Críticas

Trozos de un recuerdo

Adiós a la memoria

Nicolás Prividera. Argentina , 2020.

El documental Adiós a la memoria, dirigido por Nicolás Prividera, es un ejercicio ensayístico de remembranza y búsqueda de un pasado familiar – inmerso a la vez en el contexto político y social-, a través de imágenes hogareñas de archivo, películas domésticas en súper 8 filmadas por su padre, Héctor Prividera, y las escasas fotografías que retratan aquellos años perdidos de su infancia.

Prividera completa así una trilogía documental compuesta por las cintas M (2007) y Tierra de los padres (2011), en las que se sumergía en su historia personal y la de su familia yuxtaponiéndola a su vez con la de su país. En la primera se enfoca en la desaparición de su madre, Marta Sierra, tras el golpe militar en 1976, mientras que en la segunda se aboca a las víctimas mortales derivadas de la violencia política en diferentes periodos de la historia de la Argentina.

En esta ocasión, a través de un viaje visual en el tiempo, el realizador parece ansiar reconectarse emocionalmente con su padre, quien tras un agresivo Alzheimer perdió todo contacto con su realidad y sus recuerdos, arrollado por la devastadora enfermedad. Es así como Adiós a la memoria funciona como un reencuentro con esa figura paterna incomprensible, tan lejana como añorada y finalmente extraviada. Mediante la recuperación de los videos caseros, escudriña una respuesta al distanciamiento impuesto por su padre, al tiempo que intenta comprender el porqué de su dolorosa apatía y consecutiva reclusión en sí mismo, el porqué de su abandono, su retraimiento y profunda depresión derivada de la desaparición de su madre.

Con su voz en off, mediante una narración en tercera persona hondamente reflexiva y poética, Prividera cavila sobre su niñez, sobre la intención de su padre de registrar ciertos instantes íntimos y experimentar con una cámara -misma que en sus últimos años olvidó cómo usar-. Un psiquiatra de profesión, interesado a profundidad en el funcionamiento de la mente, y que, irónicamente, terminó sin poder controlar sus propios recuerdos y pensamientos.

Dividida en siete partes y un epílogo, la cinta despliega un cuidadoso trabajo de edición que consigue el tránsito natural entre los tiempos de las películas por años guardadas y el presente en que nos comparte la angustia de ambos por la progresiva pérdida de memoria, que lo llevó a olvidar incluso el nombre de su propia esposa, la madre de Nicolás. Por momentos se detiene alguna de las imágenes, se rebobina la película para encuadrar un gesto peculiar, un movimiento de hombros o una mirada cargada de preocupación, a fin de descubrir alguna emoción contenida en aquel rostro congelado en pantalla, y con la esperanza de descifrar interrogantes que nunca se formularon.

Asimismo, en uno de los planos recurrentes se nos presenta el cuaderno de notas en el que su padre registraba desesperadamente con prisa y, todos aquellos datos importantes que deseaba retener como fuera posible, nombres de películas, de canciones, de artistas, ideas al aire, frases de libros, retazos de recuerdos y trozos de toda una vida que se le escapaban sin que pudiera asirlos, porque como señala el director, “la memoria no es un depósito sino un campo de batalla”.

El tono en que se va narrando el paso del tiempo, la memoria desencajada, es de pronto pesimista y desesperanzado. De pronto, en la película se da un proceso en que una memoria puramente íntima e individual se entrelaza con la memoria histórica y colectiva de una nación golpeada por la dictadura, el autoritarismo y la violencia. Es así como, en cierto momento se da un giro en el que vira de lo familiar hacia lo político y lo colectivo. Declara que “toda memoria es social, no hay memoria puramente personal ya que se construye en diálogo con los otros…siempre hay un elemento comunitario en esa construcción”. Incluso se cuestiona el porqué su padre no filmaba más a menudo la realidad de su tiempo, además de afirmar que él no le gustan los indiferentes, por lo que, todos deberían de tomar alguna postura, hacer conciencia y mirar al otro. Involucrarse en cuestiones políticas, participar desde su lugar.

No obstante, lo más interesante de este agudo ensayo visual, es la reflexión que Nicolás Prividera nos deja sobre el paso del tiempo y el dolor del olvido, que a veces es elegido y otras impuesto por la vida misma. Su diatribas sobre el abismo sin principio ni fin que significa la pérdida paulatina y demoledora de la memoria.

A la postre, Adiós a la memoria es un bello y triste trabajo de redescubrimiento de un padre mediante las imágenes que éste dejó como legado.

 

Ficha técnica:

Adiós a la memoria ,  Argentina , 2020.

Dirección: Nicolás Prividera
Duración: 92 minutos
Guion: Nicolás Prividera
Fotografía: Héctor Prividera, Nicolás Prividera
Reparto: Héctor Prividera, Nicolás Prividera

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.