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La Reina Virgen: La figura de Isabel I de Inglaterra en el cine

Isabel I de Inglaterra

En El retrato del Arco Iris, pintado por Isaac Oliver, alrededor de 1600, vemos a una Isabel I esplendorosa, que sujeta con su mano derecha un arco iris para representar la Edad de Oro con la que iluminaría a su reino tras la victoria contra la Armada Invencible española. La iconicidad de Isabel I,  con su cabello rojo coronado con joyas, su tez blanca atemporal y el inconfundible cuello de encaje que se levanta detrás de su busto, como las alas de un pavo real, definen la imagen de la reina que ha perdurado en nuestros días, creando un estilo propio, la moda isabelina, y una inspiración para la creación de personajes (véase la Reina de Corazones, interpretada por Helena Bonham Carter en Alicia en el País de las Maravillas (Alice in Wonderland, Tim Burton, 2010).

En sus retratos, Isabel era representada como una diosa pura, intocable y divina, con el poderío suficiente para que nadie osara cuestionar su reinado. Se la apodó la Reina Virgen por su soltería y su negación a la descendencia. Este apodo fue secundado por ella y beneficioso para reafirmar su poder, su independencia y su entrega a la política. Se configuró así la imagen de una de las mujeres más poderosas, respetadas y, a la vez, más temidas de la Historia.

Su tumultuosa biografía ha propiciado una larga lista de representaciones a lo largo de la historia del cine, ya que muchos de los capítulos de amoríos, traiciones, conjuras o políticas han dado para tramas, además de ser un símbolo cuasi feminista y único en la historia, con una gran cantidad de matices interpretativos y representativos. Desde su infancia hasta su decadencia, encontramos ejemplos en el cine que, desde diferentes puntos de vista, retratan al personaje, en ocasiones más humano, en otras más fiero, en ocasiones querida y otras, odiada, al igual que todos los personajes que rodearon su vida.

Hija de Enrique VIII y la malograda Ana Bolena, Isabel nació en 1533, y a la edad de tres años, su madre fue decapitada por adulterio. Fue declarada hija ilegítima del rey e indigna de la sucesión. Más tarde, su hermanastra María Tudor, apodada Bloody Mary, instauró el catolicismo en Inglaterra y se casó con el, por entonces, príncipe de España, Felipe II. La dinastía de los Tudor, especialmente por la personalidad de Enrique VIII y su agitada vida sentimental, ha sido llevada al cine y a la televisión en numerosas ocasiones, destacando la televisiva serie Los Tudor  (The Tudors, 2007), interpretando el papel de una Isabel adolescente Laoise Murray, y en la que se narra la educación que recibió Isabel por parte de Catalina Parr, la sexta y última mujer de Enrique VIII, quien la instruyó en el protestatismo, y de los demás tutores que la prepararon con la educación destinada a los herederos varones. En Las hermanas Bolena (The Other Boleyn Girl, 2008), Natalie Portman interpreta a la madre de Isabel, Ana Bolena, y su tortuoso matrimonio con Enrique VIII, que finalizó con su trágica decapitación en el cadalso.

Tras la muerte de su hermanastra María y con la ayuda de Felipe II, quien sentía especial afecto por Isabel, aunque sus cortejos fueron rechazados, Isabel fue proclamada reina. A pesar de haber profesado el catolicismo bajo el reinado de su hermanastra, Isabel adoptó la educación recibida por parte de Catalina Parr y reinstauró y consolidó finalmente la Iglesia Anglicana.

El hindú Shekhar Kapur realizó Elizabeth en 1998, tratando los años previos y los primeros del reinado de Isabel, en la que Kapur ya apunta maneras ideológicas y discursivas que mitifican la figura del protestante y pone en detrimento a los católicos, en un maniqueísmo totalmente subjetivo que continuará en su siguiente obra, Elizabeth, la Edad de Oro (Elizabeth, the Golden Age 2008). Los juicios y condenas a los protestantes por parte de María Tudor, hija de la católica Catalina de Aragón, son representados como  crímenes inquisidores a los anglicanos, obviando por completo que Isabel continuó las directrices de su padre, creando una Iglesia al servicio de su monarquía, exigiendo a sus súbditos el Juramento de Supremacía, que sustituía la autoridad del Papa por la del monarca inglés, cuya traición supondría la pena de muerte.

