lúdica: la secuencia del hurto del pulpo de plástico para rodar unos planos con Lugosi, chapoteando en una charca en imposible lucha con los tentáculos de mentira, es un buen ejemplo de la mirada algo nostálgica, poco corrosiva pero, a la vez, bastante certera, con la que Burton decidió contemplar la singladura cinematográfica de un personaje tan bizarro como cualquiera de los protagonistas de sus películas.

Aunque la paternidad de Ed Wood le corresponde a Burton, por elección afectiva al tratar los personajes, por la disposición tragicómica de muchos pasajes, por su cromatismo en blanco y negro, conviene recordar que los guionistas del film, Scott Alexander y Larry Karaszewski, son también responsables de otros dos biopics de la misma época sobre personajes de la cultura popular igual o más extremos que Wood: El escándalo de Larry Flynt (1996), en torno al creador de la revista erótica y sensacionalista Hustler, y Man on the Moon (1999), sobre el controvertido cómico Andy Kaufman. Podríamos ver un reclamo de una cultura popular basado en el estudio de la cultura basura para reivindicarse a sí misma como transgresora y hedonista.

ed-wood-2Burton es muy directo y práctico al mostrar los elementos que configuran el submundo cinematográfico en el que se forjó el trabajo de Wood, pero aprendemos a ver las cosas como las ve Wood. El proceso creativo de Ed Wood es tan enloquecido como su propia vida, y es que su propia vida alimenta su cine. No importa que un actor golpee un decorado y este se venga prácticamente abajo, el plano será bueno. El citado Weiss tiene antes el póster de la película que quiere producir sobre el cambio de sexo que el guion de la misma. El veterano director de fotografía que ilumina como puede los films que rueda Wood es daltónico, así que no distingue los colores del vestuario que le enseña el protagonista; sin embargo, lo importante es que la cámara funcione. Cuando el productor de la Warner y sus socios ven el primer corte de Glen or Glenda sin entender absolutamente nada, el ejecutivo acaba pensando que se trata de una broma que le gasta William Wellman, al parecer aficionado a este tipo de sarcasmos. Los rodajes –en la película solo tres, Glen or Genda, Bride of the Atom (1955) y Plan 9 from Outer Space– se realizan en cuatro días y en ese tiempo se debe conseguir un film de siete rollos de metraje; no es de extrañar que el plan de rodaje de una noche contemple más de veinticinco escenas. Burton lo hace con gran naturalismo y sentido del humor (la secuencia del pulpo de plástico, el rodaje de la escena en el cementerio de Plan 9 ante los baptistas), y con una voluntad patente de acercarse lo máximo posible a la gestualidad e idiosincrasia de lo evocado: en este sentido, el maquillaje convierte a Martin Landau en un más que convincente Bela Lugosi, Johnny Depp clava con algún exceso al verdadero Wood, al igual que el resto del reparto, Lisa Marie como Vampira, Jeffrey Jones en el del adivino Criswell…, realizan un excelente trabajo de caracterización. Todos estos aspectos de preproducción son narrados con especial detalle por Burton: las distintas entrevistas con productores, las fiestas para buscar inversores y actores reconocibles que quieran participar en sus películas…

ed-wood-3Estéticamente opta por una puesta en escena que evidencia su naturaleza cinematográfica: la fotografía en blanco y negro, los encadenados, cortinillas y elipsis proclaman su pertenencia al Hollywood clásico. Es decir, para contar la historia de Ed Wood, Tim Burton lo hace a la manera de Ed Wood. En todos estos aspectos, el director de arte, el escenógrafo (se mimó el detalle para que incluso los decorados fueran idénticos), la utilería (el mismo Wood era empleado de ese oficio), vestuario y maquillador reproducen a la perfección todo el universo temporal de Wood. Incluso podemos decir que se retrotrae incluso más atrás, casi a los comienzos del cine, cuando rueda la salida de Lugosi de su casa y Wood encara la escena simplemente con la cámara para rodar.

La presencia de Lugosi en el relato es quizás algo excesiva e invasiva, como si Burton no confiara del todo en las prestaciones dramáticas del singular Ed Wood y decidiera reforzar la historia con la relación, muy idealizada, con el actor que encarnó a Drácula. Ed Wood fue un hombre de cine y entregado en su totalidad a ello y, aunque sus dotes eran más que cuestionables, su misma vida y su peripecia vital y profesional fueron más que suficientes para justificar este honrado homenaje de Burton.

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