Críticas

El pez gordo más rentable de Hollywood

The Meg

Otros títulos: Megalodón.

Jon Turteltaub. EUA, 2018.

themeg_posterCuando se trata de hincar el diente, uno no se pone demasiado exquisito. Desgraciadamente, el cine de escualos no alberga una lista de relevantes películas, y atrás quedan ya los memorables tiempos del tiburón de Spielberg (Jaws,Steven Spielberg, 1975), película icónica y representativa del gran blanco devorador de hombres que tanto temor insufló en el imaginario colectivo de los setenta, y es que más de un espectador en aquel entonces aseguró pensárselo dos veces antes de pisar arena mojada después de ver tan sugestivo filme. Una confesión de esa magnitud solo significaría una cosa: el rotundo éxito de Spielberg y su equipo. Desde entonces y hasta nuestros días, se han reinventado relatos para volver a poner de moda en la gran pantalla al imponente jaquetón con resultados desiguales: desde tiburones mutados genéticamente y con un presupuesto más que considerable, como el caso de Deep Blue Sea (Renny Harlin, 1999), hasta thrillers basados en hechos reales rodados como falso documental, Open Water (Chris Kentis, 2003), pasando por la inadvertida A 47 metros (47 Meters Down, Johannes Roberts, 2017) o la australiana y aceptable El arrecife (The Reef, Andrew Traucky, 2010). Todo esto sin contar con la hiperbólica y excéntrica saga de Serie B Sharknado (Anthony C.Ferrante, 2013).

Este caluroso mes de agosto emerge en nuestras pantallas The Meg (Megalodón, Jon Turteltaub, 2018), utilizando un cebo irresistible para nuestra taquilla como es el modélico héroe de acción Jason Statham, que se verá envuelto en una pesadilla submarina de dimensiones XXL. Y es que parece ser que el tamaño del escualo para incentivar el miedo a meterse en el agua tampoco tiene demasiado que ver con lo buena que pueda llegar a ser una película, sino más bien con el cómo se realiza esa película, pero el “cómo” parece no importar en un proyecto hecho y realizado únicamente para paliar una calurosa tarde de verano y rentabilizar los abdominales y el carisma de Statham al 300%. Ojeando las cifras, resulta que The Meg está siendo un éxito incontestable: 44,5 millones de dólares liderando la taquilla estadounidense y devorando todo lo que se le pone por delante.

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Sin esperar diálogos metafísicos y con una estructura narrativa de Haneke, hay que considerar que el filme cumple con su cometido: entretener. Pero hay realmente poco que extraer de este monstruoso filme, pues analíticamente hablando la profundidad es nula, y me basto de un simple tubo y mis propios pulmones para sumergirme y tocar fondo, así que me desvío unas millas de mis acostumbrados textos metódicos y me centro en temas más de superficie, percatándome que salen a flote dudas mínimamente curiosas… ¿Por qué no hay sangre en The Meg? ¿Por qué Jonas Taylor (Jason Statham) rescata a su rubia, guapa y americana ex novia de una muerte segura y, sin embargo, se “enamora” de una mujer asiática? ¿Está cambiando el encorsetado cine comercial, o solo es un espejismo? Responderé lo mejor posible a las preguntas, a medida que nos sumergimos en el filme.

Contestaré la primera pregunta con otra pregunta: ¿Os imagináis a Eli Roth realizando una película sobre tiburones? Desde luego que, si eso hubiese ocurrido, el resultado final hubiese sido radicalmente diferente: un mar teñido de rojo, amputaciones por doquier, violencia en primer plano… Y es que el “pillado” colega de Tarantino fue el primer elegido para dirigir la cinta, que podría haberse considerado auténtico cine de Serie B, y que, sin embargo, se desmarcó por discrepancias con la productora. Cuando Jon Turteltaub toma el timón, la película coge tonos mucho más comerciales, y pese a los litros de sangre falsa gastados en las escenas eliminadas, la productora decide cortar la hemorragia apostando por un filme mucho más correcto y conservador para pescar el mayor número de espectadores posibles. Incluso se llegó a comentar que Statham quedó entre sorprendido y enfadado al ver el resultado final de The Meg, puesto que esperaba un filme visualmente más agresivo y menos complaciente con el gran público (es sorprendente no ver ni un rasguño en la escena de la playa infestada de bañistas). A mi entender, el gran problema que tiene el filme es la falta de rumbo que quiere tomar. Turteltaub se mueve entre dos aguas: lo comercial y la Serie B, y no se decanta por ninguna, con un resultado que no acaba siendo ni un buen producto comercial ni un disparate visceral.

