Críticas

La mejor opción

Samba

Olivier Nakache, Eric Toledano. Francia, 2014.

Cartel de la película SambaEstamos en París, definitivamente una ciudad de inmigrantes. Tantos, que su presencia permea todos los espacios. Y con los inmigrantes vienen los que entran ilegalmente a la ciudad, sin papeles ni permisos, todos ellos en busca de un mundo mejor, con la idea de conseguir cualquier trabajo que les permita sobrevivir y enviar remesas de dinero a sus tierras de origen. Alrededor de ellos, se crea todo tipo de realidades: el mundo de las autoridades, tratando de poner algún control al desorden resultante, siempre tiene disponible como medida de control la deportación, aunque es casi seguro que aparece alguna salida distinta, tal es el tamaño de la situación; el mundo de las entidades comprometidas en crear oportunidades de trabajo, en ayudar a gestionar papeles y permisos, en evitar la deportación y dar asesoría legal y amistad a los que la puedan requerir. Y el mundo de los inmigrantes, con sus vidas apretujadas e inestables, oscilando entre los recuerdos de tierras lejanas y las realidades turbulentas de la gran ciudad, siempre bajo el inminente riesgo de la deportación.

Samba (Omar Sy) se vino desde Senegal a París, hace ya años, a buscar vida. Es un hombre joven, apuesto y fuerte que trabaja en la cocina de un restaurante, aunque ilegalmente, pues todavía no tiene sus papeles. Vive con su tío, cuya situación está legalizada. De pronto, el mundo relativamente tranquilo y estable en que vive, cambia radicalmente cuando cae en una redada de la policía y recibe una orden de abandonar el país.

Alice (Charlotte Gainsbourg) es una mujer joven y sola, que decide emplear su tiempo sobrante, mientras pasa por un duro episodio de depresión que la ha alejado de su trabajo, para comprometerse como voluntaria en una asociación que da asesoría y soporte a los inmigrantes en problemas, como Samba, que están a la espera de ser deportados.

Fotograma de la película francesa SambaY se establece, inevitablemente, el romance entre estos dos, que encuentran en el otro soluciones para sus crisis existenciales, no obstante las diferencias evidentes de cultura, creencias y planes de vida. La película suaviza todo esto, con base en las actitudes humildes y abiertas de Alice, que siente que la energía de Samba trae renovada vitalidad a su vida rutinaria y aburrida. En este ambiente se desarrolla la película, en medio de escenas melodramáticas, condimentadas con situaciones de humor. Es entretenida y está agradablemente contada. Pero en estos tiempos que atravesamos, en los cuales la situación de los inmigrantes ilegales ha tomado gran protagonismo, no se la puede dejar de ver como una exploración interesante de las vidas y obras de estos seres que, en general, tienen afinidades con todos nosotros, pues seguramente venimos de familias que alguna vez emigraron en busca de una vida de mayor calidad y posibilidades. Ellos pasan por oficios inestables, dicen mentiras para sobrevivir y difícilmente establecen relaciones de confianza y amistad entre ellos o con otras personas.

Pero la historia de centenares de años nos muestra que lo van a lograr, que finalmente se van a integrar a los nuevos ambientes y que se van a constituir en un factor de renovación de costumbres, contribuyendo a la formación de una nueva cultura, integrada por elementos que tratan de equilibrar los dos mundos. Entonces, ¿por qué tanta dificultad, tanta complicación, tanta negación, tanta contradicción? Son preguntas que nos planteamos en forma abierta o inconsciente cada vez que vemos una de las muchas películas donde se trate el tema de la inmigración. Samba aporta a este género planteamientos de complementariedad, de solución a los problemas de infelicidad individual y colectiva que son frecuentes en los habitantes de las ciudades. Se visualiza acá al otro como fuente de alivio, como compleja panacea. Es también una contribución a la exploración de los espacios de unidad entre las personas en conflicto, algo que todavía no se ha resuelto adecuadamente en las sociedades. El conflicto ha tendido a resolverse como lucha entre opuestos, como dialéctica. Ya desde la antigüedad, notablemente planteada por Heráclito, se ha visto como evidente la hipótesis de que el necesario y conveniente cambio ha de resultar de estas oposiciones. En todo este planteamiento hay razones para sustentar el conflicto y el sufrimiento como parte del cambio y de la evolución social. Y sin embargo, ¿Por qué no ha de tener mayor protagonismo la unión complementaria de los elementos, de tal manera que se la considere como la mejor opción?

Samba, la películaCuando se desarrollen estas posibilidades, se verán también cambios, muy favorables, en aspectos como el crimen urbano, la convivencia, la productividad de las personas como parte de las fuerzas laborales y la salud mental. La depresión y la soledad son, al menos en parte, enfermedades relacionadas con la negación de las relaciones, y se las podría entender como resultado del desconocimiento de las virtudes que tenemos para acercarnos a la unidad subyacente en la diversidad, quizás el mejor punto de vista de todos los que existen para resolver los dramas de la vida comunitaria moderna. Pienso que vale la pena disfrutar de Samba con esta visión.

Ficha técnica:

Samba ,  Francia, 2014.

Dirección: Olivier Nakache, Eric Toledano
Guión: Olivier Nakache, Eric Toledano. Basado en “Samba pour la France” de Delphine Coulin
Producción: Nicolas Duval-Adassovsky, Laurent Zeitoun, Yann Zenou
Fotografía: Stéphane Fontaine
Música: Ludovico Einaudi
Reparto: Omar Sy, Charlotte Gainsbourg, Tahar Rahim, Izïa Higelin, Hélène Vincent, Liya Kebede, Clotilde Mollet, Isaka Sawadogo

Enrique Posada

Graduado del Master en Crítica Cinematográfica de AULA CRÍTICA

 

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