Los filmes de Kapur alientan la leyenda negra de Felipe II, infundada por el reinado de Isabel I, en el que se oscurecía la imagen del monarca y por extensión del catolicismo, sus desgracias y las derrotas que sumieron a España en la bancarrota. La derrota de la Armada Invencible es llevada a escena de manera épica y ensalza la figura de Isabel como reina guerrera y cercana a su pueblo y, por otro lado, la derrota de un rey, cuya propaganda negativa, fundada por el sector protestante, tildó a la corte española de cruel y oscura.

Isabel I de Inglaterra

Cate Blanchett interpreta a Isabel en ambos filmes y la representa en todo su esplendor, con un vestuario exquisito y una ambientación sobre la que se desarrollan las tramas palaciegas y juegos de poder que bien podría ser una edulcorada  Juego de Tronos (Game of Thrones, 2011). El arco de transformación del personaje, desde la hija ilegítima y bastarda encerrada en la Torre de Londres por su malvada hermanastra hasta la Reina Virgen, responsable de la mayor época de paz y prosperidad de Inglaterra, le valió a Blanchett dos nominaciones al Oscar a la categoría de mejor actriz.

En Elizabeth, la Edad de Oro, vemos también una de las tramas más sustanciosas de la vida de la monarca inglesa, y esa fue la rivalidad con la católica María Estuardo de Escocia. Hija de Jacobo V de Escocia  y María de Guisa, y nieta de Margarita Tudor, la hermana de Enrique VIII, fue la heredera legítima del trono de Inglaterra en el caso de que Isabel no tuviera descendencia.  María se casó con Francisco II de Francia, pero tras su muerte y la pérdida de la corona francesa, volvió al reino de Escocia. Tras imponerse el partido protestante en Escocia, la ferviente católica María huyó a Inglaterra, donde gran parte del pueblo la reclamaba como la verdadera reina. Finalmente, tras la trampa que le tendió el secretario de Estado de Isabel, Sir Francis Walsingham, sus conspiraciones contra Isabel le supusieron su muerte en la guillotina en 1587. Samantha Morton interpreta a María Estuardo y como ya hemos señalado, todo se pone del lado de la iluminada Isabel, reforzada por una fotografía cálida, luminosa y una personalidad bondadosa y tolerante respecto a una María Estuardo oscura, de vestuario negro, temerosa de Dios y culpable de traición.

En 1936, John Ford realiza María Estuardo (Mary of Scotland), basada en la obra de teatro homónima de Maxwell Anderson, que obtuvo gran éxito en Broadway, con Katharine Hepburn en el papel de Maria y Florence Eldridge en el de Isabel I. Y en esta ocasión se cambian las tornas con una puesta en escena a favor de una bellísima y pura Maria de Escocia contra una frívola y malvada Isabel. La monarca, en esta ocasión, es meramente una antagonista a la estrella es Hepburn, sobre la cual la cámara se recrea en primeros planos, fruto de los sentimientos del director hacia la actriz.

Esta no fue la primera vez que el trono de Isabel corrió peligro: a finales de su reinado, ya con más de sesenta años, se enamoró de un joven Conde de Essex, impetuoso y soberbio que trató de arrebatar el poder a su enamorada.

Ya en el periodo silente, en Les Amours de la reine Elisabeth (Henri Desfontaines, Louis Mercanton, 1912), fue uno de los últimos papeles de la actriz Sara Bernhardt a la edad de 67 años. En el filme se narra la aventura amorosa y complicada relación entre el conde de Essex y la monarca. Una de las historias más morbosas, quizás, de la vida de la Reina Virgen, ya que su flirteo acabó en traición por parte del conde de Essex, el cual finalmente fue decapitado, acto benevolente de la reina, debido al afecto que le profesaba, ya que podría haber acabado peor parado.

