Críticas

Drama sin esperanza

Lustrabotas

Sciuscia. Vittorio De Sica. Italia, 1946.

Lustrabotas aficheFilme emblemático del neorrealismo italiano;  drama de desencuentros que abre camino a la tragedia, en medio de un sistema social corroído por la miseria.

Es la historia de un niño y un adolescente que, sin saberlo, participan de una maniobra fraudulenta. Rápidamente serán puestos en prisión, y, de aquí en más, vivirán una serie de sucesos violentos  que desencadenarán un final inesperado.

Los valores de la época son crudamente retratados: familias pobres renuncian a ser condescendientes en el cuidado de sus hijos; cuestión de supervivencia que hace de la infancia un sacrificio.

Un guion que organiza perfectamente la historia, el recorrido es lineal de principio a fin, no hay saltos, el camino observa una progresión que se va escapando de las manos de los protagonistas.  Pocos y sutiles trayectos de cámara, que otorgan al montaje un mayor peso en movimientos escénicos. La dinámica de los personajes se acopla muy bien a planos de corta duración con puestas en escena bajo encuadres que empujan el desarrollo con naturalidad.  La contienda en las duchas nos sitúa ante el diseño de pocos planos, cuya adecuada alternancia genera la noción de un combate real. Le imprime una agresividad natural, en breves instantes de una acción entrecortada que no se capta como tal.

Inocencia y maldad se combinan al amparo y la justificación de la precariedad social. El Estado es insensible, aplica mano dura sin considerar particularidades, la pobreza no es excusa, el delito se califica desde la frialdad de lo institucional.

Puestas en escena en exteriores típicas del neorrealismo, pero también interiores carcelarios que denotan una precariedad vital y edilicia acorde a lo que se percibe en las calles: pobreza infantil por doquier. Se intenta sobrevivir a un desfasaje que pone en riesgo la libertad y la vida de los niños. Los estados de conciencia no cuentan con la madurez suficiente, no hay herramientas para enfrentar realidades de adultos  trasladadas a la infancia.

Una sutil y severa crítica al Estado, que apela a la represalia ante la mínima presunción de falta o  delito, con gruesas y facilistas categorizaciones que plantan severos estigmas en los sectores más vulnerables de la población. La violencia delata al violento, jamás se intenta comprender el porqué, el hecho habla por sí solo, y la defensa de oficio se remite a pedir clemencia hacia su defendido sin esgrimir mayor fundamento: el sistema judicial acompaña a las decisiones fáciles. La profundidad de campo aleja al ciudadano del proceso judicial, denota la ausencia de poder efectivo: no es posible incidir. Quedamos entrampados  en una lógica de violencia ejercida de múltiples maneras: desde la calle y desde el Estado; batalla por la resistencia, intento de vivir en condiciones hostiles y salir airoso. Una sociedad sin comprensión trae como consecuencia una sociedad sin niños: todos “iguales” ante la ley. La infancia, como fase evolutiva, no existe; los “derechos” y las obligaciones no incluyen la diferencia de los estados mentales.

El filme nos ofrece la historia de dos niños que piensan como tales y se comportan como adultos. Se ofrece un desfasaje en el actuar y el razonar que el sistema legal no considera; es demasiado complicado situarse del lado del débil.

Sciuscia escena

La desesperanza campa bajo la inocencia de dos niños que representan toda una generación de posguerra maltratada por la  miseria. La pitonisa es reticente a adivinar el futuro, como si no hubiese derecho a soñar; no hay visión de porvenir, el día a día es lo que importa. La aparición de un excedente monetario equivale al cumplimiento de un sueño presente, un caballo blanco.  Pensamiento inmediatista propio de la niñez, pero también, de una situación material acuciante, que no deja margen a la prospección; no parece lógico ocuparse de eso cuando hay que comer.

En la línea de una genealogía nietzscheana, como contrapartida al tradicional relato de hazaña y monumento, la caída del fascismo nos acerca el Lustrabotas como estampa de una cruda realidad de época; historia de personas comunes que marca y esboza un funcionamiento social en tiempos de crisis, más allá de cuestiones políticas, militares o de poder.

Es la reivindicación de una historia del pueblo, realidad que aqueja a las capas más sufrientes, en clave de neorrealismo, de intento de plasmar los hechos tal cual son. La óptica de un De Sica  que supo ser galardonado merecidamente con un Oscar a mejor película extranjera, en su primera edición. Es su debut en el neorrealismo, luego vendrán dos obras maestras más: Ladrones de bicicletas, también receptora de un Oscar y Umberto D. Tres relatos muy semejantes que narran historias de gente común en dificultades  donde  les va la vida.

Sciuscia pelicula

Lustrabotas, con o sin intención, hace fuerte hincapié en lo accidental, lo que depende de acciones pero las trasciende, genera historias de vida comunes por ser posibles en un contexto que las favorece. Es uno de los rasgos de la genealogía nietzscheana, ese discurrir de los sucesos con sus concomitantes efectos cuasi invisibles, por no considerados, y que terminan, no solamente siendo efectos de la gran historia, sino que contribuyen a construirla. Dialéctica del entramado social que convoca a hacer visible la realidad a pequeña escala, la de todos los días, que ubica al ser sufriente frente al desafío del destino.

De Sica, tal vez sin saberlo, cultiva la defensa de una línea filosófica que defiende la realidad del sujeto común, como productor de sucesos generadores de hechos significativos, bajo un contexto social que él mismo constituye.

El neorrealismo es eso, la exaltación de la realidad de lo cotidiano, el rescate del suceso que no suele ser considerado en detalle, aunque contribuya a la construcción de la historia de las naciones. Pequeños dramas que ejemplifican situaciones sociales; delatores de circunstancias que se dirigen  al espectador, en el afán de sensibilizarlo y comprometerlo.

Los efectos se van sucediendo más allá de las intenciones y dentro de un marco autoritario, cuya característica primordial es la insensibilidad. Los individuos se asemejan a marionetas que responden en función de lo instituido o de lo esperable bajo ciertas condiciones.

La institución está para reprimir todo tipo de recurso de sobrevivencia ilícito, sin tener en cuenta la gravedad de la circunstancia; el hambre, la precariedad, la inmadurez emocional, nada justifica la transgresión de la norma; si es violada, de inmediato viene el etiquetado que clasifica en categorías de las que se vuelve casi imposible salir. Un acto en defensa propia define de inmediato la naturaleza violenta; la circunstancia no es estudiada. Se debe ser eficiente en el control social, ser eficaz. La inmediatez atrae a la solución más fácil: la represión.

Ficha técnica:

Lustrabotas (Sciuscia),  Italia, 1946.

Dirección: Vittorio De Sica
Duración: 93 minutos
Guion: Sergio Amidei, Adolfo Franci, Cesare Zavattini, Cesare Giulio Viola
Producción: Alfa Cinematografica
Fotografía: Anchise Brizzi (B&W)
Música: Alessandro Cicognini
Reparto: Franco Interlenghi, Rinaldo Smordoni, Annielo Mele, Bruno Ortenzi, Emilio Cigoli

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