Críticas

Alargando el ritmo

Song to Song

Song to Song. Terrence Malick. EUA, 2017.

Una de las primeras estrategias que se aprenden cuando empezamos a escribir historias (o tan solo contarlas con el medio de nuestra voz) es el elemento de la conexión entre las escenas. Los episodios (mínimos o desmesurados) que forman parte de nuestra estructura global tienen que unirse para que todo fluya perfectamente, una noción, esta, bastante obvia, una regla que logramos interiorizar con bastante facilidad. Pasar repentinamente de un momento a otro, o aprovechar del tiempo hasta la casi absoluta inmovilidad, son estas dos características de un cuento malo o, cuando se sabe manejar bien las piezas, de un juego preciso, buscado, cuya finalidad se desarrolla en la rareza que sentimos. Efectivamente, cambiar las reglas, optar por una estructura nueva, diferente, es un riesgo por dos razones: por un lado todo podría salir efectivamente mal (la obra mala, la obra sin formas), mientras que por el otro el público podría simplemente decidir rechazar nuestros movimientos vanguardistas.

Y es que de movimiento tenemos que hablar, en el caso de Song to Song, ya que el director parece tener más en consideración el elemento que se refiere al ritmo, como si de una nueva forma de hablar se tratara. Podría entonces resultar (y, efectivamente, resulta) un poco inquietante esta manera de construir una historia, de cambiar las reglas de un lenguaje al que ya estamos acostumbrados y que, de por sí, parece formar parte de nuestro bagaje cultural. Un cambio que en sus largos silencios nos lleva a percibir (¿sentir?) cierto ruido estructural, la falta de una perfección aparente, una decisión de distanciamiento del canon que puede resultar decepcionante (riesgo de aburrimiento) o más bien desestabilizadora.

La historia, así como podemos resumirla una vez llegados al final de las dos horas, no es de por sí fuertemente banal, sino que quiere poner de manifiesto su simplicidad. Cuento de amores, del significado de las relaciones, y de cómo a veces el contexto (la riqueza) puede llevar a la (auto)destrucción. Moraleja bastante elemental, entonces, la pérdida de nuestra felicidad en un mundo que les otorga más importancia a la apariencia y al placer momentáneo, y menos a aquellas conexiones profundas que vamos creando con los que forman parte de nuestro contexto vital (nuestra pareja, nuestros padres, nuestros amigos). Algunos caen para después nunca poder volver a levantarse, otros logran encontrar sus fuerzas y cumplir con el sueño de una vida más simple, más pobre (de cosas) pero al mismo tiempo más rica (de experiencia).

Pero en el caso de esta obra de Malick nos encontramos también ante una cuestión más profunda que remonta a la esencia del oficio de quien cuenta historias: ¿es que acaso se ha dado más importancia a la técnica? Efectivamente, si en su Knight of Cups la estructura material lleva a una simbiosis entre lo que se cuenta y el cómo se cuenta, la cuestión se hace aquí más compleja, menos precisa. Se borra a veces la conexión entre las dos partes, y nos vemos llevados hacia una lectura más bien estética, como si Malick hubiese preferido (si bien no siempre) mostrar su predilección por la “bella imagen” y menos por la unión moderada entre el concepto y el medio. No significa, esto, que la película se presenta como un experimento mal salido, sino que es posible a veces encontrarse pensando si aquella escena no hubiese podido ser cortada, sin que el resultado final hubiese cambiado.

Volvemos así al aspecto de las interconexiones de los elementos y de cómo el director juega con las estructuras hasta distorsionarlas (casi) por completo. Si de compresión se habla, en consecuencia, hay que subrayar el acto del espectador, su presencia en tanto reelaboración de las imágenes que se les presentan y de cómo estas van a formar un conjunto total (la historia que nos es contada); Song to Song no permite acercarse a una visión simplificada, sino que entre sus condiciones de fruición pone la necesidad de actuar en tanto puente entre las escenas que vemos. El acto de deconstrucción que Malick pone en marcha se resuelve así en el acto de reconstrucción que nosotros tenemos que armar para darle un sentido de mayor cohesión al ritmo global.

¿Experimento fracasado, entonces, u obra de vanguardia? Si, como acabamos de decir, tenemos en cuenta la simplicidad del mensaje y la dificultad de seguir los movimientos, a lo que se añade cierto gusto por la estética de la imagen, el resultado podría parecer negativo. Pero la obra de Malick logra insertarse en la mente del espectador, creando así una simbiosis que nos lleva también a preguntarnos qué es, efectivamente, el arte. Funciona, entonces, para los que tienen un poco de paciencia y que ante las obras de arte prefieren tomar un rol activo, una relación que va más allá del simple consumir un objeto cinematográfico. El resultado final será así algo capaz de grabarse tanto en nuestra mente como en nuestros ojos.

Tráiler:

Ficha técnica:

Song to Song (Song to Song),  EUA, 2017.

Dirección: Terrence Malick
Duración: 129 minutos
Guion: Terrence Malick
Producción: Nicolas Gonda, Sarah Green, Ken Kao
Fotografía: Emmanuel Lubezki
Reparto: Michael Fassbender, Ryan Gosling, Rooney Mara, Natalie Portman

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