En La vida privada de Elisabeth y Essex (The Private Lives of Elizabeth and Essex, Michael Curtiz, 1939), Bette Davis y Errol Flynn interpretan a la pareja. Davis obtuvo nominación al Oscar por el papel de la decadente reina poco agraciada escondida tras su tez blanca y peluca pelirroja, pero con una personalidad que conquistó a muchos hombres, a pesar de su apodada virginidad. En esta obra, de nuevo se vuelven a narrar los devenires amorosos de la reina y el que fue su gran amor, conde de Essex. Así como en La vida privada de Enrique VIII (The Private Life of Henry VIII, Alexander Korda, 1933), en la que Charles Laughton interpreta a un monarca estrictamente en sus relaciones amorosas, ignorando completamente los éxitos políticos, Bette Davis y Erroll Flynn interpretan la relación fracasada por culpa del ansia de poder. Una visión de la reina frágil y edulcorada, capaz de renunciar al reino por amor, en vez de otras lecturas de la Historia, que hablan de Isabel como una mujer sin ningún tipo de pudor a la hora de juzgar a cualquiera que se interpusiera en su camino. Como dice Isabel en una de las escenas, “Ser reina significa ser menos humana, anteponer el orgullo al deseo, buscar en el corazón de un hombre ternura y solo encontrar ambición. Una reina no tiene tiempo para el amor”. Bette Davis volvió a interpretar a Isabel por segunda vez en La Reina Virgen (The Virgin Queen, Henry Coster, 1955), en la que asistimos a otra de las relaciones amorosas de la Reina “Virgen”, también relatado en Elizabeth, la Edad de Oro: el de Sir Walter Raleigh, el pirata que asaltaba barcos españoles por orden de la corona para robarles el oro de las Américas, flirteó con la reina, que admiraba su espíritu libre, y  se casó en secreto con una de sus damas de honor.

Isabel I de Inglaterra

Uno de los grandes hitos de la llamada época isabelina fue el periodo de florecimiento literario británico que, sin duda, valió de escenario cinematográfico. Se promovió desde la corona el teatro, haciendo surgir el nombre de Shakespeare, cuya relación con la reina fue retratada en Shakespeare in love (John Madden, 1998) y en Anonymous (Roland Emerich, 2011). En Shakespeare in love se recrea la época del teatro isabelino y Judy Dench interpreta el breve papel de la reina Isabel, por el que recibió el Oscar a mejor actriz secundaria. Por otro lado, en Anonymous se desarrollan las leyendas sobre la falsa autoría de William Shakespeare. En ambos filmes, el personaje interpretado por Judy Dench y Vanessa Redgrave, respectivamente, representan a una reina que se vale del teatro como un elemento más que refuerza su imagen de poder. A través del vestuario, los teatros y el lujo de las fiestas, la edad dorada de Elizabeth se perpetua en nuestro imaginario. Quizás en un futuro, algún director se atreva a llevar al cine las teorías que dicen que Shakespeare realmente fue hijo ilegítimo de Isabel y de Thomas Seymour, el marido de Catalina Parr, que una vez viudo, trató de contraer matrimonio con Isabel, a la edad de los quince años.

La pequeña pantalla, sobre todo la británica, también ha recogido el retrato de Isabel abarcando en varias obras todo su reinado, como por ejemplo en la teatral producción de la BBC, Elizabeth R (Roderick Graham, 1971), en la que Glenda Jackson interpreta a lo largo de seis capítulos, desde la llegada al trono de Isabel hasta la proclamación de Jacobo VI como rey de Inglaterra. Dado el éxito de la interpretación, Graham Chapman parodió su papel en Monthy Python’s Flying Circus (1969) en un sketch llamado Elizabeth L. Hellen Mirren interpretó el papel en Elizabeth I (Tom Hooper, 2005) y narra sus últimos amoríos con el Conde de Essex y Robert Dudley, hombre ilustre,  casado y amor imposible, que tras su enviudamiento, le nombró Conde de Leicester, otorgándole cargos para mantenerle cerca de la corte.

Isabel I de Inglaterra

La figura de Isabel I de Inglaterra se extiende a numerosos ejemplos más de la historia del cine y la televisión, y continuará, debido al rico carácter de una de las mujeres más poderosas de la historia, independiente y también mala, capaz de rechazar el matrimonio por su propio orgullo personal y no querer compartir el poder con su consorte. El carácter feminista de su vida y la grandeza de su ego y su resistencia a las adversidades mantuvieron a Isabel en uno de los reinados más largos de la historia de Inglaterra. Además del misticismo que rodea a su apodo de Reina Virgen, sus numerosos amoríos dan para continuar realizando series y películas desde la visión de diferentes culturas.  Su imagen extravagante será inolvidable, siempre que se siga manteniendo esa imagen inmortal y divina con la que los pinceles  la retrataron para ser un icono eterno de la cultura popular.

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