Festivales 

XVI Festival Internacional de Cine de Morelia

cartel FICMDel 20 al 28 de octubre, nuevamente, la ciudad de Morelia se impregnó de cine y fiesta, para celebrar la decimosexta edición de su Festival Internacional de Cine, uno de los más destacados e importantes en México.

A lo largo de ocho días se dieron cita numerosos encuentros entre importantes realizadores internacionales y nuevos talentos con el público espectador, que pudo gozar de propuestas interesantes, funciones gratuitas, clases magistrales, alfombras rojas y muchas actividades más.

Las camelinas, flor típica del estado de Michoacán, fueron el motivo que acompañó al celuloide en la imagen gráfica diseñada por Rodrigo Toledo para esta edición, la cual hace hincapié en la esencia festiva del evento que conjunta el amor por el arte, la cultura, pero sobre todo, por el cine.

A su vez, el característico apoyo a los talentos emergentes se mostró en los incentivos otorgados en distintas categorías que conforman el festival, como lo son la Sección Michoacana, Cortometraje, Documental y Largometraje Mexicanos.

Como cada año se contó con personalidades destacadas en el medio cinematográfico para participar en el jurado, entre las que se encuentran Lynne Ramsay, quien lo presidió, Patrice Leconte, Julie Bertuccelli y Michael Rowe, entre otros.

Primer_hombre en la luna

Por otro lado, gozó de la presencia de varios invitados especiales de primer nivel, entre ellos, Demian Chazelle, quien inauguró el Festival con su reciente trabajo, El primer hombre en la Luna (2018); Alfonso Cuarón, que estuvo presente en la Gran Gala, en la que se exhibió su galardonada cinta, Roma (2018), evento que se aprovechó para otorgarle el Premio a la Excelencia en Creación Cinematográfica, recién implementado en esta edición; Olivier Assayas, de quien se realizó un retrospectiva de su filmografía; y Pawel Pawlikowski, que presentó su nueva película, Cold War (2018), y recibió la Medalla Filmoteca UNAM, un premio que el director polaco agradeció y consideró como “un detalle hermoso y amoroso, hecho con el mismo cuidado con que se hace el Festival”.

En cuanto a la premiación, muchos son los reconocimientos y los galardones que se otorgan en las distintas categorías del evento. El ganador del premio del público en la sección de Documental Mexicano fue El Sembrador, dirigido por Melissa Elizondo, un trabajo que acompaña los pasos de un maestro de las montañas de Chiapas, en México, con un proyecto personal para enseñar a los alumnos de manera distinta, con una aproximación más humana y cálida. Mientras que el Ojo de Oro en la misma categoría lo obtuvo la cinta Una corriente salvaje, de Nuria Ibáñez Castañeda, un documental que se adentra en la relación de dos hombres que viven en una playa desierta y en su rutina diaria de pesca para sobrevivir.

La_camarista

Entre los reconocimientos para Largometraje Mexicano, el Ojo de Oro para el mejor director fue para Alonso Ruizpalacios (Güeros, 2014) por la cinta Museo, que presenta el curioso episodio, basado en hechos reales, del robo de importantísimas piezas extraídas del museo de Antropología en 1985; y La Camarista, dirigida por Lila Avilés, lo obtuvo a la mejor película, la cual muestra el día a día de la trabajadora de un hotel, que imagina la vida de los huéspedes a través de sus objetos personales.

En cuanto a la oferta internacional que conformó la programación del Festival, incluyó interesantes estrenos. Uno de los más esperados y, sin duda, de los más aclamados fue Cold War (Zimna wojna), de Pawel Pawlikowski (Ida, 2013), quien de nuevo logra conmover e impactar a la audiencia, con imágenes verdaderamente sorprendentes, emotivas y bien compuestas, que se suceden unas a otras con una contundencia implacable. La fotografía, que está nuevamente a cargo de Lukasz Zal, es de una belleza que deja sin aliento, filmada en un contrastado blanco y negro, en la proporción 1:33.

La_camarista

Se trata de una historia de amor entre el pianista Wiktor (Tomasz Kot) y la cantante Zula (Joanna Kulig), ambos parte de una compañía de espectáculos folklóricos polacos, se sitúa en Polonia durante la Guerra Fría, con todas las complicaciones que ello implica. Conforme el tiempo avanza, los escenarios mudan de país y la música, de estilos, de Polonia a París y del folklor al jazz y al Rock and roll, pero lo atractivo se ve en la transformación paulatina y evidente en los protagonistas, y el efecto que el complejo entorno político y social de la época les provoca en sus personalidades y en su relación.

Por otro lado, se presentó el valiente filme de la libanesa Nadine Labaki, Capharnaüm, en el cual la directora, con un estilo realista, parecido al documental, hace un seguimiento a la desgarradora vida de un niño, que tras pasar por una serie de experiencias durísimas, en las que debe luchar incansablemente para sobrevivir, decide demandar a sus padres por haberle dado la vida. La postura de la directora es clara, la sobrepoblación y la falta de cuidado de los padres, pobladores de los arrabales más pobres del Líbano, ha orillado a miles de niños a sufrir desamparo y maltrato, además de obligarles a desarrollarse en ambientes con unas condiciones de vida insalubres e inhumanas; y a trabajar y a defenderse, a pesar de su corta edad, contra el peso cultural y social, el cual, por ejemplo, somete a las niñas a casarse siendo muy pequeñas, poniendo en riesgo su propia vida.

Capharnüm

La sobresaliente actuación del protagonista de doce años, Zain (Zain Al Rafeea), logra concentrar toda la tristeza imaginable en sus ojos. Su mirada es de una expresión tan pura que hace que el filme entero valga la pena verse. El resultado va más allá de si el final es ingenuo o está sobrecargado de temas; la historia muestra una realidad que duele y que golpea de frente al espectador por la franqueza con la que está expuesta y por el arrojo con que la directora aborda el tema. En definitiva, Capharnaüm se torna un filme entrañable y conmovedor.

Otro de los largometrajes que continuó su travesía por los festivales de este año y llegó a Morelia fue En tránsito (Transit, 2017), del director alemán Christian Petzold (Phoenix, 2014). El filme está basado en la novela homónima de 1944, escrita por la judío-alemana Anna Seghers, que relata su experiencia como refugiada en Marsella, mientras esperaba su visa para emigrar a México. La película nos ubica de igual forma en Marsella, lo que parece un “no lugar”, según la definición de Marc Augé, es decir, lugar de paso o transitorio, un sitio para esperar, en donde el tiempo no parece caminar; donde los perseguidos políticos se refugian aguardando una visa a cualquier parte, una salida que los lleve a otra realidad. Georg (Frank Rogowski) es uno de los hombres en busca de ese escape, y para hacerlo debe asumir la identidad de Weidel, un escritor comunista que se suicida, dejando sin usar su permiso de entrada a México. Mientras tanto, la interacción de Georg con los otros refugiados se vuelve el núcleo del relato, que es contado por el narrador, cuya voz acompaña las escenas.

En_transito

La decisión de Christian Petzold de no adaptar estéticamente el filme a la época en cuestión, sino filmarla en tiempo presente, lo vuelve un tanto desconcertante, sin embargo, es a la vez parte de su atractivo. Y es que al final no importa en qué época esté situada, ya que el problema que trata sigue estando vigente, la migración, la intolerancia, la búsqueda de nuevas opciones para los que salen de sus países de origen, el ruego y la espera por visas y permisos en los consulados, entre muchas otras cuestiones, son expuestas y abordadas.

Finalmente, la tesis que persiste es la del peso del azar y la casualidad en la vida, el cómo una decisión puede traer consecuencias impensadas y deja en claro que los seres humanos podemos controlar solo un fragmento de nuestro destino.

En otros temas, se presentaron los largometrajes merecedores del premio Jean Vigo 2018: Shéhérazade (Francia, 2018), de Jean-Bernard Marlin, y Un Couteau dans le cœur (Francia, 2018), de Yann González, coproducción México-Francia.

