Críticas

Buscando la identidad

Disco Boy

Giacomo Abruzzese. Francia, 2023.

Es una suerte que pululen por la exhibición cinematográfica algunas piezas concentradas en mostrar ejercicios de estilo a un paso de la radicalidad extrema, fortalecida por su renuncia a ofrecer concesiones a quienes opten por su visionado. Uno de esos ejemplos, en el que merece la pena detenerse y emplear tiempo cinéfilo en su descubrimiento, es la película Disco Boy (Francia, 2023), de Giacomo Abruzzese. Se trata de la ópera prima de un realizador italiano formado en el territorio del cortometraje y en el documental. Su acercamiento y exploración a los parámetros formales de la no ficción se dejan ver con claridad meridiana en su apuesta estética en su debut como director de largometrajes.

La película que traigo aquí se presentó en la sección oficial a concurso del Festival Internacional de Cine de Berlín, donde el jurado apreció una contribución artística sobresaliente. Una distinción que define bastante su textura fílmica. Un aporte técnico y, por lo tanto, también narrativo, de valiente estilo, elaborando un dispositivo visual sugestivo que va más allá del plano artístico y supone una declaración de intenciones, propia de los cineastas que echan mano de los recursos que han captado como espectadores de otros directores o aplicando elementos propios acordes con la materia orgánica narrada. Cualquier herramienta es válida para trazar, en este caso, un película sobre el autodescubrimiento.

Es una inmensa pena, casi una fatalidad, que títulos como Disco Boy no cuenten, cuando llegan a la cartelera comercial, si llegan y encuentran una pantalla no conquistada por otros productos más asequibles, el respaldo del público. En la zona de España en la que habito, una comunidad pequeña, uniprovincial como La Rioja, su única proyección se registró en su Filmoteca, llamada con todo el honor, Rafael Azcona, enmarcada en el epígrafe «Estreno sin Estrenar». Aunque instituciones culturales, como las filmotecas, muestren un gran arraigo por el cine más plural y divergente no está de más que en otros ámbitos, como los recintos comerciales, se hagan eco también de otro tipo de propuestas, diferentes, ambiguas y, por lo general, más interesantes que aportes de planteamiento, salvo honrosas excepciones, convencionales.

Disco Boy es un áspero drama, casi disidente y de modo abstracto, que aborda temas actuales de la Europa de hoy, como la migración y los todavía punitivos efectos del colonialismo empresarial en África. Dos escenarios, dos mundos, dos sensaciones, dos conflictos tan lejos o tan cerca que, en este caso, se entrelazan en un argumento más sólido de lo que podría pensarse en un realizador recién llegado a tareas creativas poco trilladas.

Esa conexión de dos continentes y dos personajes que, sin conocerse, van a quedar enlazados desde los primeros compases del filme marca un recorrido curioso. La acción de la historia se inicia en un paraje selvático, exterior noche, sin apenas luz y con una cámara que se mueve en ligero travelling por un espacio pequeño, en cuyo suelo duerme gente de raza negra, hasta concluir el movimiento colocando el foco en el rostro de una joven (Laetitia Ky), en el que distinguimos dos penetrantes ojos de distinto color. Enseguida, por corte, en una transición de libro pero majestuosa, la cámara nos enseña la cara muy pétrea y particular del actor alemán Franz Rogowski, que da vida a Aleksei, un bielorruso que viaja en un autobús. Estos dos seres, que no saben de la existencia del otro, quedarán conectados de tal manera que el destino y las circunstancias descritas en el guion del propio Giacomo Abruzzese se reencontrarán tiempo más tarde, sellando un vínculo extraño, silencioso y abstracto. En esta película, los impulsos que mueven los acontecimientos, como he dicho en modo de abstracción, me recuerdan, salvando las distancias, a la variante estilización empleada por el cineasta catalán Albert Serrá en su superior obra Pacifiction (España, 2022).

Aleksei y su mejor amigo se camuflan de seguidores de fútbol de un equipo bielorruso. Cuando atraviesan la frontera con Polonia y entran en un país de la Comunidad Europea, su intención es llegar a París y allí rehacer su vida. Aleksei lo logra y solo, sin ningún tipo de ayuda, se alista en la Legión Extranjera que, sin miramientos, le otorga residencia y pasaporte francés. Entrenado para combatir y soportar las condiciones más adversas, es enviado junto a su compañía a Nigeria, al Delta del Níger, donde un bastión de rebeldes denominado Movimiento de Emancipación del Delta del Níger ha secuestrado a empresarios franceses que explotan los yacimientos petrolíferos de la zona, contaminando con sus residuos una área en la que sus habitantes tienen dificultades para alimentarse de sus productos autóctonos.

Otra de las ventajas que proporciona apuntarse a la Legión Extranjera es que puedes cambiar tu nombre de pila. Aleksei se convierte en Álex, un galo más. Este chico es una figura solitaria, ensismismada, errática y todavía por definir. Busca su sitio en el mundo y, mientras cuaja su estilo de vida, se acomoda en un ambiente que no es el suyo, pero le brinda oportunidades.

Y la oportunidad más clara y contundente la obtiene en una misión arriesgada y peligrosa en una zona inhóspita y violenta de la costa nigeriana. Lo que aquí sucede es catártico y transformador. Álex experimentará un combate con el líder revolucionario Jomo (Morr N’Diaye), hermano de la chica de los ojos de color desigual. Su lucha acarreará una mutación que nos conduce, brevemente, a aspectos sobrenaturales, cercanos a los códigos del fantástico.

Lo que sucede en Nigeria no se queda en el país africano, y Álex, de regreso a su nuevo hogar en Francia, experimenta una transformación brutal. Sigue siendo un tipo poco empático, negado para la sororidad y actúa como un verso libre. Su sociabilidad es nula hasta que visita un antro musical y se tropieza con alguien inesperado que activa un espíritu insurgente camino de encontrar su sitio en el mundo, su redención y su liberación.

Disco Boy es una película compleja, de sentidos visuales y discursivos, de imágenes incisivas y sensoriales, que conforman una estilizada ópera prima muy sugerente y, a ratos, fascinante, sobre dos polos que se atraen y el tema subyacente de la necesidad de encontrar el espacio, real o metafórico, en el que sentirse realizado. Giacomo Abruzzese se concentra en narrar una forma de estar en este mundo.

Tráiler de la película:

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Ficha técnica:

Disco Boy ,  Francia, 2023.

Dirección: Giacomo Abruzzese
Duración: 91 minutos
Guion: Giacomo Abruzzese
Producción: Coproducción Francia-Italia-Polonia-Bélgica; Donten & Lacroix Films, Dugong Films, Films Grand Huit, DIVISION, Panache Productions
Fotografía: Hélène Louvart
Música: Vitalic
Reparto: Franz Rogowski, Morr N'Diaye, Laettia Ky, León Lucev, Matteo Olivetti y Robert Wieckiewicz

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