Jason Taylor es un especialista en rescates a profundidades realmente considerables, pero un fuerte trauma tras la pérdida de unos compañeros a los que no pudo salvar lo mantienen alejado del mar. Cuando se reincorpora al servicio (cliché comodín del cine de masas), conoce a la hija de un oceanógrafo chino, Suyin (Bingbing Li), y poco a poco entre ellos surge algo más que simple amistad, aunque todo se perciba entre miradas que no acaban de manifestarse físicamente. Quedo algo perplejo al ver tal circunstancia y me pregunto cómo es que recuperando a su ex, lo cual podría entenderse simbólicamente como una segunda oportunidad de su amor pasado, el valedor Jason se fija en Suyin, una atractiva y valiente mujer asiática, divorciada y con una hija a bordo. ¡Nada en contra! Totalmente a favor de esta relación interracial, pero admitámoslo, el cine americano convencional no es muy proclive a este tipo de aventuras, es más, recuerdo la genial Bailando con lobos (Dances with Wolves, Kevin Costner, 1990) con una temática antirracista, aunque en su fondo ocultaba cierta duda al respecto. Así que, indagando un poco en los entresijos de The Meg descubro que es un proyecto creado con una coproducción de Estados Unidos-China, aportando esta última gran parte de la financiación. Consciente del dato, se entiende algo mejor el porqué de esta relación de coqueteo, que estaba casi seguro que no surgía del pensamiento de los guionistas de la Warner.

La película es arquetípica por definición y todo resulta muy delimitado, no hay ambivalencias ni dudas con respecto a la personalidad de los protagonistas. El arco emocional de nuestro héroe va desde abajo hacia arriba: de un pasota borracho perdido en una isla de Tailandia, a un salvavidas humano. De estar solo y perdido, a estar acompañado y sereno. Suyin, su hija pequeña, y Jason forman al final del filme una posible familia con la felicidad y prosperidad que desprenden sus miradas. Todo va en dirección a lo más básico del cine conservador, a lo que típicamente nos tienen acostumbrados las grandes producciones, no encuentro cambios considerables en lo que a valores morales se refiere, incluso se hace un breve (muy breve) discurso sobre la fatalidad de la condición humana y su indiferencia por la naturaleza, pero parece que ese discurso se cuela de manera demasiado forzada.

Sería injusto morder y hacer sangre a una película que se inicia con un propósito claro de entretener y que tiene una autoconsciencia de banalidad en todos sus sentidos. No tiene pretensiones, ni las busca, su resultado es infantil, divertido en los momentos serios y ágil en las escenas de acción. Lo menos destacable es un guion sin un hilo conductor claro y unas deficiencias argumentales del tamaño de un Megalodón. El director no se arriesga a hacer algo contundente y, sin embargo, la jugada le sale perfecta. Esta vez les ha salido bien a los peces gordos de Hollywood. Las arcas, con sus enormes redes, están capturando millones de peces (espectadores), y eso no significa otra cosa que éxito, no con la contundencia, profesionalidad y seriedad del tiburón de Spielberg, pero sí en cuanto a rentabilidad. Espero que sus directivos no lo celebren con un entrante de sopa de aleta de tiburón.

 

 

 

Ficha técnica:

The Meg  / Megalodón ,  EUA, 2018.

Dirección: Jon Turteltaub
Duración: 113 min. minutos
Guion: Belle Avery, Dean Georgaris, Erich Hoeber, Jon Hoeber, James Vanderbilt (Novela: Steve Alten)
Producción: Coproducción Estados Unidos-China; Apelles Entertainment / Gravity Pictures / Maeday Productions / Flagship Entertainment Group. Distribuida por Warner Bros.
Fotografía: Tom Stern
Música: Harry Gregson-Williams
Reparto: Jason Statham, Bingbing Li, Rainn Wilson, Ruby Rose, Winston Chao, Cliff Curtis, Robert Taylor, Masi Oka, Ólafur Darri Ólafsson, Jessica McNamee, Page Kennedy

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