Críticas

El traje de la emperatriz

Marguerite

Xavier Giannoli. Francia / Rep. Checa / Bélgica, 2015.

Cartel de la película MargueriteFlorence Foster Jenkins (1868-1944) fue una mujer de la vida real, nacida en Estados Unidos. En su niñez y temprana juventud fue una pianista prodigio. Más tarde sufrió una lesión en una de sus manos y tuvo que dejar su trabajo como maestra de piano y experimentar, de alguna manera, la pobreza. Eventualmente, salió de ella y se convirtió en una mujer rica con la ayuda de su madre y de la herencia recibida de su padre. Ello le permitió dedicarse a lo que más le gustaba: sentir y experimentar que era una gran soprano, intérprete de arias de ópera, a pesar de que era evidente su falta de habilidad para el canto, tanto en lo que tenía que ver con el ritmo como con las tonalidades. No obstante, y quizás por ello, se convirtió en un personaje famoso en diversos círculos musicales, que en general tenían que ver con tertulias y clubes de canto y de música que ella patrocinaba. Allí aparecía finamente ataviada, con vestidos de su propio diseño, representando arias famosas de Mozart, Verdi y Richard Strauss, lieder y canciones, algunas compuestas por ella misma o por su acompañante y ayudante, Cosmé McMoon, de quien se dice que hacía caras a escondidas de Florence, para provocar la risa de los espectadores. Florence nunca se dio por enterada de que cantaba con voz chillona y desafinada, si bien no permitía que en sus conciertos privados hubiera críticos musicales…excepto en un concierto especial, celebrado a los 76 años de su vida, en el cual accedió a aparecer ante públicos abiertos, en el Carnegie Hall, lo cual hizo inevitable la presencia de críticos. Al parecer, los mordaces y sarcásticos comentarios de los mismos fueron devastadores para Florence, quien murió a los pocos días de un ataque al corazón.

Marguerite está basada en buena parte en la vida de este personaje, si bien con variaciones diseñadas para darle más sabor narrativo y mayor sentido de lo improbable. Existen algunas grabaciones de Jenkins, y si las comparamos con las que representa Catherine Frot en la película, podemos apreciar que en este sentido el parecido es notable entre el personaje de la vida real y la Marguerite Dumont del filme. La actuación de Frot para representar este personaje tan complejo y tan salido de la normalidad, es de destacar. En ningún momento pierde su compostura y su acercamiento al personaje, de tal manera que los espectadores sienten pena y hacen fuerza cuando la oyen cantar, con la esperanza de que lo haga bien, de que no quede en ridículo.

Fotograma de la película MargueritteEsta película nos enfrenta a tres asuntos importantes. Uno de ellos tiene que ver con el poder de la representación como una realidad de la vida, con la forma en que las personas pueden jugar roles absolutamente desproporcionados, sin que lleguen a enterarse de los extremos en que se embarcan, ya que interpretan las reacciones y las señales que reciben como justificaciones que validan su actuación. Acá Marguerite se deja llevar por su gran capacidad de vestirse con galas y trajes operáticos de gran factura y belleza, resultantes de su propia creación, como evidencia palpable de que era, en verdad, una cantante aficionada notable. Y como todos se dan cuenta de que ella está experimentando cierto grado de autoengaño, que se acerca a una especie de locura benigna, la dejan hacer, disfrutan, se ríen calladamente a sus espaldas y nada le dicen. El espectador observa a Marguerite y de alguna manera se pregunta sobre sus propios despistes y faltas de proporción y hasta qué punto es factible enterarse y reaccionar, sin que ello signifique algún grado de autodestrucción.

Marguerite, la películaUn segundo elemento es el de la búsqueda de la perfección, a través de procesos educativos, cuando se está sujeto a limitaciones severas. En el filme, Marguerite decide recibir entrenamiento musical para prepararse, con ilusión y entrega total, a un gran concierto benéfico, ante un público amplio. Aparece un maestro, cantante ya en decadencia, y aunque sabe que educarla es una tarea imposible, no se atreve a renunciar a la misma, pues siente cierta compasión y mucho interés por los réditos económicos que va a recibir de la rica aprendiz, con los cuales puede escaparse de una peligrosa falta de ingresos. El espectador también siente empatía, y secretamente espera que algo se pueda hacer y acompaña con ilusión estos empeños. Tal como ha sido concebida la película, no es esta una esperanza fallida, pues en medio del inevitable desastre musical se advierte un fugaz destello de genialidad, desafortunadamente insostenible, que sale de lo más profundo del ser del personaje. Nos cuestionamos sobre la educación, sus métodos, sus potencialidades, sus límites y sus intencionalidades. Al ver a Marguerite, intuimos que la educación no es siempre una panacea, especialmente porque se desprecian oportunidades de contacto, de experimentación y contraste con la realidad que se desea alcanzar.

MargueriteFinalmente, hay que resaltar los elementos musicales y teatrales de esta película, que es realmente muy bella. Tiene esencias de musical divertido y trágico a la vez, y filmarla tiene que haber sido todo un proceso de transformación para los actores, por el rico ambiente que se construye, en el cual nadie pudo desentonar, ni siquiera la protagonista, cuando representaba esas arias salidas de tono y estridentes; cantos desafinados que se combinan con trozos musicales de calidad, para dar un sentido de equilibrio, de armonía y de belleza.

Así como en el cuento famoso, el emperador puede pasearse desnudo ante su pueblo, mientras que todos alaban los ricos trajes que luce. Y creérselo, hasta que un niño inocente y franco señaló lo que era evidente para todos. Acá Marguerite es una emperatriz ricamente ataviada y la desnudez está en su voz desafinada, que todos alaban. Y ella se lo cree hasta el final mismo de su vida, pues la inocente franqueza de los demás nunca fue parte de su entorno.

Tráiler:

Ficha técnica:

Marguerite ,  Francia / Rep. Checa / Bélgica, 2015.

Dirección: Xavier Giannoli
Guión: Xavier Giannoli, Marcia Romano
Producción: Artemio Benki, Olivier Delbosc
Fotografía: Glynn Speeckaert
Música: Ronan Maillard
Reparto: Catherine Frot, André Marcon, Denis Mpunga, Michel Fau, Christa Theret, Sylvain Dieuaide, Aubert Fenoy, Sophia Leboutte, Théo Cholbi

Enrique Posada

Graduado del Master en Crítica Cinematográfica de AULA CRÍTICA

 

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