Críticas

Coleccionando imágenes

Ruben Brandt, coleccionista

Ruben Brandt, Collector. Milorad Krstic. Hungría, 2018.

Cartel de la película Ruben Brandt coleccionistaPara poder dominar tus miedos, hay que poseerlos. Y si el arte es tu miedo, y si ciertos cuadros te atormentan, pues qué mejor solución que robarlas y ubicarlas en la sala de tu casa. ¿O no?

El doctor Ruben Brandt, especialista en curar almas artísticas, es acosado por pesadillas tenebrosas y violentas donde los personajes de cuadros famosos intentan matarlo. El problema es que no son simples sueños, ya que cada mañana él despierta con alguna herida en el cuerpo como las mordidas causadas por la infanta Margarita de Velázquez o el cuello dolorido por la Venus de Botticelli que intentó ahorcarle.

Las pesadillas y sueños del director Milorad Krstić se materializan en su ópera prima: una película animada que parece salir de un cuadro cubista reinterpretado por algún pintor surrealista. En este mundo onírico, los rostros poseen tres o cuatro ojos, hay figuras con dobles perfiles y personajes fragmentados que transitan el imaginario ideado. Hasta se hace referencia a un personaje unidimensional, una línea. El escenario es una mezcla de ilustraciones digitales con dibujos bidimensionales que en conjunto distorsionan las obras de arte, pero las hace reconocibles dentro del estilo formulado, como un juego de adivinanzas que se establece con el espectador dispuesto a jugarlo.

Fotograma de Ruben Brandt coleccionista

Es verdad que se necesitaría ver más de una vez para identificar cada elemento en la puesta de escena que corresponde a alguna obra o personaje icónico de la historia del arte, pero cuando la novedad se agota, el relato queda rezagado en segundo plano para valerse con un afán exclusivo, al desafío de descubrir los guiños artísticos y cinéfilos. De las terapias del Dr. Brandt, se forma un grupo de ladrones conformado por Mimi, una cleptómana; Bye-Bye Joe, un guardaespaldas de celebridades incapaz de guardar silencio; Fernando, un hacker que siempre deja rastros de sus hazañas; y Membrando Bruno, un ladrón de bancos. Al doctor parece no importarle que sus pacientes hayan tomado la misión de robar las obras para ayudarlo, y se une al clan para concretar el robo de estas trece piezas que vapulean sus sueños, sin remordimientos y sin dudas.

Ruben Brandt coleccionista, imagen

A partir de aquí, la película se centra en el espectáculo de robar estas obras, cosa que parece tan fácil que despierta el interés de bandas criminales. No es sorpresa entonces que los gangsters decidan dedicarse a robar obras también, si Brandt y su pandilla lo hacen tan magistralmente, con la diferencia que las piezas robadas no están destinadas a la venta. Las secuencias de acción y persecución no tienen nada que envidiar a películas de robos, pero el problema deviene de la poca complejidad de sus protagonistas que dentro de este mundo ilusorio quedan como meros estereotipos reciclados de otros géneros. Del cine negro, modela arquetipos como la femme fatale o el detective, pero dichos personajes quedan como elementos discordantes dentro de la trama, sin desarrollo ni profundización. De la misma manera, la narración de la historia salta de un punto de vista al otro, en un relato coral donde intervienen hasta los delincuentes casuales que se reúnen a beber whisky, sin ahondar en aquellos que ofrecen mayor interés.

Ruben Brandt Collector

Brandt parece no tener problema con robar obras, él es un mero coleccionista y lo hace bajo la justificación de poseer aquel objeto de obsesión para aminorar la ansiedad dañina que genera su ausencia. ¿Es motivo suficiente? Quizás sí, para quienes el fin justifica los medios o quizás no, al fin y al cabo está cometiendo un delito penado, pero la resolución abre más preguntas que respuestas, ya que nada se interpone en el camino del doctor. Ni el detective, ni la policía, ni los innumerables cazarrecompensas ponen en sacrificio su objetivo final. En algún momento, llega hasta el punto en que él nada más despierta luego de una pesadilla, pronuncia el nombre y listo, cuadro robado. Así de sencillo. Y al final de cuentas, tampoco es que logra curar del todo a sus pacientes, ni tampoco a sí mismo.

Ruben Brandt Collector, fotograma

Si bien es un homenaje al arte, Ruben Brandt, coleccionista se preocupa más por la persistencia de las referencias artísticas en el imaginario del espectador que por lo que va sucediendo. Irónicamente, resulta ser más una prueba de arte enmascarada bajo una animación no convencional, con planos que parecen cuadros y cuadros que referencian películas. Es aquí donde Krstic falla: lo visual supera a la trama, y cuando lo visual se extingue, no queda mucho. El origen de los traumas del Dr. Brandt ofrece una respuesta tan literal que demerita el viaje realizado a través de su inconsciente. Los consecuentes dilemas que él podría tener se marchan en el tren con la última obra robada, en una escena que se asemeja tanto al inicio que levanta sospechas sobre si toda historia fue o no un simple sueño. Y en este punto, ni la lechera de Vermeer ni los hielos en forma de Hitchcock pueden defender la película, ya que el director resulta ser él mismo, un coleccionista de imágenes.

Tráiler:

Ficha técnica:

Ruben Brandt, coleccionista (Ruben Brandt, Collector),  Hungría, 2018.

Dirección: Milorad Krstic
Duración: 96 minutos
Guion: Milorad Krstic, Radmila Roczkov
Producción: Ruben Brandt
Música: Tibor Cári

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