Críticas

Muñeco Diabólico (Child’s Play)

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Que los juguetes cobren vida no es algo novedoso, es quizás uno de los anhelos más grandes de nuestra infancia, pero esto no es producto de las numerosas historias que podemos llegar a ver en el cine, sino que es precisamente al revés: es el cine que se nutre de nuestra imaginación. ¿Quién no ha jugado con sus muñecos, muchas veces asignándoles otra personalidad, una muy diferente a la de quienes representan? Es probable que la primera película que recordemos con esta temática sea Toy Story (John Lasseter, 1995), pero en ella los juguetes no viven más que aventuras. Estos juguetes también pueden adquirir una posesión demoníaca, como ocurría con Chucky en Muñeco Diabólico (Child’s Play, Tom Holland, 1988). Es ese Chucky quien regresa, pero en su versión 2019, manejado a través de una app y con una historia un tanto diferente a su versión original (pero no tanto). Los realizadores ligados al cine de terror, generalmente, forman una carrera unida a este género, tal es el caso de Lars Klevberg, que luego de una serie de cortometrajes parece haber encontrado un salto con Muñeco Diabólico y Polaroid, ambas estrenadas este 2019. Sin deslumbrarme, creo que la dirección de Klevberg es uno de los fuertes del film, especialmente porque logró adaptar a Chucky a nuestra actualidad y cambió su matriz maligna de una posesión diabólica a una tecnología que se vuelve en contra de los humanos, un muñeco obsesionado por complacer a su dueño. También vale destacar los elementos de ET: El extraterrestre (ET: The Extra-Terrestrial, Steven Spielberg, 1982) que Klevberg ha insertado a modo homenaje, como algunos planos en particular, así como el dedo de Chucky con el que puede controlar cosas.

Es imposible no hacer una comparación con su versión original, y aunque en líneas generales la historia respete mucho su primera versión, la primera diferencia es el nombre original de Chucky, que pasa de llamarse “Good Guys” a su nuevo nombre, “Buddi”. Por supuesto que en 1988 era imposible pensar en teléfonos inteligentes, por lo que la nueva versión de Chucky es manejable a través de una aplicación, mientras que la versión original estaba simplemente poseída por el alma de un asesino serial. Tal como indiqué anteriormente, este Muñeco Diabólico tiene un estilo muy influenciado por Black Mirror, serie en la cual la tecnología se vuelve en contra de la voluntad humana (como ya he señalado en mi crítica a Bandersnatch) y también es un poco menos sangrienta que la original. Su principal divergencia radica en que Chucky quería tomar el cuerpo de Andy y transferirle su alma, cosa que en este remake no ocurre.

Uno de los principales señuelos para los fanáticos de Chucky probablemente sea quien le da vida a la voz del muñeco, nada más ni nada menos que Mark Hamill. Luke Skywalker contribuye mucho a transmitirnos la obsesión de Chucky para con su dueño Andy, interpretado por Gabriel Bateman. A sus 13 años, Bateman ya ha trabajado en cintas de terror como Annabelle (John R. Leonetti, 2014), Nunca Apagues la luz (Lights out, David Sandberg, 2016), logrando el trabajo interpretativo más destacable de Muñeco Diabólico. Diferente es la labor de Aubrey Plaza, que encarna a Karen, la madre de Andy, con una actuación muy artificial y poco convincente.

El remake de esta película, envalentonada por la ola de culto a los años ochenta del último tiempo, no hace más que evidenciar una falta de creatividad y de ideas nuevas. Por un lado considero positivo promover reinvenciones de historias que, de alguna manera, se aseguran taquilla gracias al fanatismo de los seguidores de un género o un personaje, pero por otro amenazan con arruinar historias originales al procurar, en cierta forma, apoderarse de ellas. Dentro de ese abanico de posibilidades que nos puede entregar un remake, Muñeco Diabólico cumple un papel más que aceptable.

 

Tráiler:

Ficha técnica:

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