Críticas

Carretera secundaria

Nora

Lara Izagirre. España, 2020.

Después de Un verano sin Berlín (2015, España), Lara Izaguirre realiza otra película personal que vuelve a indagar en la desorientación vital y las insatisfacciones profesionales. El personaje central es Nora (Ane Pikaza) y toda la película está narrada desde su punto de vista. Lo que cuenta Izaguirre son los asideros morales que sales a buscar en tu periferia para levantarte después de sufrir un doble revés. La directora elige una estructura de filme de carretera. Un modelo narrativo bastante usado para acercarnos a la vida humana de Nora, justo en un momento decisivo e importante de su vida. Acaba de perder su timón emocional, su abuelo Nicolás (Héctor Alterio), y su esperanza laboral y profesional se ha ido al garete al ser rechazada su propuesta de trabajo. En esta situación de zozobra y confusión, la protagonista prefiere dar pasos sueltos y a solas, buscándose a sí misma y tratando de encontrar un sitio en este mundo.

Con estos mimbres sencillos, de calado personal e interior, muy frecuentado por el cine de corte intimista, Lara Izaguirre, siempre desde la modestia y humildad, traza un itinerario físico y moral. El espacio orográfico y su idiosincrasia corresponden al País Vasco, con sus características idiomáticas y culturales. También se hace una pequeña incursión en la zona de el País Vasco francés. Un territorio natural, cuya resonancia está muy utilizada y captada. En este escenario, Nora se siente muy identificada y el entorno le sirve no solo de acompañamiento, sino también de protección.

La autora construye un itinerario prosaico, matizado para la reconversión del personaje femenino. Una reformulación que parte de un horizonte desalentador y frustrante, donde sobrevuela la palabra fracaso. Se trata de descubrir las claves para tumbar la desorientación y resurgir como el ave fénix. Nora emprende una fuga hacia adelante para armarse y rehacerse. Los encuentros y peripecias del camino son estímulos, lecciones, algunas muy provechosas. Para lograr la solución al desánimo, prefiere la soledad y el aislamiento. En la ruta se topará con el heterogéneo género humano. De los mínimos contactos extraerá, de ser posible, nociones positivas y esperanzadoras. La película no hunde a Nora. La reflota.

El inicio del largometraje es triste y desolador para ella. Si no fuese así, no habría ecuación. Para promover una escapada valiente de la zona de confort es necesario que haya factores deprimentes, cuyas consecuencias te dejen hecho un guiñapo. Como he escrito un poco más arriba, Nora es una mujer joven, de 30 años, en progreso de maduración social, que todavía vive en casa de sus padres. Es todavía una prometedora ilustradora, pero le falta de definir su estilo. Para encontrarse a sí misma, tiene que volar del nido vacío (sus padres pasan largas temporadas en Ibiza) y ganarse la comida con su propio trabajo y talento. La muerte del abuelo Nicolás, al que se sentía muy unida e identificada, además de inculcarle su carisma argentino, la dejan orbitando sin encontrar lugar para alunizar. El mejor remedio para huir de la crisis y encontrar respuestas a la indefinición vital es agarrar las cenizas del difunto y lanzarse al exterior, a la calle, de ruta por la vida y vislumbrando cómo tropiezas con el azar además se saludar a un antiguo novio.

El propósito inicial de Nora es vago e informal. No tiene un plan sólido. Su empeño no es otro que escapar. De reunir coraje para salir a campo abierto. Sin una previsión atada hasta el mínimo detalle. Le mueve la improvisación y le entusiasma la libertad que se otorga. Mejor no puede estar. Se vale de la destartalada furgoneta de Nicolás, y su presencia y acicate permanecen en el asiento del copiloto. Su deseo de pasar inadvertida y evitar las principales vías es consecuencia de su desafío: carece de permiso de conducir. No hay mal que por bien no venga. Este hándicap le permite desplazarse por viales rurales, de poco tránsito y lejos del mundanal ruido. Con este bagaje, Lara Izaguirre narra la odisea de su heroína, algo quijotesca, para resolver su desajuste personal. La terapia de hacer kilómetros siempre es reconfortante, porque el recorrido, las paradas y la interrelaciones que surgen en el trayecto ayudan a esculpir el temperamento y desenredan la confusión.

Nora es una película positiva. Habla de ser emprendedores, de mirar hacia delante. De no quedarse varados. De moverse. Hay que mirar y observar. Apreciar las cosas sencillas. Y valorar, con humildad y respeto, las señales pequeñas, que parecen de corto alcance, pero insuflan, a veces, el devenir de nuestro futuro. Todo este material de transformación es contado con un estilo cercano, de tintes costumbristas, resaltando la naturalidad de la puesta en escena y la frescura de Ane Pikaza. Gracias a ella, el largometraje desmenuza las capas y altibajos de una mujer sumida en un caos que encuentra su luz y su chispa.

Tráiler:

Ficha técnica:

Nora ,  España, 2020.

Dirección: Lara Izagirre
Duración: 100 minutos
Guion: Lara Izagirre
Producción: Gariza Films, Tandem Films, La Fidèle Production
Fotografía: Gaizka Bourgeaud
Música: Pascal Gaigne, Paula Olaz
Reparto: Ane Pikaza, Héctor Alterio, Naiara Carmona, Ramón Barea, Klara Badiola, Loli Astoreka, Iñigo Aranbarri e Itziar Ituño,

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