Cartel de la película El juego de EnderEl duro trabajo de Peter Pan ha fracasado y se ha estrellado sin remedio en el áspero asfalto de la ciudad. La cruda realidad ha sido más fuerte que todas las risas y los juegos, y todo ha quedado aplastado por un gran entorno gris, que asfixia de problemas, miedos y angustia cualquier posibilidad del ser humano para encontrar su verdadero y auténtico propósito en la tierra.

Ese humo no deja ver el camino hacia el amanecer y así poder girar en la segunda estrella a la derecha. Nunca Jamás ha quedado sumida en el más austero de los silencios; y el duro yugo de los problemas, agobios y tristezas lo ha aplastado todo, dominando con mano dura; y los más pequeños se han visto arrastrados por la gran corriente de este gigantesco tsunami, acabando con la felicidad, la diversión, el bienestar y los momentos de optimismo.

Niños con la infancia perdida es lo que nos muestra Orson Scott Card, escritor norteamericano, en su novela El juego de Ender. La historia nos traslada al año 2070, un tiempo en el que el ser humano teme ser aniquilado por una raza alienígena. Para evitar el desastre, se decide enrolar a los niños más especiales en un viaje sin tregua para salvar a la Tierra. Pero si se mira con más detenimiento, lo que se aprecia es la tristeza de un niño con una carga demasiado pesada.

El juego de Ender, fotogramaGavin Hood, actor, director, guionista y productor sudafricano, acarrea con su propia responsabilidad, puesto que es él quien lleva a la gran pantalla la historia de Ender. Hood tras dirigir Luchar por sobrevivir (A Reasonable Man, 1999) y Tsotsi (2005), con la que consiguió el Oscar a la mejor película extranjera, dejó su país natal para empezar una nueva vida cinematográfica en La Meca del cine. Su primera película “hollywoodense” es X-Men Orígenes: Lobezno (X-Men Origins: Wolverine, 2009), con la que empieza a dar un giro abismal en su forma de trabajar. Todas las características audiovisuales que le hacía tener un halo especial desaparecen, para dar paso a la importancia del continente sobre el contenido: si bien antes sus films eran mensajes cargados de humanidad, con personajes con una trayectoria personal simbólica y una fotografía impactante llena de una luminosidad taciturna, ahora sus largometrajes son vacíos y banales, con una estética visual atrevida, pero que meramente se soporta en unos cuantos efectos especiales nada llamativos y en escenas de acción que llevan todo el peso del ritmo del film.

Harrison Ford en Ender's GameEl juego de Ender no aporta nada nuevo al mundo de la ciencia ficción. Es un largometraje completamente simple, tanto en el guion como audiovisualmente. Hood, en su papel como guionista, no consigue dar a la película esa fuerza trepidante que necesita la historia, se podría decir que en los momentos de máxima tensión, cuando el clímax está en lo más alto, el film llega a ser aburrido y débil, rozando la cursilería. Además, el desarrollo audiovisual no da ningún respiro a la narración, salvo por su estética, que imita a la de los videojuegos, con algún que otro flashback (pobres, en su mayoría, ya que no aportan la suficiente información para poder entender mejor la historia), unos tímidos planos picados y contrapicados entre los personajes de Asa Butterflield y Harrison Ford, que conceden a la película una mínima tensión, y unos leves guiños a otras películas como: Minority Report (Steven Spielberg, 2002), con ese baile tedioso y excesivo de manos que mueven pantallas imaginarias, o Tron (Steven Lisberger, 1982), con ese calco tan evidente al vestuario chillón fosforito y con tanto accesorio futurista, que hacía pensar que en cualquier momento Jeff Bridges haría una entrada espectacular.

Gavin Hood busca la manera de restar a la historia todos los aspectos infantiles que tiene la película (puesto que la trama gira alrededor de unos cuantos niños “privilegiados” que tienen que jugar a ser adultos). Para ello, ha intentado otorgar al film una atmósfera cruda, rígida y competitiva, para que en la mente del espectador se vaya generando el recuerdo de alguna imagen de La chaqueta metálica (Full Metal Jacket, Stanley Kubrick, 1987), pero desgraciadamente el resultado final está demasiado edulcorado y el rock and roll no termina de llegar. A pesar estos esfuerzos titánicos del director para que la película termine de arrancar y vaya por el buen camino, con secuencias algo más agresivas en las que el protagonista deja guardado su lado más ñoño y es arrastrado “por el lado oscuro de su fuerza”, el largometraje pincha y se queda a un lado de la cuneta, incapaz de remontar su viaje hacia las estrellas. Y como resultado final queda un film que está a medio paso de convertirse en un híbrido de sci-fi y tv movie para usuarios de babero.

Ben Kingsley y Harrison Ford en El juego de EnderAsí como Hood no puede conferir a su criatura un ritmo aceptable y necesario para que la película progrese adecuadamente y pueda sorprender con unos buenos giros que sorprendan, aunque en ciertas ocasiones el director sudafricano es generoso y regala algunas fotografías bucólicas de determinadas localizaciones de la Tierra, los actores tampoco son capaces de ayudar a que el largometraje sea más atractivo. Ni Asa Butterfield, quien debería haberse quedado en la cama con su pijama de rayas, ni Harrison Ford y Ben Kinsley, que parecen haber pasado por el set de rodaje por casualidad y que tratan estoicamente de no aburrirse según va avanzando la acción, son capaces de revelar el verdadero carácter de sus personajes. Incapaces de lo más sencillo, resultar creíbles y empatizar con el espectador, quedan marginados a la sobra de la metáfora que son sus personajes.

El juego de Ender queda reducida a la simple alegoría de lo que pudo haber sido, dejando a la épica moderna un poco más huérfana en estos tiempos de oscuridad tan necesitados de imaginación. Aún hay esperanza y mientras tanto, siempre podemos hacer memoria y recodar acontecimientos tan legendarios como el grito desesperado de Luke Skywalker, los tres pechos de una mutante, la toma de una píldora roja o escuchar a Terminator decir su fabuloso “Sayonara baby”.

Tráiler:

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LA MIRADA DEL OTRO