Críticas

Deteniéndose en lo esencial

El asesinato de dos amantes

The Killing of Two Lovers. Robert Machoian. EUA, 2020.

ElasesinatodedosamantesCartelEstamos ante el cuarto largometraje del director estadounidense Robert Machoian, tras Forty Years from Yesterday (2013), God Bless the Child (2015) y When She Runs (2018). El crítico del Hollywood Reporter, Dennis Harvey, lo ha definido como “la contraparte rural de Historia de un matrimonio (Marriage Story, 2019) de Noah Baumbach”. Salvando las distancias, parecidos, si se buscan, existen. Marido que no tiene razones para separarse, que no entiende las de su mujer, que en cierta parte es engañado o motivado por una temporalidad en la separación. Y en ambos casos el principal conflicto coincide: la existencia de hijos y la búsqueda de su compañía o custodia. Un retoño en el filme de Baumbach, cuatro en el de Machoian. 

Por contra, no pululan por esta película abogados diversos a la búsqueda de la mejor tajada para ellos y para sus clientes, dirigiendo a sus defendidos hacia la peor opción para una ruptura amistosa. Tampoco contamos aquí con la “inestimable” e hilarante colaboración de evaluadores sociales. E igualmente no encontramos una familia apoyando incondicionalmente a su pariente en la batalla. En El asesinato de dos amantes la contienda se circunscribe a la pareja, a sus hijos y además, entra en juego un amante. La presencia del padre del esposo es irrelevante y anecdótica para el desarrollo de la trama,  a pesar de sus buenos consejos. Ni corta ni rasga en un drama que se caracteriza por detenerse únicamente en lo esencial. Cualquier elemento que no influya directamente en el meollo de la trama es tratado de forma tangencial. Lo que importa son los dubitativos pasos de una pareja en un proceso de divorcio. Una trayectoria que derivará con demasiado dolor, incluso sangre, en un final tajante, en una puerta que se cierra bruscamente, capturando solo un instante que puede fijarse en la retina como fugaz. 

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Y del final pasamos al arranque del largometraje, impactante por otra parte. Un varón apunta con su pistola a una pareja que duerme en una cama. El cuarto es estrecho y el atacante dirige su arma indistintamente al hombre, a la mujer, al hombre, a la mujer…En la siguiente toma lo vemos escapar por la ventana y atravesar un camino desértico, acompañado de un largo trávelin que le persigue desde atrás. Transita por una carretera rural nevada. Su caminar es cada vez más alocado. Mientras tanto, el sonido golpea como cuchillos cortando agresivamente. Un recurso que nos acompañará toda la obra para penetrar en el alma de los personajes. Viajaremos entre planos generales desde la inmensidad del paisaje y primerísimos primeros planos que nos sumergen en el dolor. El de un padre, el de una madre, el de unos hijos que siempre resultan víctimas de los proceso de ruptura de sus progenitores. Lógico. Su hogar, su nido, su espacio protector se desmorona sin que entiendan mucho y contra su voluntad. Pero nos enfrentamos al egoísmo de los mayores versus a su derecho fundamental de rehacer sus vidas. 

Lo más destacable del filme, además de su desnudez, de despojarse de cualquier artificio para ir directo al grano, es la gran interpretación de Clayne Crawford como David, el marido. Sentimos su tristeza, su desorientación, su desespero y hasta su dolor físico y psíquico. Gran actuación que se apoya en el excelente recurso de utilizar sonidos chirriando, como ya se ha mencionado, en los momentos más críticos.  Su soledad se mastica desde las primeras imágenes. El varón, al igual que en Historia de un matrimonio, se erige como la parte más afectada por la ruptura, una figura que es desplazada de su sitio sin quererlo ni pretenderlo, que no entiende, que todavía mantiene sentimientos de amor y celos. Relatos parecidos situados en diferentes ámbitos. Así, pasamos de un universo neoyorkino de cultura elevada a un ambiente rural, agropecuario, en el que la subsistencia debe buscarse semana a semana, día a día con trabajos menudos que van surgiendo. Clayne Crawford como David y Adam Driver como Charlie…Qué dos grandes interpretaciones de maridos con caracteres y condiciones muy distintos pero unidos por la desolación.

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Aquí y allí, ellos se elevan como los verdaderos protagonistas, al menos en las principales víctimas, sin ser pasivas o silenciosas, de una ruptura que ni pretenden, ni comprenden y además, les aleja de sus hijos. Pero si en la obra de Baumbach los recursos del varón son verbales o legales, en el mundo rural la violencia hace su aparición, con el inestimable apoyo de esas armas de fuego que cualquier ciudadano estadounidense puede llevar consigo, cual si se tratara de una cajetilla de tabaco o pañuelos de papel desechables. Sin trauma alguno y con la mayor naturalidad.

La obra de Machoian golpea, además, con un guion repleto de giros inesperados que sorprenden, traumatizan y que hasta pueden llegar a ser liberadores, aunque, como se ha apuntado, los cierres asemejen falsos. En cualquier caso, ningún enfrentamiento entre la pareja llega al dramatismo estremecedor que se alcanza en Historia de un matrimonio en esa habitación provisional alquilada por necesidad en Los Ángeles. Machoian rueda su película en el oeste norteamericano, concretamente en un pequeño pueblo del estado de Utah. Aquí también hay mucho espacio, como en California, pero esa característica no evita el ahogo de ellos, náufragos en aguas inhóspitas. Pero en la América profunda nos topamos con nieve, con camionetas, con pistolas y con puños feroces.

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Machoian recurre a la imaginación, incluso al humor, para acercarse y edulcorar instantes delicados. Por ejemplo, esa entrega de flores con demasiados testigos o la constatación de que en el mundo rural estadounidense también existen lavadoras inteligentes. Y ya que hemos hablado de espacio, todavía nos preguntamos cómo pueden acoplarse seis seres humanos en la parte delantera de una furgoneta. Nos hemos acordado de ese chiste antiguo de cuatro elefantes y un Seat 600. ¿Cómo los meterían en el vehículo? Dos delante y dos detrás, por supuesto. 

Tráiler:

Ficha técnica:

El asesinato de dos amantes (The Killing of Two Lovers),  EUA, 2020.

Dirección: Robert Machoian
Duración: 85 minutos
Guion: Robert Machoian
Producción: Back40 Pictures, Odd Man Out Cinema
Fotografía: Oscar Ignacio Jiménez
Música: Peter Albrechtsen (sonido)
Reparto: Clayne Crawford, Sepideh Moafi, Chris Coy, Avery Pizzuto, Barbara Whinnery, Ezra Graham, Arri Graham, Jonah Graham, Bruce Graham

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