Críticas

Tenacidad incomprendida

Aurora

Aurora. Rodrigo Sepúlveda. Chile, 2014.

Cartel de la película Aurora

El director chileno Rodrigo Sepúlveda nos presenta en esta ocasión su nuevo largometraje, tras Un ladrón y su mujer (2002), y Padre nuestro (2005). En Aurora, basándose en hechos reales y rodando en la ciudad costera de Ventanas, en la provincia de Valparaíso, narra las vicisitudes por las que tiene que pasar Sofía (Amparo Noguera), para intentar adoptar, con la finalidad de enterrarlo, a un bebé encontrado muerto en un basurero. Estamos ante una historia mínima, muy humana, que consigue llenar 82 minutos de metraje, y llega a enternecer, interesar y a hacernos preguntas sobre las rigideces mentales y obstáculos legales que nos hemos autoimpuesto por la mera costumbre.

La actriz protagonista, que ya había intervenido en los otros largometrajes de Sepúlveda, encarna magníficamente a una mujer segura de sus actos, de sus intenciones, de sus deseos, convencida de tener razón en sus argumentos, a pesar de las trabas e impedimentos legales. Absorbe con dignidad los abundantes primeros y medios planos, aunque también impresionan los pocos pero intensos planos generales de los que se vale el director para configurar el gélido ambiente del lugar, como el de arranque del filme en un vertedero, con montones de basuras de colores que transmiten frío, mucho frío, y que se dirigen, no de forma inocente precisamente, a un plano secuencia en donde Sofía se nos presenta caminando, meditativa o, incluso aquel en la playa, en el que la actriz se encuentra desperdigando los restos que le van quedando de su ilusión, desde una toma cenital que engrandece la pesadumbre.

Fotograma de la película AuroraEl realizador llega a recordarnos que cada uno somos un mundo propio, con unas ilusiones particulares, unas sensibilidades concretas, y resulta absurdo que no utilicemos el sentido común, cuando la aplicación de la estricta y ciega legalidad no beneficia a nadie o resulta absolutamente irrelevante en los efectos perseguidos. Lo que al final parece es que Rodrigo Sepúlveda, utilizando una fotografía muy intensa, con azules dominantes que resaltan la humedad del lugar, ha realizado un homenaje a la constancia, a la persecución de un objetivo sin tregua y con claridad de motivaciones, que algunas veces desemboca en los caminos que intentamos abrir (por cierto, estupenda y de un humor surrealista, la campaña iniciada de “guaguas, no botar”). Es complicado trazar la línea divisoria entre los deseos, las obsesiones y las alteraciones psicológicas, pero por esos derroteros camina la actriz protagonista, y cada una de sus iniciativas e insistencias van produciendo un denso desasosiego. En su recorrido nos acordamos de la constancia de aquellas asociaciones de afectados que no se han olvidado, todas las semanas, mes a mes y año en año, de insistir en la denuncia de injusticias o violaciones de derechos que les han afectado, bien directamente o bien a sus más allegados.

Sorprende la naturalidad con que se desenvuelve el desenlace, acompañado de figurantes, música y profundidad de campo adecuado, y sin que, milagrosamente, esté envuelto de incontables micrófonos y cámaras de televisión.
La delicadeza con la que se muestran las relaciones de pareja y amistad, con respeto al prójimo, aunque no se compartan sus inquietudes, y aunque las mismas se alejen del cauce habitual, consiguió la empatía del Jurado del Festival, alzándose con el premio al Mejor Guion de su Sección Oficial, obra del propio realizador, Rodrigo Sepúlveda.

Ficha técnica:

Aurora (Aurora),  Chile, 2014.

Dirección: Rodrigo Sepúlveda
Guión: Rodrigo Sepúlveda
Fotografía: Enrique Stindt
Música: Carlos Cabezas
Reparto: Luis Gnecco, Amparo Noguera, Francisco Pérez-Bannen, Jaime Vadell, Antonia Zegers

Pilar Roldán Usó

Graduada del Master en Crítica Cinematográfica de AULA CRÍTICA

 

Deja un comentario


* Los campos marcados son obligatorios