Críticas

Impeachment a Dilma Rousseff: la política en estado puro

El proceso

O processo. Maria Augusta Ramos. Brasil, 2018.

Cartel de la película El procesoUn documental incisivo por su rigurosidad. La crónica nos introduce paso a paso en el “proceso” de impeachment a Dilma Rousseff.

Desde los antecedentes inmediatos hasta el final, María Augusta Ramos evita el sensacionalismo amarillista. Busca rigurosidad periodística a partir de datos propios del “ejercicio profesional de la política”. Fragmentos de intervenciones parlamentarias y reuniones de equipos de trabajo partidario son, en su mayoría, momentos que nutren un relato cuya característica principal es la secuencialidad: una selección de hechos en sucesión cronológica. Asistimos a un relato cinematográfico ordenado, a la vez que sesgado hacia una sobria defensa de Dilma. Las cámaras de Ramos evitan casi toda referencia a multitudes, solo se centran en “lo político profesional”, un “proceso” cargado de alternativas que delatan su final, frente a la lucha que dignifica y enaltece.

Sesgada versión de los hechos, que pasa por alto toda referencia a lo político militante. No existe pretensión alguna de utilizar esa vía para arrimar agua al molino de una izquierda degradada por la corrupción. Dilma es presentada desde la autoconciencia de un personaje que se ha vuelto impopular, más, no por eso, responsable de las acusaciones que recibe. Posición que Ramos intenta reforzar, mediante contraposiciones discursivas que nos acercan a las “verdaderas” razones del juicio político. Apela a sucesos parlamentarios: sesiones de cámara, comisiones o reuniones de bancada del PT.

El proceso fotograma

Un excelente montaje, que remarca la soledad al final del proceso: muy pocos manifestantes junto a la prensa y políticos. El documental intercala momentos de silencio y vacío, con fuertes acciones de debate parlamentario. Es una constante que denota la soledad en que Dilma Rousseff va quedando frente al proceso. A su vez, las imágenes contradicen los discursos: Aecio Neves pone énfasis en la impopularidad expresada en las calles.

El rasgo exitista del pueblo brasileño es puesto de manifiesto en lo decreciente de su participación. Al principio del documental, se ven grupos de apoyo en defensa de ambas posturas en disputa. Esto sucede cuando se vota y aprueba el inicio del proceso ; su final coincide con las olimpíadas, evento que, suponemos, pudo funcionar también como distractor.

El balance general marca un acostumbramiento y descreimiento de la población, que no condice con la gravedad del problema tratado: el político, más allá de ideologías, es considerado corrupto.

Un filme muy bien estructurado, tanto desde el detalle de lo cronológico, como de los intervalos en negro entre las diferentes etapas del proceso. Inclusive, ofrece una introducción que presenta el tema a tratar y una secuencia, pre-cierre, que ubica al espectador en los sucesos posteriores (año 2017);  conclusión que se ofrece como prueba de las hipótesis de la defensa y nos sitúa, ahora sí,  claramente en la línea partidaria de la autora.

Somos ilustrados acerca del fervor con que se defienden los intereses políticos, desde una división en bandos que sucumbe ante las reglas del sistema: triunfarán quienes estén entrenados en su mejor aprovechamiento; la construcción de mayorías es fundamental.

O processo escena

La utilización de planos generales aéreos, desde diferente angulación, nos remite a la importancia de la aglomeración, como concepto de diverso peso frente a la decisión política. Tenemos algún plano cenital que capta la cámara de senadores, en términos de fervorosa participación en defensa de intereses contrapuestos, una suerte de juego vital, donde la democracia se tiñe de fuertes rasgos emocionales, sin los cuales, parecería no ser creíble. Circunstancia apoyada por primeros planos de acaloradas intervenciones, donde, sobre todo, destaca la participación de la abogada pro-impeachment: Janaina Paschoal, quien recibe un tratamiento colindante con lo absurdo. La cámara la toma en pleno precalentamiento, al mejor estilo Mike Tyson. Lo que viene es un combate, se debe estar distendido.

La defensora de las leyes es ofrecida en imágenes, que la definen en términos de burda moralina constitucionalista, finamente recubierta por un ánimo sensiblero al estilo culebrón de la tarde. Una forma de parodiar al “personaje” jurídico del bando contrario, como defensa ante la sutil ofensa al líder político. Son destacados los juveniles deseos de Dilma, en medio de la tristeza por el no cumplimiento de una vocación, que hubiese deparado éxitos y ahorrado dolores de cabeza a la república: “Pero, cuando la presidenta Dilma dio una entrevista al Fantástico y dijo que ella soñaba con ser bailarina de ballet, lloré. La bailarina se perdió”.

Volviendo a los planos generales aéreos, debemos decir que son útiles a la presentación de un contexto callejero que, si bien se muestra participativo y fervoroso, en momentos de definirse la ejecución del proceso, desaparece de las cámaras durante su desarrollo y culminación. Así lo evidencian las calles vacías en los picados de las inmediaciones del palacio de las leyes.

O processo crítica

Se expresa la naturalidad de un trayecto que debe ser realizado más allá del resultado, el juego de la democracia lo exige. Algo que termina siendo una batalla por la dignidad, expresión de una “verdad”, más allá de serlo o no. El deber moral debe cumplirse a pesar del descrédito general y de la paradoja de las reglas de juego de un sistema inundado  por la corrupción, que se jacta de subsistir por mecanismos de construcción de mayorías.

Si bien, es colocado del lado de la justicia, no por eso el PT pasa a ser una mosca blanca, su lugar es circunstancial, aunque de naturaleza progresista, ventaja que lo incrimina en menor grado. El problema se resolvería con una ley de partidos políticos, cuya ausencia la izquierda lamenta demasiado tarde: parece que nadie le pone el cascabel al gato, es más fácil llorar sobre la leche derramada, sobre todo cuando todos queremos tomar de la vaca.

Una obra densa, pero a la vez clara. Un exhaustivo aporte a la comprensión desde varios niveles, el impeachment es solo el más superficial. Nos habla de la ética de la clase política, de la justicia, del papel de la prensa, de la militancia y quizá, de algunas cosas más, cuestión de sentarse a hilar fino.

Una producción de muy buena factura técnica e ideológica, dotada de un montaje preciso y pertinente, que sabe jugar un papel sustancial. Un collage de intervenciones que hablan por sí solas, tanto del pensamiento de Ramos, como de los avatares de la política brasileña. Imprescindible para los amantes del documental político, que intenta rescatar a la izquierda latinoamericana desde un planteo moderadamente autocrítico, sin perder su tradicional sentido de justicia. Vieja y querida puja entre igualdad y libertad; socialismo y capitalismo.

Trailer

Ficha técnica:

El proceso (O processo),  Brasil, 2018.

Dirección: Maria Augusta Ramos
Duración: 139 minutos
Guion: Maria Augusta Ramos
Producción: Coproducción Brasil-Alemania-Países Bajos (Holanda); Enquadramento Produções, Nofoco Filmes, Auténtika Films, Conijn Film, Canal Brasil
Fotografía: Alan Schvarsberg
Reparto: Documental (intervenciones de: Dilma Rousseff, José Eduardo Cardozo, Lindbergh Farias, Eduardo Cunha, Janaina Paschoal)

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