Viñetas y celuloide 

La Edad de Oro

La obra de Kentaro Miura (1966-2021) es una de las que más éxito han tenido en toda la historia de los mangas, un éxito tanto en Japón como en el resto del mundo. Se mezclan, en este manga, las características típicas de las estructuras narrativas orientales con las occidentales, llegando así a tener una amplitud y una profundidad global capaz de ir más allá de los límites típicos del género. Efectivamente, es difícil catalogar Berserk ya que los diferentes puntos de vista por el que se mueve traspasan la simple definición de fantasy, y nos resulta imposible o casi presentar una definición completa. La complejidad de la serie, entonces, reverbera por todas las páginas, dándole origen a una historia cuya dimensiones alcanzan el concepto de épica. Con la muerte de Miura queda la obra incompleta, por lo menos en lo que se refiere a las ideas y al lápiz de su creador; sin embargo, lo que hemos ido leyendo sigue (y seguirá) siendo uno de los mejores cuentos no solo del mundo de los mangas japoneses, sino de toda la historia de los tebeos (o mejor sería decir novelas gráficas) de todo el mundo.

Entre 2012 y 2013 se estrenan en los cines tres largometrajes basados sobre unos capítulos de la epopeya miurana. Se trata de Berserk: The Golden Age Arc (en original ベルセルク 黄金時代篇, o sea Beruseruku Ōgon Jidai-hen), traducida al español como La Edad de Oro, una trilogía que se divide en El huevo del rey conquistador, La batalla de Doldrey y El advenimento. Intentan con estas tres obras el director Toshiyuki Kubooka y el guionista Ichirō Ōkouchi convertir lo que son más o menos diez tankobon en un arco narrativo de apenas unas cuatro horas y media. Se pierden por esta razón algunos detalles o hasta unos capítulos originales (piénsese en Wyald, un antagonista que desaparece completamente en la trilogía), pero esto no va a restar fuerza al resultado final, ya que todo encaja a la perfección en una estructura global que logra transmitir las emociones de la obra de papel transformada ahora en una imágenes en movimiento.

Se nota, desde cierto punto de vista, que la falta de un espacio mayor (más minutos) supuso la necesidad de crear un ritmo más fuerte, con la consecuencia de tener que disminuir los juegos de introspección del manga original. De todas formas, el director ha logrado obviar estos defectos con un uso inteligente de las pausas, creando una serie de acentos visuales que pasan de la velocidad de las batallas a los momentos de tranquilidad (aparente o menos que sea), entregándole al espectador una trilogía bien calibrada. Se crea por esta razón un juego rítmico que subraya la velocidad general con unos pequeños momentos de distensión, lo cual implica un movimiento de fuerzas centrípetas y centrífugas.

Acercarse a esta obra pensando que se abre y se concluye en el espacio que ha logrado construirse sería un error. Se nota que forma parte de algo más grande y que, por esta razón, si bien logra atenuar las dificultades de un principio que se rige solo en parte sobre sus piernas, difícilmente nos permite pensar que aquel final abierto pone fin a toda la serie de peripecias que hemos estado viendo. Esta trilogía de La edad de oro sirve entonces como transposición general a la gran pantalla de solo un elemento de algo más complejo; es una obra que se dirige fundamentalmente a quienes ya conocen el mundo de Miura, conscientes de que las limitaciones del cine permiten obtener un número finito de resultados. Si la serie televisiva (nos referimos aquí al ánime de 1997-1998) suponía menos constricciones temporales, lo de la gran pantalla es todo otro mundo, con un conjunto de problemas técnicos que necesitan soluciones de carácter definitivo.

Las tres películas entonces, sin olvidar que forman parte de un único preciso, resultan ser un resultado muy satisfactorio. Difícil hablar de placer a la hora de verlas, ya que las temáticas que vamos a encontrar (como la violación sexual) todo son menos algo placentero. Sin embargo, el carácter adulto del manga logra encontrar su justa transposición, y las emociones (a veces de disgusto, rabia e impotencia) conectadas se ven despertadas por el uso inteligente de una arquitectura visual gracias al ojo inteligente del director. Una trilogía que merece la pena ser vista por los aficionados y que nos invita a adentrarnos en un mundo oscuro, terrible y fascinante.

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