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Amadeo I de Saboya, un rey sin reino

Cartel Stella Cadente

Mucho metraje han ocupado las historias de monarcas y monarquías en el cine. En el caso de la historia española existen algunos reyes y reinas bastante socorridos y populares, sin embargo  Amadeo I, de origen italiano, conocido como el Rey Caballero o el rey Electo, primer Duque de Aosta y  miembro de la noble Casa Saboya, es un caso bastante desconocido en la historia nacional, totalmente olvidado por el cine. No es hasta hace escasos tres años que se retrató por primera vez en la pantalla la vida de uno de los reyes más progresistas que ha tenido la península con la personalísima pieza Stella Cadente, de Lluis Miñarro (2014). Si damos un vistazo al extenso trabajo como productor de Miñarro, podremos encontrar piezas sumamente interesantes, como su colaboración con el maestro Manoel de Oliveira en El extraño caso de Angélica (2010) o filmes tan peculiares como El muerto y ser feliz, de Javier Rebollo (2012), Uncle Boonmee recuerda sus vidas pasadas, del tailandés Apichatpong Weerasethakul (2010), Finisterrae, de Sergio Caballero (2010), entre otras muchas. Su primer largometraje de ficción no podía ser menos que el primer y muy particular retrato de un monarca por demás, también bastante especial.

El filme se centra en el rey Amadeo I y su fugaz reinado en una España, a la cual se trasladó desde Torino hacia 1870. Sus vínculos con la casa real española venían por su madre María Adelaida de Austria, nieta de Carlos III de España. Como diría el director, «el filme retrata el paisaje mental del rey y en este sentido es ambigua, es contradictoria, porque los seres humanos lo somos»[1]. Stella Cadente no es una película histórica al uso, ni siquiera una biopic, es un compendio de pasajes en la vida de este personaje durante su estancia en España, centrado en las emociones y las luchas de poder sobre las que se estableció su reinado.  Un filme atípico, fuera de las fórmulas y centrado en la poética del gesto, de una luz barroca, construida a través de una estética marcadamente pictórica y de sensaciones visuales, a partir de las cuales se configuran los pasajes mentales y visibles de un personaje interpretado magistralmente por el actor Àlex Brendemühl.

La España del siglo diecinueve es una nación convulsa y en crisis, tanto en el territorio nacional como en los territorios ultramarinos que terminaron por perderse con las guerras de fin del siglo. Señala Hesse y Troncoso, «al llegar Amadeo I a España se encontró con la existencia de tres partidos que apoyaban la nueva dinastía: unionistas, progresistas y demócratas; dos partidos antisistema, el republicano y el carlista, y un partido, el moderado, escindido entre alfonsinos e isabelinos» [2]. Era un país completamente dividido por los poderes políticos. Los conflictos con el reinado de Isabel II y el agudizamiento de la crisis interna llevarían al alzamiento de 1868, conocido como la llamada Revolución Septembrina o La Gloriosa, intento de remover los antiguos sistemas monárquicos. Aunque no terminaría radicalmente con la monarquía, La Gloriosa sacudiría los cimientos del sistema, logrando instaurar la primera monarquía parlamentaria española, que luego daría paso a la Primera República y, más tarde, a la Restauración Borbónica.

Aunque es hacia 1870 que Amadeo de Saboya toma el poder, los eventos que lo llevarían a a tener el voto mayoritario en el Congreso, 191 votos a favor, comienza hacia 1866 con la primera crisis financiera del capitalismo español y la insurrección madrileña, y tienen en Juan Prim Prats, militar y político español, el principal impulsor. La crisis «fue consecuencia del deterioro al que había llegado el régimen isabelino. El sistema de las dos confianzas se había mostrado ineficaz para establecer un turno pacífico entre moderados y progresistas, debido al protagonismo adquirido por la Corona»[3]. Aprovechando la inestabilidad de los poderes progresistas y demócratas en pugna, firman el Pacto de Ostende, iniciativa de Prats, con el objetivo de abonar el camino para derrotar definitivamente a la monarquía. Con los claros objetivos de destruir todo lo referido a los poderes existentes y nombrar una asamblea constituyente, bajo la dirección de un gobierno provisional, que se hiciera cargo de llevar adelante un proyecto soberano, conseguido a través del sufragio universal directo, el Pacto de Ostende allana un camino que se había comenzado a inicios del siglo. Par de años más tarde en 1868, comienza la sublevación de Cádiz con el lanzamiento del manifiesto  ¡Viva España con honra!, redactado por el escritor unionista Abelardo López de Ayala, que culmina con la salida  de Isabel II al exilio y el establecimiento de un poder provisional del que formaba parte Juan Prim Prats.

