Críticas

Aquello oculto que nos une

La arteria invisible

L'artèria invisible. Pere Vilà Barceló. España, 2015.

Cartel de la película La arteria invisible

Estamos ante un film difícil, con propuestas arriesgadas, que pueden llegar a ser tanto radicales como soporíferas. A vueltas con el tema de la frustración en la maternidad, al igual que la otra película española a concurso en la Sección Oficial del Festival de Valladolid, La adopción, de Daniela Fejerman (2015), también magníficamente protagonizada por Nora Navas, el realizador catalán, Pere Vilà Barceló, en su cuarto largometraje, nos presenta una historia inquietante, con la utilización de tomas muy largas, con cámara fija, en cuyo espacio los personajes entran y salen, sin que se recurra al clásico plano/contraplano, y actuando como réplica la voz en off. La cámara no tiene reparo alguno en tomarse todo el tiempo del mundo, y por ejemplo, no se pierde detalle cuando nos levantamos y tenemos que vestirnos para salir de casa, por lo que asemeja que el tiempo real y diegético se unen, mientras nos ponemos la ropa interior, la camiseta, los pantalones… Recuerda, en su estética, a una película rumana, realizada en el año 2010 por el director Cristi Puiu, Aurora, un asesino muy común (Aurora), más conocido por la dirección de La muerte del Sr. Lazarescu (Moartea domnului Lazarescu, 2005).

Nos encontramos con una obra, basada en la novela El peatge, de Joaquim Vidal y Josep Valls, ya de por sí bastante introspectiva, que, rodada en catorce días, trata de indagar en el alma de los personajes, observando su mutismo, en un mundo de apariencias, contradictorio. El político protagonista con aspiraciones a alcalde, Vicenç, interpretado con acierto por Álex Brendemühl, vive su fachada pública con corrección, intentando proyectar una imagen de preocupación por los problemas ajenos, pero internamente, en sus relaciones personales, subsiste en un verdadero mundo de incomunicación, de vínculos familiares rotos, conectados por lazos ocultos (esa arteria invisible del título), que termina haciendo posible las relaciones, no necesariamente gratas, con estados emocionales muy intensos. El sonido o su falta toma un protagonismo relevante, y los largos silencios intimistas, reflejos de la soledad existente, chocan con ruidos comunes del exterior, como el persistente ladrido del perro del vecino que termina exasperando. Esporádicamente, se muestran incursiones en la realidad social, lo que no parece ser que interese al director mostrar en sí misma, sino únicamente como medio al servicio de su historia.

Fotograma de La arteria invisibleEl film empieza con la cámara recogiendo la imagen del protagonista desde atrás, vigilándolo, mientras mira la televisión, y ese seguimiento alejado, con desapego, se va repitiendo a lo largo de la obra, mostrándose un mundo de apariencias y debilidades heredadas desde la infancia. Se nos presentan escenas descarnadas, especialmente aquellas en las que interviene el sexo, que se muestra explícito y sin concesiones. Además, la mayoría de las tomas que va recogiendo la cámara se rellenan con una presencia dual, de dos actores, que entran y salen, que se exhiben o se ausentan, pero sirviendo el espacio vacío para intentar que el espectador continúe percibiendo la existencia de los personajes. Dedicada a François Truffaut por el director Vilà Barceló, termina desembocando en un ejercicio algo pretencioso, pero con ciertos resultados muy interesantes.

Ficha técnica:

La arteria invisible (L'artèria invisible),  España, 2015.

Dirección: Pere Vilà Barceló
Guión: Pere Vilà i Barceló, Laura Merino
Fotografía: Santiago Racaj
Reparto: Nora Navas, Àlex Brendemühl, Joana Vilapuig, Àlex Monner, Francesc Garrido

Pilar Roldán Usó

Graduada del Master en Crítica Cinematográfica de AULA CRÍTICA

 

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