Críticas

La contraparte maligna de la edad de los reflejos

Carrie

Kimberly Peirce. EUA, 2013.

Cartel de la película CarrieLa pregunta inicial es corta y precisa: ¿por qué? Stephen King posee en su extensa bibliografía un abanico de historias dignas de ser adaptadas a la gran pantalla, desde westerns épicos como los siete tomos de La Torre Oscura (The Dark Tower, 1982 – 2004), fantasías oníricas como Insomnia (Insomnia, 1994), e incluso incursiones aventureras en la ciencia-ficción, como en La Larga Marcha (The Long Walk, 1979), concebido hace más de treinta años bajo el seudónimo de Richard Bachman por temor de sus editores a saturar el mercado editorial en ese entonces. Así que… ¿Por qué Carrie? ¿Qué más se le puede explotar al best-seller ampliamente conocido gracias a la versión que Brian de Palma realizó en 1976? Kimberly Peirce elige este remake (o adaptación literaria) como tercer proyecto, y primero en cinco años de inactividad.

En esta “reimaginación” del clásico, cuya sinopsis no dista mucho de la original (por no pecar de atrevido y afirmar que es idéntica), Carrie White es una adolescente marginada, víctima de la constante presión que ejercen sus compañeros de secundaria sobre ella y del fanatismo religioso del que hace alarde su madre, Margareth. Sin embargo, su vida da un vuelco cuando empieza a desarrollar poderes psíquicos cada vez más intensos que cuestionarán su pequeño universo y tendrán consecuencias.

Uno de los atributos destacables que diferencia a esta versión es el traslado del contexto al presente, decisión que tiene sus aciertos y contras. Los convulsos años que rodearon Vietnam y la renuncia presidencial de Nixon son sustituidos por la globalización y el auge de la generación del milenio, por lo que se nos presenta a una Carrie afectada por el bullying escolar, la proliferación de Internet y la difamación mediática. El relato demuestra, mediante estos pequeños ajustes, que todavía mantiene la misma fuerza y vigencia narrativa de hace treinta años, y que a pesar de los cambios culturales de las últimas décadas, sigue intacta la naturaleza innata de lo cruel que puede llegar a ser la ley de la supervivencia en la edad adolescente.

Fotograma de la película CarrieEl subtexto es moralista y reflexivo, pero Carrie nunca ha sido una obra ambigua: más bien, es completamente directa. Peirce denuncia varios aspectos de la sociedad que a su parecer son el “lado oscuro” de la era tecnológica, la modernización de las prácticas más medievales, a través de la pantalla de una computadora o un teléfono celular, la contraparte maligna de la edad de los reflejos. El escarnio público, al cual es sometida la protagonista, contribuye al desarrollo de un odio desaforado y una ira incontenible que espera el momento justo para estallar. Incluso puede que esta concepción sea más valida y poderosa que la versión de los setenta, debido a las posteriores masacres ocurridas en la sociedad norteamericana, como en Columbine, que sirven de referencia precisa para justificar el comportamiento psicológico de Carrie y relacionarse con él.

No obstante, esta fórmula tiene algunas utopías que ya no funcionan, como la contradicción existente entre el mensaje que se pretende brindar respecto a la rápida proliferación de la información a través de la red, y el incongruente capítulo en el cual el espectador descubre que Carrie White no tiene ni idea de lo que es menstruar. Es cierto que, tanto en la novela como en la versión de Brian de Palma, este es el detonante que pone en marcha el motor de la película, y deshacerse de él podría considerarse irrespetuoso a la mitología y el culto impuesto a la obra hasta la actualidad, pero no resulta totalmente convincente en la versión de Peirce, inundada de advertencias respecto al posible alcance destructivo de la información digital. Que Carrie White haya crecido ajena a la generación que la directora pretende examinar es desconcertante, y las secuencias ambientadas en el hogar de la chica y su madre parecen estancadas en el pasado. ¿Contribuye la incoherencia al discurso cinematográfico? A veces sí, a veces no, pero cuando la técnica funciona, lo hace bastante bien.

Carrie, la críticaUn ejemplo claro es la interpretación de Julianne Moore como Margareth White. No se trata de una mujer contemporánea, y sus ademanes anticuados están condicionados por el culto a la Biblia y a Dios. El personaje está estructurado y ejecutado con bastante similitud a la propuesta clásica, lo que contribuye a afianzar una brecha, incluso generacional, entre el hogar de Carrie y el mundo exterior. Se aprecia también la humanización lograda por Chloë Grace Moretz en el personaje principal, que si bien en los primeros minutos parecía dispuesta a emular el atípico sello alcanzado por Sissy Spacek, toma la correcta decisión de desistir y conseguir el suyo propio, más triste, nostálgico y, sobre todo, más acorde con el presente. Ambas comparten una analogía agridulce que deambula entre el amor y el odio, donde Carrie depende de Margareth, a pesar de la naturaleza autodestructiva de la relación.

Hay varias cosas para degustar en esta nueva visión, pero su mayor acierto es también su mayor debilidad: modernizar el entorno ayuda a darle vida a la obra, y quizás el espectador disfrute este enfoque respecto al asunto del bullying (la novedad en la fórmula radica en los poderes psíquicos de Carrie y en el uso de Internet para propiciar su desequilibrio emocional), pero en general, en el subtexto, en la premisa, es algo ya visto antes. Elephant (Elephant, 2003), de Gus Van Sant, o en el caso de la masacre escolar, Tenemos que hablar de Kevin (We Need to Talk About Kevin, 2011), de Lynne Ramsay, solo por nombrar un par. Es un experimento que en su mayoría subsiste, pero que conduce a la pregunta inicial: ¿por qué Carrie? A pesar de estar concebida por un equipo talentoso y de poseer ciertas similitudes temáticas con las anteriores propuestas de Peirce, el veredicto es también directo: si la Metro-Goldwyn-Mayer ya posee los derechos para adaptar la obra… ¿Para qué comprar otros?

Sea como sea, Stephen King vende.

 Tráiler:

Ficha técnica:

Carrie ,  EUA, 2013.

Dirección: Kimberly Peirce
Guion: Roberto Aguirre-Sacasa
Producción: Metro-Goldwyn-Mayer (MGM) / Screen Gems
Fotografía: Steve Yedlin
Música: Marco Beltrami
Reparto: Chloë Grace Moretz, Julianne Moore, Gabriella Wilde, Judy Greer, Alex Russell, Megan Hilty, Ivan Hoey Jr

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *