Críticas

Cenizas para renacer

Vendrá la muerte y tendrá tus ojos

José Luis Torres Leiva. Chile, 2019.

Vendrá la muerte y tendrá tus ojos
-esta muerte que nos acompaña
de día y de noche, insomne,
sorda, como un viejo remordimiento
o un vicio absurdo-. Tus ojos
serán una palabra vana,
un grito acallado, un silencio.
Así cada mañana los ves
cuando sola te contemplas
en el espejo. Oh esperanza querida,
un día sabremos también
que son la vida y que no son nada.

Tiene la muerte una mirada para todos.
Vendrá la muerte y tendrá tus ojos.
Será como renunciar a una mala costumbre,
como mirar en el espejo,
aparecer un rostro muerto,
como escuchar unos labios ya cerrados.
Descenderemos mudos al abismo”.

  «Verrà la morte e avrà i tuoi occhi» Cesare Pavese

VendralamuerteytendratusojosCartelEl director chileno José Torres Leiva lleva años creando una filmografía cuya característica principal podría definirse como “contemplativa”. Es un cine que no se acelera, que se recrea en los detalles. El autor se confiesa influenciado por el maestro iraní Abbas Kiarostami. Precisamente, una de sus obras más importantes, El sabor de las cerezas (Ta’m e guilass, 1997), conecta con Vendrá la muerte y tendrá tus ojos. En ambas, una persona decide suicidarse, por razones desconocidas en el caso del iraní y por motivos muy concretos en el del chileno. Si allí la preocupación consistía en encontrar ayuda para ello, aquí ese problema no existe. Las protagonistas son Ana (Amparo Noguera) y María (Julieta Figueroa). Son pareja desde hace muchos años y pretenden pasar sus últimos días juntas en una cabaña, ante la enfermedad terminal de una de ellas. 

Se agradece a Torres Leiva que haya abordado este asunto desde una perspectiva propia, muy personal y con una puesta en escena que rebosa de lirismo y silencios. Precisamente, el título del filme corresponde a un conocido poema de Cesare Pavese escrito poco antes de que acabara con su vida. La obra comienza con María y Ana viajando en automóvil. En un momento determinado, una de ellas sugiere a la conductora que transite con los ojos cerrados. El desconcierto e incomodidad de la que tiene que llevar el coche es evidente. Llega un momento en que su compañera le pide que se detenga y abra los ojos. ¡Sorpresa! La vida es una fuente de acontecimientos que llegan cuando menos se les espera. Ni siquiera somos conscientes de su probabilidad, sumergidos en estos tiempos líquidos que Zygmunt Bauman define como volubles y carentes de estructuras sociales que permanezcan como marcos de referencia. La emoción y el movimiento se imponen. Pero nada es imposible y menos la muerte. 

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La muerte, ese acontecimiento que a todos nos llega y su inminencia siempre sorprende, golpea, enoja, victimiza al alcanzado y necesita su tránsito de aceptación. El realizador chileno nos lleva por un camino repleto de elipsis en el que recurre a algunos relatos, conectados o no de alguna forma con las protagonistas. Cortan la trama y entre fugaces ensueños, nos introducen en historias muy físicas en los que la naturaleza, los instintos y las pasiones toman la delantera. Consideramos que se trata de una propuesta muy arriesgada pero acertada, al conseguir que penetre aire fresco en el denso ambiente que hemos de recorrer… 

Estamos ante una película de primeros planos, incluso de planos detalle en la que el contacto físico, las caricias, la ternura se erigen en pilares básicos. También observamos que se incluyen ciertas reivindicaciones como el rechazo a la cosificación de la persona, a la obligación de seguir unas determinadas pautas estéticas o a la imposibilidad de elegir el propio destino si una o uno decide que se quiere bajar del tren y no representar el papel de cobaya. La intimidad de la pareja deslumbra con unas interpretaciones despojadas de todo artificio, sin maquillajes que oculten los verdaderos sentimientos. Asistiremos al renacimiento de un inmenso amor en un estado de profunda tristeza repleto de desesperación hasta llegar a la resignación. 

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Efectivamente, como ya se imaginarán, estamos ante un drama, pero el autor ha tenido el acierto de recurrir a diferentes técnicas o giros de guion para que este se suavice o se alterne con otras escenas que en realidad corresponden a cantos a la vida. A una renovación de la especie que tiene su más racional cierre en el plano final, en una maravillosa estampa plena de optimismo y vitalidad. Aunque sea a los sones de Explota mi corazón de Rafaella Carrá. Por cierto, si nos fijamos, cuenta con una letra escogida con mimo para la ocasión. 

Queremos detenernos en esa cámara invasiva con la intimidad de los personajes. Logra que se aprecie por el espectador cualquier mínimo gesto, todo detalle unido a un intento de conformación de una presumible despedida forzosa y jamas aceptada, aunque los hechos parezcan decir lo contrario. Y esa cámara observa con agudeza a las dos mujeres que soportan todo el peso del filme para que leamos sus pensamientos, escuchemos sus recitaciones, nos detengamos en su furia e impotencia.  Pueden encontrarse escenas muy enternecedoras, como aquella en la que un desconocido vigila atento para que a una de nuestras heroínas no le suceda nada en la negrura e inmensidad de la noche, mientras solloza por su triste fortuna. 

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Y qué extraño resulta revisar esas fotos, esos recuerdos que los mayores todavía conservamos en cajas, cuando se piensa que se observan por última vez. Quizás un intento de aprehensión profunda para buscar fuerza y compañía en ese viaje desconocido. Realmente, asemeja muy complicado obtener el tono, la sutileza para cuidar a un enfermo grave, cuando además se trata de tu gran amor, tu compañera por siempre, tu plenitud y compenetración. ¿Con mimo, con contundencia, con cariño, de manera infantil? Qué difícil se hacen ciertas tareas aunque te dediques profesionalmente a ellas. 

Ya hemos incidido en que Torres Leiva no está narrando solo un supuesto tránsito al fin de la existencia. Por el contrario, observamos un poema de agradecimiento a la vida y a su renovación. Con su juventud, con su alegría, con su inocencia, con sus pasiones…Justamente algo parecido sentimos hace poco en una adaptación operística del Requiem de Mozart de Romeo Castellucci. Un oficio de difuntos cristiano que esconde un profundo humanismo y lleva a la celebración de una vida exultante y jubilosa. Parecidas ideas encontramos, igualmente, en una novela de reciente aparición. Se trata de Cuál es tu tormento de la estadounidense Sigrid Nunez. También dos mujeres, una enfermedad terminal, una decisión que llevar a cabo…

Las despedidas no son sencillas. Ni para el que se tiene que ir ni para el que se puede quedar en una soledad insoportable. Los cuentos, la poesía, la alegría por la continuidad de la naturaleza y del género humano deben llenar de cierta luz y esperanza a esa tristeza y a lo mejor, es posible que nos conduzcan a entender no solo la vida, también la muerte. 

Tráiler:

 

Ficha técnica:

Vendrá la muerte y tendrá tus ojos ,  Chile, 2019.

Dirección: José Luis Torres Leiva
Duración: 88 minutos
Guion: José Luis Torres Leiva
Producción: Coproducción Chile-Argentina-Alemania; Globo Rojo Films
Fotografía: Cristián Soto
Reparto: Amparo Noguera, Julieta Figueroa, Nona Fernández, Edgardo Castro, Mariano González Guerineau, Naldy Hernandez, Belén Herrera, Ignacio Agüero, Carolina Contreras, Patricia Cuyul, Matías Torres

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