Críticas

And the winner is...

Los ganadores

Néstor Frenkel. Argentina, 2016.

Cartel de la película Los ganadoresLa necesidad de reconocimiento, de diferenciarse y transitar en medio de un sobrevaluado exitismo toma cuerpo a través de los premios (cualquiera sea) y, por ende, de ceremonias destinadas a dar luz a los premiados en cualquier rubro o categoría que alimente el ego. ¿Quiénes están detrás de las premiaciones? ¿Con qué fin, en realidad? ¿Cuál es la vara que determina que el trabajo o la labor de alguien sea la mejor?

Los Ganadores, nuevo documental del cineasta argentino Néstor Frenkel, explora situaciones y curiosos personajes, como suele hacer en sus trabajos Buscando a Reynols (2004), Construcción de una ciudad (2007), El Amateur (2011) y El gran simulador (2013), sobre la que ya hemos escrito en EL ESPECTADOR IMAGINARIO. En esta oportunidad, el realizador indaga sobre las causas que motivan la creación de un sinfín de premios desconocidos hacia distintas disciplinas y cómo estos movilizan todo un aparato publicitario, comercial y de especulación entre los que los otorgan y los que reciben.

La idea del documental surge a partir del rodaje de El Amateur (2011), donde el protagonista, Jorge Mario, se enorgullece de la colección de premios (no muy conocidos) que acumuló a lo largo de los años. Esa característica le llamó la atención y comenzó a investigar sobre el tema. Para sorpresa de muchos, halló un verdadero “submundo” de premios, ceremonias y premiados. Digo submundo, porque Frenkel no se mete con el circuito de premiación más prestigioso o conocido, donde participan personalidades reconocidas o destacadas, sino en otros, que existen de forma paralela, para premiar programas culturales de radio, televisión o cable zonal, barrial y/o provincial. Algunos son: Premio Reyna del Plata, Antena VIP, Río de los Pájaros, Galena, Faro del Fin del Mundo, La Gaviota de Oro y Estampas de Buenos Aires, entre tantísimos otros.

La cuestión no termina ahí, porque una de las curiosidades de Los Ganadores radica en quienes organizan los eventos, lucrando con la esperanza ajena. En los certámenes suelen sacar rédito y dejar contentos a todos los participantes que aportan un monto al inscribirse en los más diversos concursos. También es cierto que algunas personas (adictas a los premios) se anotan en cuanto certamen aparece, (des)conociendo esta realidad. Es más, a la hora de salir ternados, algunos no recuerdan, siquiera, para qué categoría fueron nominados. O sea, la película da cuenta y expone libremente la puesta en escena de un engaño, un simulacro, del cual son responsables tanto los organizadores como aquellos a quienes, sin importarles nada, quieren sólo sus cinco minutos de fama. En el medio, también estarán los que aún creen en la legitimidad de los premios, y esta es la parte que más incomoda, ya que iguala al resto.

“La gente necesita reconocimiento –comenta su realizador. Hay sistemas más y menos sofisticados de creación de prestigio, pero son igual de patéticos. Acá en los festivales hay gente peleando por ver en qué hotel la pusieron, si tiene habitación con vista al mar o no, de qué color es su credencial… Todos están peleando por su ego, midiendo su valía personal. Ver en qué competencia estoy o cuántos periodistas vinieron a mi proyección es una manera desesperada de crearte un prestigio, sentir que lo que hacés, vale. Y yo no estoy afuera: me paro delante del micrófono y hablo en la sala después de la proyección, hablo para tu nota… Pero trato de generar un objeto que nos haga reflexionar sobre eso”.

Fotograma de Los ganadores

A través de imágenes de archivo, entrevistas a cámara, la voz en off de Frenkel, que interviene en las escenas o relata su proceso de investigación, permite exponer un documental que se construye a sí mismo delante del espectador, una característica que suele definir su estilo. La cámara y la gran fotografía de su colaborador, Diego Poleri, captan instancias y detalles que hacen a la identidad de Los Ganadores, dejando no muy en claro la toma de posición de Frenkel frente al tema en cuestión o con una parte de ellos.

