Críticas

La encrucijada

A son

Otros títulos: Bik Eneich – Un fils.

Mehdi M. Barsaoui. Túnez, 2019.

AsonCartelLa película tunecina A son traslada su inicio al 2011, un año en el que el país se encontraba sumido en revueltas generales, al objeto de derrocar el régimen autoritario encabezado por Zine El Abidine Ben Ali. Unas revoluciones árabes, más o menos pacíficas, que consiguieron derrocar a más de un dictador cogido con cemento a su poltrona durante demasiado tiempo. Entre ellos, también se encontraba el vecino Muamar el Gadafi, un individuo que sometió a su país, Libia, a un régimen de tortura, terror, censura y completa violación de derechos humanos a lo largo de nada menos que 42 años. 

El director tunecino Mehdi M. Barsaoui debuta con esta obra en el largometraje. Y se sitúa en su país, una nación que tiene entre sus grandezas ser la primera del mundo árabe en abolir la esclavitud, en permitir elecciones libres, en conceder el derecho de voto a las mujeres; no obstante, la sombra de la religión es muy alargada. Incluso algo ajeno a cualquier tacha penal desde el punto de vista occidental como la elección libre de relaciones sexuales, independientemente de la existencia de algún contrato civil y/o religioso de por medio, es castigado con la pena de cárcel si hay matrimonio entre alguno de los amantes y sus previas parejas (incluso en la actualidad).

Fares y Meriem son el dúo protagonista de la película. Están casados, parece que su relación es armoniosa y tienen un hijo de diez años, Aziz. Se encuentran de vacaciones en el sur del país, justo en la frontera con Libia. En la primera escena del filme los vemos felices, con amigos, celebrando el ascenso profesional de la mujer, de Meriem. En la reunión, incluso se saca pecho por las próximas libertades que toca conquistar tras la reciente renuncia de Ben Ali.  Y ello no sin cierto regusto amargo, producto del miedo a que los islamistas se hagan con el poder. El temor ante una revolución de carácter islámico o una victoria de tal signo en próximas elecciones asemeja muy poderoso para nuestros jóvenes protagonistas y sus amigos. Se trata de una representación de la clase media o más bien alta de la nación: educada,  emancipada y moderna. Este punto de partida es dibujado por el director Mehdi M. Barsaoui en tonos alegres, con una claridad que ya no recordamos haber visto a lo largo de todo el filme. 

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La familia que va a ocupar el centro de la trama, la pareja y su hijo, en un traslado con su automóvil, se encuentra inmersa en una emboscada y el niño es herido de gravedad. Tras este incidente, iniciamos un camino de pavor y sufrimientos, sorpresas y revelaciones que causarán un profundo deterioro en la relación de Meriem y Fares. Es difícil seguir continuando con este análisis sin avanzar mucho más en el argumento, en la línea narrativa que marcará la obra hasta su plano final. Por el momento, digamos que el éxito del largometraje se apoya en unas interpretaciones excelentes, tanto del marido (Sami Bouajila) como de la mujer (Najla Ben Abdallah). La desolación, la sorpresa, la ira, el desprecio, el dolor, la pena o la esperanza son reflejados por ambos con extraordinaria habilidad. Y aquí vale el drama, la exageración, el desespero. La situación no solo lo permite; también lo requiere. 

Además de las excelentes interpretaciones citadas, se cuenta con la habilidad del realizador para colocar la cámara, en cada momento, en el lugar oportuno. Recordamos de nuestras lecciones de cómo asomarse al mundo fílmico el consejo de que nunca olvidáramos el lugar en el que se situaba la cámara. Pues bien, en este filme el objetivo siempre atina en posición, distancia y ángulo. Y los vaivenes que se van sucediendo con acontecimientos exteriores y padecimientos anímicos son  reflejados con destreza y tacto a lo largo de la obra. Sirva como ejemplo ciertos planos/contraplanos como el del final, que estremecen profundamente, sin perder esa estela de misterio, de trayectoria que todavía falta por trazar. 

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En esa carrera angustiosa en la que participamos junto con nuestros personajes, recorreremos el paisaje desértico de la región de Túnez por la que se mueven los protagonistas, a la búsqueda del propio interés y satisfacción. Hasta que, de sopetón, nos enfrentemos a ella, o a él, cara a cara. La empanada mental, por no decir algo más subido de tono, que nos puede producir tales encrucijadas no debe llevar más que a la histeria y a la desesperación. Y la cámara, acuérdense de la importancia de su colocación, no vacila, en esos instantes en que la catástrofe va atrapando, en seguir muy de cerca a sus criaturas, se pega a ellas y no permite el sosiego. Cámara en mano, Mehdi M. Barsaoui persigue a los protagonistas mientras sobrellevan su tremenda soledad. 

Y ya puestos, nos vamos al derecho comparado y a cruzar legislaciones. Hablamos de transplantes de órganos humanos y unas son perfectas o casi, como la española ¿qué raro, verdad? Pues sí,  en dicha materia parece que en España se está a la cabeza en eficiencia, sentido común y generosidad. Con la lista de pacientes necesitados de un rápido y/o ineludible transplante, son precisamente uno o varios comités de expertos, compuestos de mujeres y hombres de profesión médicos y no políticos, los que establecen compatibilidades y prioridades por edad, por la intensidad de la enfermedad, por premura, por expectativas de éxito y por probabilidades en rehabilitación. Nada puede hacerse fuera de ese círculo ni tampoco nadie ajeno a él es capaz de traspasarlo. Ni por cercanía, ni por influencias, ni por fama, ni por riqueza. Además, las operaciones únicamente deben realizarse en la sanidad pública  y ateniéndose a sus directrices. El mecanismo sigue siendo tremendamente válido después de experimentarlo años, a pesar de que la materia prima haya decaído con la mayor concienciación en seguridad vial. 

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Siguiendo con el mismo tema y pasando a Túnez, los trasplantes de órganos están permitidos, aunque la religión islámica deje poco margen para la donación al exigir, parece, el cuerpo entero para alcanzar su particular paraíso (no desconocemos opiniones discrepantes). Y todo, absolutamente todo, puede realizarse en la sanidad privada. Las mordidas o sobornos están a la orden del día o del momento y como no, siempre hay gente nauseabunda y malnacida que es capaz de cobijarse bajo cualquier paraguas,  más si el motivo asciende a 150.000.- dinares. Todo vale cuando enfrente se encuentra la desolación más infinita y la pérdida de referentes vitales. En pleno tránsito de un drama personal y familiar que jamás lograron imaginarse en las peores pesadillas.

¿Estamos ante una relación de pareja que se deteriora? La obra ofrece más, mucho más. Nos enfrenta a algunos dilemas, rompecabezas y calamidades que se abren con sangre, deshonestidad o estupor. Y la carretera se circula sin derivar en un folletín dramático. Tampoco se alarga el chicle de las inquinas. La vista se ha nublado con las lágrimas, sí, pero nunca se deja de mirar más allá, a ese paisaje, a ese futuro que espera tras paredes y ventanas hospitalarias.    

 Tráiler:

Ficha técnica:

A son  / Bik Eneich – Un fils ,  Túnez, 2019.

Dirección: Mehdi M. Barsaoui
Duración: 96 minutos
Guion: Mehdi M. Barsaoui
Producción: Coproducción Túnez-Francia-Líbano-Qatar; Jour2Fête
Fotografía: Antoine Héberlé
Música: Amin Bouhafa
Reparto: Sami Bouajila, Najla ben Abdallah, Youssef Khemiri, Noomen Hamda, Slah Msaddek, Med Ali Ben Jemaa

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