Críticas

Aristas de compasión

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Mass. Fran Kranz. EUA, 2021.

Mass_cartelLa propuesta cinematográfica de un director novel siempre supone un riesgo. Cuatro actores sujetan las cuatro esquinas de este planteamiento y mantienen la tensión de principio a fin. Pocas películas nos ofrecen un trabajo tan sostenido donde su profundidad se muestra sobradamente.

Sencillez argumental que a priori puede parecer una obviedad se mantiene oculta tras los diálogos de personajes, aunque no en sus acciones. Durante la parte inicial del metraje sentimos la incómoda sensación que se instala en ellos y como bruma invisible se instala a su vez  en nosotros, espectadores curiosos interesados en saber el motivo de tan enigmática reunión.

Un inicio, aparentemente inconexo, nos presenta a  los protagonistas y describe la situación de un modo peculiar. Tardamos unos minutos en llegar, situarnos y sentarnos a la mesa y, al igual que en la secuencia representada, esperamos conocer lo que acontecerá en los próximos minutos compartiéndolos junto a ellos en modo cronológico. Puesta en escena de base teatral sustenta un guion que lejos de exponer un producto que suscita debates e incongruencias pone en tela de juicio sentimientos y emociones. Todo un reto para Fran Kranz (California, 1981), director nuevo en estas lides que presentó su trabajo en la 69ª edición del Festival Internacional de Cine de San Sebastián.

Poco a poco van ahondando en la cuestión, soslayándola primero y abordándola después. La polémica está servida. En el momento que las cartas se muestran sobre la mesa afloran los sentimientos y estos no son comedidos, ni controlables. Sostener el dolor es la carga más pesada de unos padres inmersos en una pesadilla que trasciende el tiempo.

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Pocas películas consiguen una implicación emocional tan intensa y, sin pasar por la parte consciente, erizan el vello en los momentos más intensos. Esta consigue mantener la sensación mucho más tiempo, incluso tras su visionado.

Un guion sólido asociado a la plasticidad y maleabilidad de un director novel que, además es un actor experimentado con títulos en su haber como Rebirth (Karl Mueller, 2016), ofrece un trabajo que deja sin aliento al espectador. Múltiples posibilidades se despliegan y, cual abanico, nos ofrecen unos perfiles protagónicos fácilmente extrapolables a la realidad.

Los protagonistas de esta cinta son actores conocidos con los que nos vinculamos de inmediato psicológicamente. Desde el regreso al pasado al reconocer a Martha Plimpton y su papel  en  Los Gonnies (Richard Donner, 1985), hasta disfrutar de  Ann Dowd en la serie El Cuento de la Criada (Bruce Miller, 2017), pasando por  Jason Isaacs que nos evoca los momentos mágicos en Harry Potter y la cámara secreta (Chris Columbus, 2002) y la incomodidad de Reed Birney en Mad Women (Jeff Lipsky, 2015), todos sus roles son representados de forma magistral.

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Expresiones faciales, movimientos y miradas acompañan a sus diálogos enfatizando, aún más, la incomodidad de la triste e irremediable situación.  De forma sutil profundizamos en el dolor que supone este incómodo encuentro enmarcado en un centro parroquial.

El entorno eclesial ambienta una situación que, sin vincularse a ella, invita a una mirada más etérea  y compasiva en este hondo drama donde se entremezclan al tiempo culpa y victimismo.

La sobriedad de la puesta en escena está cuidadosamente estructurada. El jarrón con flores dispuesto en la mesa central o el refrigerio preparado por los feligreses voluntarios que organizan la reunión, son meros artificios para destensar un ambiente ya de por si denso y cargado.

La cámara, al servicio del argumento, se mueve sin condicionar la situación y conduce pausadamente este intento de acercamiento de partes en principio irreconciliables.

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La iluminación y el juego luz-oscuridad permite focalizar la mirada hacia la escena de un modo particular. En esta propuesta no destacan la fotografía ni los grandes planos, destacan  aquellos matices que se nos pasan por alto y, cual mosaico, nos ofrecen múltiples planos detalle que encuadran la situación desembocando en una sólida y emotiva exhibición.

Silencios que incomodan, sonidos que enmudecen y gritos que descargan tensiones se suceden a lo largo de esta compleja y peculiar sesión. Los  acontecimientos, acompasados primero y sobrepasados después atisban el reflejo de esa luz al final del túnel. La resolución que nos brinda respuestas y explicaciones no tardará en llegar. Un gran trabajo de sonorización modula voces, pausas y resonancias, su juego creativo incrementa la veracidad de la exposición personal.

De forma escalonada entramos en una historia de la que ya no podremos escapar. Acompañando al espectador en forma y en fondo, nos invitan a un viaje profundo hacia los sentimientos. Todo un reto que se consigue y demuestra sobradamente en cualquiera de las escenas representadas.

Recordando a Maixabel (Icíar Bollaín, 2021), necesitamos recomponer los pedazos de una existencia que jamás será la misma. El cierre de situaciones complejas es indispensable para que los seres humanos podamos continuar con nuestras vidas. Aunque las líneas del tiempo se difuminen y bifurquen por siempre, estas reuniones permiten de alguna forma la compasión y el perdón, ofreciéndonos fuerza y coraje para, a pesar de todo, seguir adelante.

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Ficha técnica:

Mass (Mass),  EUA, 2021.

Dirección: Fran Kranz
Duración: 110 minutos
Guion: Fran Kranz
Producción: 7 Eccles Street, Circa 1888, 5B Productions
Fotografía: Ryan Jackson-Healy
Música: Darren Morze
Reparto: Reed Birney, Ann Dowd, Jason Isaacs, Martha Plimpton, Breeda Wool, Michelle N. Carter, Kagen Albright

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