La mirada sobre los hechos y el formato que elige para hacerlo son de los puntos más polémicos de la película que, a diferencia del resto de su filmografía, denota cierta ambigüedad interpretativa en relación a cómo se muestran los premiados y desde qué lugar se lo hace como realizador. Por ejemplo, hay una escena en la cual se capta a un hombre sonriendo frente a cámara durante un minuto y medio en plano fijo (es uno de los tantos ganadores de cuanto premio desconocido haya en el planeta). ¿Qué significado tiene la escena montada de esa manera? ¿Se burló del entrevistado? Después de haber resultado un tanto desagradable a la hora de la entrevista, ¿buscó ridiculizarlo frente al público?

Luego, el documental centrará su interés en la cobertura minuciosa de los premios Estampas de Buenos Aires (que abarca la segunda mitad de la película), comenzando por su organizador, un conductor de radio y cable provincial que es un asiduo premiado y amante del tango. Mientras la cámara lo acompaña a distintos certámenes, junto a su esposa, se va tallando en madera el premio que él mismo entregará. El detrás de escena de la ceremonia en la Sociedad de Fomento es casi un capítulo aparte por todo lo bizarro de su preparación. Frenkel no vacila en narrar con la cámara la falta de protocolo y lo casero del asunto. El paneo sobre los manteles de plástico, la vajilla descartable con vasos y platos de colores, los sándwiches de salame y queso como parte del catering, las listas de invitados escritas a mano y todo lo que a pulmón hace la familia para “la gran noche”.

Los ganadores, de Néstor Frenkel

Los cortes en los planos componen un collage variopinto. Hay un hombre que saca el peine del bolsillo y rápidamente se peina en la mesa, mujeres recargadas de maquillaje, algunos mal vestidos, una cantante premiada por un disco que aún no terminó, la cobertura de los discursos pronunciados con el énfasis de haber ganado el Nobel y así… (Esta enumeración lejos está de ser peyorativa, simplemente expongo lo visto).

Bajo esa observación filosa, casi al límite entre la ironía y el sarcasmo, hay momentos graciosos que no tienen desperdicio. Entre ellos, el diálogo al terminarse las gaseosas entre el organizador y su esposa, delante de todos; las listas con los ganadores que se pierden en la mitad del evento o el seguimiento de cerca del organizador, un “multifunción” que va de mesa en mesa para cobrarles el video del evento, les canta un tango, entrega premios, baila y discute con quienes aún no recibieron nada: “Es imposible, acá todos ganan”, dice una y otra vez.

Sin embargo, los planos encierran matices, hay rostros que denotan cierta ingenuidad, actitudes de gente sencilla, no acostumbrados al roce social y que, con mucha alegría, se sienten reconocidos por otros en algo de lo que hacen. No sabemos su historia, lo que vemos es solo un recorte, la porción que Frenkel quiso que miráramos, pero nunca es la única ni la más certera. Si bien la incomodidad a la que nos lleva como espectadores implica una reflexión al respecto, en relación al usufructo de las premiaciones como negocio, también invita a pensar los límites de un lenguaje que pone en tela de juicio la falta de escrúpulos de quienes lucran con la ilusión ajena, y eso está bien, porque el documental lo lleva hasta el límite del ridículo con un humor que descomprime.

Es cierto que hay muchos aspirantes a recibir un premio, que no les importa cómo ni quién, ni para qué, sino simplemente sentirse un verdadero winner. El desacierto de Los Ganadores, o su lado más flojo, radica en que todos han quedado observados bajo la misma vara. El realizador no tomó partido e igualó su mirada sobre aquellas personas más vulnerables. Los expuso, sin permiso, al servicio de un documental que se llevó puesta parte de su fragilidad, mientras todos brindaban.

Tráiler:

Ficha técnica:

Los ganadores ,  Argentina, 2016.

Dirección: Néstor Frenkel
Duración: 78 minutos
Guion: Néstor Frenkel
Producción: Sofía Mora
Fotografía: Diego Poleri
Música: Gonzalo Córdoba

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