Críticas

Buscando libros

Libreros de Nueva York

The Booksellers. D. W. Young. EUA, 2019.

Si hablamos de productos, nos encontraremos pensando en quienes los crean y en quienes los consumen. Sin embargo, lo que a veces falta en nuestra imaginación a la hora de hablar de esta simbiosis entre creadores y consumidores son aquellos elementos que permiten una conexión entre estos los dos: los distribuidores, los que efectivamente nos venden el objeto. En el caso de los libros, nos veríamos así enfrentados ante los escritores (de novelas, de ensayos, de poesías) y los lectores (de cualquier edad y cultura o subcultura), unidos por los que efectivamente nos venden las hojas que vamos a voltear. La palabra, entonces, sería “intermediario”, aquella persona gracias a la cual se nos facilita la compra. Sin embargo, si de los libreros discutimos, esto va más allá, ya que el acto de facilitar remonta a una cuestión más complicada, la capacidad por parte de este intermedio de situarse en una condición de “quien busca y encuentra”, persona capaz de presentarnos aquella(s) obra(s) que habíamos estado deseando.

¿Quiénes son, entonces, los protagonistas del documental de D. W. Young? Si la primera respuesta podría ser, obviamente, “los libreros” (de Nueva York, por supuesto, como se ha decidido subrayar en la traducción del título al castellano), esto no bastaría, ya que la obra que se nos presenta tiene una relación más amplia entre sus temáticas, o sea entre las que se definen como manifiestas y las que se introducen en tanto subrepticias. Efectivamente, si los entrevistados hablan de lo que sería su trabajo (vender libros), una vez que hayamos entendido la proposición aparente (se venden libros antiguos) nos es permitido acceder a una visión más amplia y psicológicamente humana de este oficio, para así adentrarnos más en la explicación del movimiento laberíntico de quien se mueve por la obsesión de las palabras imprimidas sobre unas hojas.

Comprar y vender obras no se define entonces como un simple mecanismo que deja poco espacio a la imaginación. El acto de buscar lo único o, más a menudo, lo raro supone cierta relación casi morbosa entre el librero y los productos, relación que se concretiza en una capacidad muy esmerada de saber evaluar un libro tan solo dándole un vistazo, volteando sus páginas. Lleva así esta consideración a poner de manifiesto la necesidad casi estructural (biológica y mental) del librero de clasificar el mundo entre lo que se refiere a su oficio y lo que está fuera de él, demostración esta de una toma de conciencia de las tendencias (las pasiones) singulares no tanto de cada uno sino de cada clase (social y no solo) que forma parte de nuestra sociedad. Los libreros, dicho de otro modo, se parecen entre ellos, personajes que se entremezclan en abstracto perpetuando sus características (¿una subespecie del ser humano?).

Así es como Young nos presenta esta investigación. Una temática que, de por sí, parece no tener mucha importancia ni dejar (¿necesitar?) mucho espacio, casi como si todo se pudiera resolver en unos pocos minutos, y que, sin embargo, logra atrapar al espectador para que se le abra un mundo nuevo, diferente, ante los ojos. Se habla, por ejemplo, de la relación entre el presente y el pasado, entre el librero de hoy y el librero de ayer, intentando encontrar una solución a la pregunta de qué va a ser esta persona mañana. También se discute de la condición de la mujer y de cómo las cosas han ido cambiando (o quedan las mismas de siempre). Movimiento centrípeto y centrífugo, entonces, el de Young, que se aleja del tema principal (la venta de libros) para seguir volviendo a él, demostración esta de un sistema de interrelaciones.

Libreros de Nueva York se resume al final como una exploración de carácter antropológico, capaz de introducirse en una parte de la sociedad de la que poco o (casi) nada sabemos. Nos permite aprender algo del que normalmente nunca habríamos ni sabido trazar el contorno, demostración esta del valor de la película en tanto documental. El ritmo pausado, la atmósfera calma (una tranquilidad típica de las bibliotecas y de quienes trabajan con los libros) y el marco de intimidad que rige las entrevistas, todo esto hace que los casi noventa minutos de duración pasen casi desapercibidos, regalando así una visión agradable y acogedora, como cuando, sentados en una silla durante la tarde, apagamos un poco la luz y nos dejamos llevar por las páginas de un libro hasta que, sin darnos cuentas, nos viene a la memoria la cara de quien nos las ha vendido y nos preguntamos qué historia puede esconderse detrás de ella.

Tráiler:

Ficha técnica:

Libreros de Nueva York (The Booksellers),  EUA, 2019.

Dirección: D. W. Young
Duración: 99 minutos
Producción: D. W. Young, Dan Wechsler, Judith Mizrachy, Parker Posey
Fotografía: Peter Bolte
Música: David Ullmann

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