Imagen Stella Cadente

Prim Prats podría decirse que fue el artífice del reinado de la Casa Saboya. Convencido de que el monarca tendría un poder moderador que podría llevar el país a una cierta estabilidad, el conde de Reus mueve los hilos del Congreso para lograr su cometido. El reinado de Amadeo Fernando María de Saboya y su espíritu modernista centroeuropeo chocó de frente con una España estremecida y revolucionada. Primer rey elegido por un parlamento su «nueva monarquía nunca fue apoyada mediante una campaña institucional por parte de los partidos; éstos, demasiado ocupados en defenderse unos de otros, la atacaban o protegían según estuviera uno de ellos en el poder. Amadeo I se vio peligrosamente involucrado en el juego político al verse obligado a intervenir decisivamente en la formación de uno de los dos partidos, el conservador, que tenían que sostener al régimen creando una alternancia en el poder»[4]. Es por esto que su llegada a España estuvo marcada por la soledad y el aislamiento a que se vio sometido para su supuesta protección. Atado por los poderes de una España de mantilla y espada –regida por la corrupción y una legalidad obsoleta- fue incapaz de poner en práctica ideas tan progresistas como la separación del estado y la iglesia, planes de alfabetización de las clases humildes y el desarrollo de la educación.

Stella Cadente es el esbozo de esta situación política descrita a grandes rasgos, en especial, la estancia del rey y de lo que el director asume que serían las vivencias de un rey extranjero en tierras extrañas y hostiles. Profundamente simbólica, descriptiva y pulida a nivel visual, la utilización de una música de repertorio que comenta las secuencias y una fotografía excelente que recrea obras tan famosas como el escandaloso El origen del Mundo, de Gustave Courbet en versión masculina, es un filme a decir de su director «psicodélico, sicalíptico y republicano pero de estética monárquica». El mismo comienza con una ruptura de la narrativa clásica al establecerse como seudo documental, donde Amadeo comunica al espectador las circunstancias de su elección como rey de España. Se lanza al aire una moneda sobre la superficie marmórea de una mesa, quedando el perfil del monarca sobre la piedra.

Miñarro articula su historia en dos tiempos. Un primer tiempo donde el monarca llega a España, siendo recibido por el castillo gigantesco e imponente –el Castillo del Monte, referente arquitectónico en sí mismo inusual, Observatorio astronómico octogonal que dibuja la geometría de una situación sociopolítica compleja-, su patio interior de grandes dimensiones, un amplio salón vacío, una escalera claustrofóbica, un asiento desolado traducen la incomunicación y encierro del rey. Espacio de reclusión y aislamiento definido desde el inicio por el uso del contrapicado, donde la monumentalidad frente a la figura humana preconiza lo que va a ser más una cárcel que una residencia soberana. El aislamiento, la condición de rey títere y los manejos irreverentes y coercitivos a que fue sometido son mostrados a través de sutiles referencias, donde predominan visualmente los planos detalles y medios en los momentos más íntimos, y los planos generales para la interacción de la figura con su entorno. La muerte de su protector Juan Prim, justo a su llegada, ponen al monarca a merced de la pugna de los poderes restantes. «La inestabilidad política fue constante; el consenso, inexistente. La Corona careció del apoyo necesario capaz de prestigiar sus actuaciones siempre intachables. Sucedió todo lo contrario, los actos del monarca fueron puestos en entredicho, se exigió a la Corona que tomara partido, que no fuera neutral. Los partidos estaban demasiado imbuidos por la práctica del régimen de las dos confianzas isabelino. No supieron llevar a efecto la Constitución democrática de 1869. Existió un claro contraste entre lo estipulado por la Constitución y la práctica política realizada durante la monarquía democrática».[5]