Sheherazade

El primero es un dura historia de amor en los bajos mundos de Marsella; presenta a Zachary (Dylan Robert), un joven que sale de prisión y sigue en busca de problemas, al no presentarse a sus revisiones. Para festejar su libertad, sus amigos lo llevan a buscar prostitutas, y así conoce a a Sheherazade (Kenza Fortas), de quien termina enamorado.

Las actuaciones tan realistas y bien logradas se vuelven un aspecto valioso de Shéhérazade, un filme que expone una realidad dolorosa y difícil de asimilar. Vemos cómo, por desgracia, los jóvenes están expuestos a los extremos de la dura vida en la calle, en la que parece reinar la ley de la selva, en donde los estereotipos y las etiquetas no se remueven con facilidad y la escala de valores se deforma y se mueve continuamente de acuerdo a las situaciones. Asimismo, Marlin es capaz de apartar la capa externa de los personajes para ahondar en sus verdaderas preocupaciones y sentimientos, nos invita a comprender sus motivaciones, haciendo a un lado dichos estereotipos, mostrando el lado humano y vulnerable de quienes parecieran los más fuertes.

El-Joven-Karl-Marx

Se presentó la película francesa El joven Karl Marx (2017), dirigida por Raoul Peck, un trabajo bien cuidado, que viaja en el tiempo para mostrar la gestación de las ideas de uno de los más importantes pensadores, y que fueron determinantes en el rumbo por el que la humanidad transitó en los siglos XIX y XX, una influencia contundente en la historia política y social del mundo.

La cinta nos ubica en 1844, momento en que Marx conoce a Engels y comienzan a trabajar juntos por sus ideales y sueños de cambiar la situación obrera de su tiempo. La factura formal y estética de la película es impecable, así como la adaptación a la época; y las actuaciones son, en verdad, destacadas. Los temas que tratan nos hacen reflexionar lo poco que se ha avanzado desde entonces y nos muestran que las problemáticas siguen siendo, en muchos casos, las mismas.

Lo que queda constatado en la cinta francesa En Guerre (Stéphane Brizé, 2018), un drama cotidiano centrado en la lucha sindical de más de mil empleados despedidos por la fábrica francesa Perrin, absorbida por una compañía alemana, sin cumplir los estatutos del contrato de los trabajadores.

Vincent Lindon hace una gran interpretación de Eric Laurent, el líder sindical, quien asume el control de la lucha y se vuelve el portavoz del cuerpo de trabajadores, que ante el incumplimiento de sus demandas, deciden ir a la huelga. El espectador no puede más que sentir empatía por la situación a la que son orillados los personajes, sin embargo no se nos brinda suficiente información personal para vincularnos emocionalmente con ellos. Por otro lado, se llega a abusar de los gritos, mítines, confrontaciones entre empleados y empleadores; en fin, puede llegar a ser un poco repetitiva, pero relevante por la temática que aborda.

egy_nap

Concentrada en tópicos más personales e íntimos, la cinta húngara Egy Nap (One Day, 2018), que escribe, dirige y protagoniza Zsófia Szilagyi, nos expone un día en la cotidianidad de una familia, conformada por una pareja con sus tres hijos. El relato se presenta desde el punto de vista de Anna, la madre, mientras atraviesa un largo y abrumador día. Las horas transcurren entre los mandados, el trabajo, los percances en el hogar, la atención a los niños, sus rutinas y tareas, lecciones particulares y deportes, hasta los resfriados comunes y los regaños habituales. Todo esto en medio de la tensión por el distanciamiento en su relación de pareja y la sospecha de infidelidad.

