Críticas

Destinos marcados

Dos vidas

Zwei Lebe. Georg Maas. Alemania / Noruega, 2013.

Cartel de la película Dos vidasAlemania, 1990. Una mujer de mediana edad camina deprisa por la terminal de un aeropuerto. La cámara acompaña su recorrido, se acerca. Luego entra al baño, cambia su vestimenta y se coloca una peluca. Toma el tren hacia un lugar que desconocemos y llega a un orfanato abandonado. Un lugar donde sólo quedan cunas vacías y un pasado que permanece suspendido en el aire. Allí, nos enteramos que esa mujer estuvo de niña en el lugar y que desea encontrar a una enfermera de esa época para matarla.

Corte. Fundido a negro.

Título del film.

Berger, Noruega, unas semanas antes. La misma mujer del aeropuerto. Se llama Katrine (Juliane Köhler). Vive en una casa muy cálida junto a su familia y rodeada de un paisaje bello y apacible. Se los ve felices, todo parece normal y cotidiano. Pero la aparente armonía cambiará con la aparición de un joven abogado (Ken Duken) que necesita entrevistarse con ella y su madre, Ase Evensen (Liv Ullman), al reabrirse un caso que lleva años sin resolverse y en el que ambas están involucradas. ¿Qué pasado esconde esa mujer? ¿Cuál es su móvil? ¿En qué participaron ella y su madre?

dos-vidasFotograma de Dos vidasKatrine fue fruto de un amor surgido durante la Segunda Guerra Mundial, entre un soldado alemán y su madre noruega. Los hijos que nacían durante el período de Ocupación eran capturados por los alemanes, a fin de expandir la raza aria. Por eso construyeron muchos orfanatos, como el que vimos al inicio. Culminada la guerra, se los denominó “los niños de la vergüenza”. La mayoría de ellos nunca más se reencontraron con sus madres noruegas. Excepto ellas. Su caso es importante para comenzar un juicio contra ambos Estados. Esta oportunidad se hace posible a partir del marco histórico en que se sitúan los hechos. Alemania se ha unificado tras la caída del muro que dividió al país durante veintiocho años. Una circunstancia que permite ahondar en la historia y sacar a la luz hechos aberrantes ocurridos durante el conflicto bélico y el período del nacionalsocialismo.

La descripción de las secuencias iniciales son una muestra representativa de la estructura que tendrá el resto del film. No sólo por su acercamiento a diversos géneros, sino porque desarrolla la doble vida del personaje, utilizando distintos recursos temporales para construir la historia. Basada en la novela de la escritora alemana Hannelore Hippe, e inspirada en hechos reales, Dos Vidas es la segunda película del realizador alemán George Maas, con gran experiencia en el documental y egresado de la Escuela de Cine de Berlín, quien nos acerca un relato donde combina el thriller de espionaje y el drama familiar.

Dos vidas. ImagenEl film se estructura intercalando el presente de esa mujer con episodios de su pasado, mediante el uso del flashback y la reiteración de una escena desde otro punto de vista, permitiéndonos conocer y reconstruir la vida de Katrine durante el período de la Guerra Fría. Vemos imágenes de su trabajo, de sus contactos y de cómo fue forzada a construir el presente familiar del cual somos testigos. Esa construcción de una nueva vida la hace feliz y no desea que nadie se la arrebate.

Katrine es una mujer atrapada en una dualidad escindida. Eso la lleva a tener comportamientos evasivos, solitarios y a mentir constantemente. Soporta la tensión diaria de sentirse vigilada, atada a un pasado del que no puede escapar y que el abogado trae de nuevo a su memoria. Su esposo, Bjarte Myrdal (Sven Nordin), cela esa forma misteriosa de ser o de moverse y también es víctima de una esposa que no termina de conocer. Lo mismo sucede con su hija Anne (Julia Bache-Wiig), una joven soltera que tiene un bebé y está sobrepasada. Al igual que su padre, ambos muestran debilidad e inocencia frente a esa enigmática mujer.

Párrafo aparte merece el personaje de su madre, interpretado por la reconocida y talentosa Liv Ullmann, esposa y actriz del célebre cineasta sueco Ingmar Bergman (Persona, Gritos y Susurros, Cara a cara). “Liv estaba interesada en interpretar a Ase, porque es un personaje complejo”, dice el director. “De hecho, ella tenía varias conexiones personales con el tema, pues una de sus tías estuvo casada con un alemán durante esta guerra; su padre murió durante ella y su abuelo fue asesinado en el campo de concentración de Dachau”. Sin embargo, y a pesar de su rol importante dentro de la historia, su papel resulta opacado, contenido. Ella carga una postura introspectiva por las consecuencias de su doloroso pasado, pero también muestra un gesto permanente de desconocimiento que le resta brillo a una actriz de su altura. Durante los momentos más tensos que mantiene con Katrina o cuando rememora su pasado frente al abogado, parecería no reaccionar. Tal vez, se esperaba más de Ullmann…

Zwei LebeSi bien la formalidad de la puesta en escena genera un clima de tensión con buen ritmo hasta la mitad del film, luego resulta discontinuo y desequilibrado. Hay escenas innecesarias para los núcleos narrativos, y una despareja distribución de la información. Destaco el valioso trabajo de fotografía que enfatiza la dualidad del personaje en los distintos ambientes y locaciones donde se mueve. Creo que el problema de Dos vidas es el peso que carga la historia en sí misma. Hay un exceso de información que el realizador desea denunciar y transmitir narrativamente, desaprovechando las herramientas propias del lenguaje cinematográfico. Por ende, lo que empezó siendo un relato omnisciente, distribuyendo escasas dosis de información, se va tornando en un discurso explícito, como lo demuestra la secuencia del juicio y, también, en predecible como su precipitado desenlace.

Para esta coproducción germano-noruega, rodada en las ciudades de Colonia, Hamburgo, Lübeck y Leipzig (Alemania), y en Bergen (Noruega), los actores Juliane Köhler (Katrina) y Ken Duken (el abogado) tuvieron que aprender noruego para interpretar a sus personajes. Su director tardó diez años en planificar el proceso de creación de la película que hoy nos convoca.

La temática del film de George Maas se inscribe dentro de una tendencia del cine alemán actual que ahonda en hechos pretéritos a partir de una mirada crítica y revisionista sobre el rol del nazismo y la sociedad civil, quien también ha sido cómplice. Es el caso de La ola (2008) de Dennis Gansel; La vida de los otros (2005) de Florian Henckel von Donnersmarck; Sophie Scholl: los últimos días (2005)  de  Marc Rothemund y Good bye, Lenin! (2003) de Wolfgang Becker, entre otras. Y cómo esos procesos políticos han divido las vidas de muchas personas, dejando cicatrices y dolorosas huellas, que no sanan tan fácilmente y sobre la cuales es difícil dejar de mirar. En Dos vidas, el intento de ir en busca de la felicidad parece trabado por un pasado que irrumpe y aleja ese horizonte de bienestar.

Trailer:

Ficha técnica:

Dos vidas (Zwei Lebe),  Alemania / Noruega, 2013.

Dirección: Georg Maas
Guión: Georg Maas, Christoph Tölle, Ståle Stein Berg, Judith Kaufmann
Producción: Axel Helgeland, Rudi Teichmann, Dieter Zeppenfeld
Fotografía: Judith Kaufmann
Música: Christoph Kaiser, Julian Maas
Reparto: Liv Ullman; Juliane Köhler ; Sven Nordin; Ken Duken; Julia Bache-Wiig

Marcela Barbaro

Profesora de AULA CRÍTICA, Escuela de Crítica Cinematográfica

 

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