Barbara Leni en Stella Cadente

El segundo tiempo está marcado por la aparición de una estupenda Barbara Leni en el papel de la reina María Victoria y el despliegue de toda una iconografía simbólica que convierte el drama histórico en exorcismo, como expresa el director, «también he aprovechado para liberar fantasmas propios¨[6]. Y es que fue un arduo trabajo de investigación llegar a la verdad del personaje. En España la información existente es escasa y debieron ir a la casa Saboya en Italia para encontrar material en que basar un relato. Ciertas son la vocación voyeurista de Amadeo, que era masón, con cierta inclinación a la numerología, a la literatura erótica y la existencia de una amante española, y son estas características las que conforman parte del aura sensorial que domina un filme sensual y sexual a partes iguales.  A este respecto el director se confiesa en una entrevista telefónica con Hiroko Yamazaki: «La energía sexual lo envuelve todo. ¿Como no iba a estar en la película? Quizás he vomitado algún fantasma». Un fantasma atizado por datos biográficos del rey Caballero.

Stella Cadente es un rompecabezas para espectadores amantes de los descubrimientos. La ópera prima de Miñarro es un juego lleno de referencias cinematográficas y artísticas –Bergman, Buñuel, Bresson-. Un filme de arte. Un antes y un durante la presencia de la reina consorte, marcada su llegada por el anacronismo musical que introduce, en este retrato fragmentario, contemplativo y a ratos surrealista, de la estancia de Amadeo, el tema Elle était si jolie, de Alain Barriere. Y el después de la partida de María Victoria –enmarcado en el segundo tempo-, celebrada con una nueva melodía sesentera y extemporánea, que determinará el inicio del declive de la regencia hasta su abdicación.

Fotograma de Stella Cadente

En 1873, Amadeo abandona todo esfuerzo inútil y abdica. Su renuncia, dirigida a la nación, reconocía que «todos los que con la espada, con la pluma, con la palabra agravan y perpetúan los males de la Nación son –eran- españoles». Como una estrella fugaz cierra el filme su discurso, sin dar pie a moralinas ni recomendaciones. Concluye de la misma forma directa que inicia. Amadeo termina su diálogo con la cámara, moviéndose lentamente hacia ella y dándole el frente a una nación que siempre le dio la espalda. Miñarro ha hecho un monumental retrato, valiéndose de fragmentos y una visión muy personal, demostrando que además de ser un excelente productor, como director tiene mucho que decir. Deja así por primera vez para el cine, la historia fragmentada de un rey que estuvo muchos años por delante del tiempo del país que le tocó en suerte reinar.

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[1] Sarda, Juan. (2014). Entrevista a Luis Miñarro: “Con Stella cadente he liberado fantasmas propios”. Disponible en el Cultural.es (http://www.elcultural.com/articulo_imp.aspx?id=34759)

[2] Hesse, M. M., & Ram6n, R. T. (1987). La práctica del poder moderador durante el reinado de Amadeo I de Saboya. Revista de Estudios Politicos (REP), (55), 237-271.

[3] Hesse, M. M., & Ram6n, R. T. (1987). La práctica del poder moderador durante el reinado de Amadeo I de Saboya. Revista de Estudios Politicos (REP), (55), 237-271.

[4] Hesse, M. M., & Ram6n, R. T. (1987). La práctica del poder moderador durante el reinado de Amadeo I de Saboya. Revista de Estudios Politicos (REP), (55), 237-271.

[5] Hesse, M. M., & Ram6n, R. T. (1987). La práctica del poder moderador durante el reinado de Amadeo I de Saboya. Revista de Estudios Políticos (REP), (55), 237-271.

[6] Sarda, Juan. (2014). Entrevista a Luis Miñarro: “Con Stella cadente he liberado fantasmas propios”. Disponible en el Cultural.es (http://www.elcultural.com/articulo_imp.aspx?id=34759)

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