En definitiva, Egy Nap es tan rica en pequeños detalles que se vuelve completamente creíble, sobre todo, porque lo cotidiano adquiere una fuerza enorme cuando es presentado en su compleja sencillez.

woman_at_war

Woman at War (La mujer de la montaña, Kona fer í stríð, 2018), una producción de Islandia, escrita y dirigida por Benedikt Erlingsson, fue otra cinta que gustó al público, haciéndole reír, debido a su humor peculiar, y conmoviéndolo por la sensibilidad y la sagacidad con que se plantea la preocupación por el futuro del planeta. Halla, interpretada estupendamente por Halldóra Geirharðsdóttir, es una maestra de canto que emprende una solitaria y arriesgada lucha contra la industria del aluminio, la cual contamina el suelo de su país. Sin embargo, al ser notificada su aprobación para recibir en adopción a una huérfana ucraniana, su motivación y preocupación cambian, ya que ahora las consecuencias de sus actos no solo le afectarán a ella.

La propuesta formal y las licencias que se toma el director para armar el filme son simpáticas y muy divertidas; por supuesto, enriquecen la historia sin minimizar en ningún momento la relevancia del tema tratado. La música juega, literalmente, un papel protagónico en la película, con detalles y guiños que el público agradece. Asimismo, Erlingsson maneja la tensión de forma inteligente y propositiva, haciendo a la vez una denuncia sobre el descuido y el maltrato al medio ambiente, y homenajea a los héroes anónimos que luchan por las causas ecológicas contra enemigos gigantes, que a veces son las grandes industrias y, otras, los mismos gobiernos.

Por otro lado, se esperaba mucho de la proyección de Todos lo saben (2018), el nuevo trabajo del talentoso y premiado director iraní, Asghar Farhadi (Nader y Simin, 2011; El viajante, 2016). Esta vez se trata de un proyecto filmado en España, con un guion escrito por él mismo, con la participación de grandes actores en los roles protagónicos, como lo son Penélope Cruz, Javier Bardem y Ricardo Darín, entre muchos otros.

Todos_lo_saben

La sensación, tras ver la película, es de sorpresa y hasta decepción, quizá porque sus anteriores filmes son tan sólidos, completos y redondos, sin fallas importantes en los guiones, que llama tanto la atención que en esta ocasión la historia se sienta incompleta, inacabada, con hilos sueltos y huecos importantes en el relato.

Farhadi es un director que sabe plasmar la condición humana en todas sus contradicciones y complejidades, y conoce normalmente a la perfección la psicología de sus personajes, no obstante, en Todos lo saben no se perciben tan bien trazados, por el contrario se presentan sin matices, sin rasgos bien delineados y con interpretaciones poco creíbles, un tanto forzadas y no se vinculan emotivamente con el espectador. Los diálogos parecen estar incompletos y las mismas palabras y oraciones se repiten una y otra vez. La idea es interesante, la premisa parece buena, pero la ejecución nos deja insatisfechos, tal vez, porque conociendo a Farhadi y con el reparto tan jugoso con que cuenta, la expectativa que era muy grande, no se llena.

roma

No sucede lo mismo con la cinta más esperada del festival, Roma, de Alfonso Cuarón (Gravity, 2013), la cual, como se menciona anteriormente, se proyectó en la Gran Gala. Las altas expectativas en esta ocasión fueron cumplidas, ya que Cuarón logró un trabajo verdaderamente excepcional. Se trata de un filme muy especial, por ser un proyecto personal al que se volcó con pasión, buscando hablar de los recuerdos de su infancia, inspirándose, sobre todo, en las mujeres que lo formaron, su mamá y su nana. Cuarón retrata al México de los años setenta, enfocado en una de las colonias más emblemáticas de la ciudad, la colonia Roma. Filmada en blanco y negro, con una fotografía poética y preciosista, nos regala imágenes cargadas de elementos de la época, y situaciones muy precisas, lo que la vuelve una cinta invaluable para los habitantes de la ciudad de México y una ventana a su historia para el resto del mundo.

En fin, eso y mucho más se pudo ver y gozar en el Festival Internacional de Cine de Morelia, que se esmera por crecer año a año y elevar su nivel de calidad y su oferta cinematográfica en un marco cálido y encantador, como lo es la bella ciudad de Morelia.

 

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