Críticas

El ocaso de una frontera

Lucy

Luc Besson. Francia, 2014.

Cartel de la película LucyEra como magia, una ilusión perfecta. Un pasado sorprendente, cuya fórmula vivía en la plenitud de una época dorada. Un as escondido en sus mangas francesas, que le prometían esa apuesta segura para encontrar el camino de la notoriedad en el mundo del celuloide.

Luc Besson parecía haber engendrado un patrón, intachable e intuitivo, con el que podía aunar todos sus componentes predilectos y tan característicos de su cine; lo fascinante y lo hilarante, soldados con lo ingenioso y lo impulsivo. Pero el paso del tiempo no ha hecho más que dilapidar esa creencia inviolable, hasta ahora protegida tenazmente a capa y espada.

Ese juego complicado y adictivo, en la inmensidad de la delgada línea entre el éxito y el fracaso, solo podía tener los días contados. Y la frontera, antes visible, se torna tímida y oculta, por lo que ya no es tan fácil entender sus incógnitas. Al límite y exhausta, esta aventura inconcebible va llegando a su ocaso, y lo que antes se transformaba en victorioso, ahora es un triste fracaso. Una contingencia que, aunque en el pasado supo cómo funcionar en películas ocurrentes, rebosantes de aventura y acción, llenas de sentimiento e imaginación, ahora no es más que una simple mácula.

Los ojos sedientos de locuras ya no son tan cariñosos con ese cine asimétrico y agridulce. La gracia y el atractivo que desprendían las películas de Luc Besson ya no son suficientes para calmar la sed de extravagancias galas. Y estos films que tanto se divertían con la dualidad de la violencia y la comicidad, ya no resultan tan carismáticos, pues están faltos de originalidad en cada uno de sus poros. Nacer de Besson ya no es sinónimo de perturbador, fascinante y llamativo. Ahora las ovaciones y vítores se ciñen a diminutas expresiones de sorpresa.

Esta nueva condición de escasez y sequía, sin musa, se torna insoportable. El papel en blanco se transforma en un agujero negro, un titán sediento de desastres, y como consecuencia de este estado, nacen seres imposibles, frustrados, mustios. La esterilidad y las inclemencias artísticas del director francés le mantienen cautivo en un castillo de naipes, y vaga por la escena sin más inspiración que su propio pasado cinematográfico. Compungido, sin entrañas y sin una fuerza catalizadora, el nuevo trabajo de Luc Besson merodea por las salas de cine en busca de un género en el que poder cobijarse.

Fotograma de la película LucyLucy no es más que un bello recuerdo. Una sombra en busca de asilo en tierras lejanas, una frágil silueta del ayer. Una película sin sentido, sin forma, que se esconde detrás de unos bocetos que, aunque a primera vista pueden resultar seductores, sólo son un propósito, una ilusión. Este nuevo trabajo de Luc Besson es una añoranza, un grito a lo remoto, un intento malogrado por convencer, por seducir al espectador. Una historia que se aferra con desesperación a las constantes evocaciones de largometrajes impactantes y lúcidos como León, el profesional (Léon, 1994) y El quinto elemento (The Fifht Element/Le Cinquiéme élément, 1997), pero tristemente sólo atrapan la frustración, el error y el desengaño. Como fantasmas del pasado, esta cinta, expira con ese éxito soñado, y se diluñe en el olvido infinito, quedando huérfana y desamparada.

Una constante lucha en cada secuencia y en cada escena para poder sobrevivir y una especie de “je ne sais quoi” son los estandartes para lograr un anticlímax especial, un revés o el improvisto imprescindible, pero son intentos fugaces y poco efectivos para poder despertarse de ese estado de duermevela. La resolución final termina por llegar y no es capaz de ofrecer el verdadero acto de valentía, un salto al vacío, que impulse definitivamente la historia. El sino de esta película es una amalgama de elementos inconexos, derramados sin emoción, sin tacto, y penosamente lo único que sobrevive a este cataclismo fílmico es la falta de originalidad, la incoherencia y un guion privado de unidad y medición simétrica. Un largometraje sin talento, sin gracia, que disfrazado de secuencias aparentes, cargadas de acción y violencia, es incapaz de dar vida a su historia, dejándola sin potencia, sin fuelle y sin la solidez necesaria para poder resistir. Una película de un suceso anunciado, donde sólo queda eso, una estela aciaga y simplona de caos, miedo, sentimientos y deseos.

Una auténtica miscelánea de temas, géneros y tramas. Una Cenicienta sin su zapato de cristal, sin su príncipe azul, sin una protectora hada madrina. Una película que, aunque contiene en su interior una belleza extraña y enérgica, no es capaz de mostrarla, y rezagada, pero compuesta y sin pretendiente, resulta pesada e incrédula. Incapaz de mostrar su verdadera belleza, no capta la atención ni sentimientos de empatía, y queda abandonada irremediablemente al ostracismo, al aislamiento involuntario en tierras lejanas, a una región abismal, dura, pétrea.

Scarlet Johannsen en LucyLa nada absoluta es la consecuencia de una historia sin progresión (demasiado utópica para ser fantástica) y de un personaje principal carente de vida interna, sin alma ni corazón (demasiado adulterado para ser real). Una película aciaga, vástago innegable del estancamiento, del talud de la imaginación, de la carencia de interés. Una cinta sin sustancia, sin un arquetipo narrativo y sin la debida ascensión del protagonista. Un film vacío, sin voluntad y sin oportunidad, sin capacidad para alcanzar sus verdaderos objetivos. Una historia cuyo leitmotiv estáperdido y asustado entre tanta pregunta e ideas filosóficas (el sentido del ser humano, el paso del tiempo, el significado de la vida, la creación, la evolución, la maldad, la soledad) y que queda postergado por lo vacuo de su credo, deambulando por la anarquía de una hipotética y olvidadiza venganza.

Las vendettas parecen cosas del pasado. Mathilda, Juana de Arco y Léon han pasado de moda; son una bonita evocación, una alusión, un recuerdo heroico de los noventa. A lo lejos se oyen las onomatopeyas del ayer. El reloj tañe con fuerza las campanas del pasado. La magia se agota, es medianoche. Sin remedio y afligida, Lucy queda atrapada en una trágica esquina con sombrero de pico y orejas de burro.

Tráiler:

Ficha técnica:

Lucy ,  Francia, 2014.

Dirección: Luc Besson
Guión: Luc Besson
Fotografía: Thierry Arbogast
Música: Eric Serra
Reparto: Scarlett Johansson, Morgan Freeman, Choi Min-sik, Amr Waked, Yvonne Gradelet, Jan Oliver Schroeder, Julian Rhind-Tutt, Pilou Asbæk, Analeigh Tipton, Nicolas Phongpheth, Luca Angeletti, Loïc Brabant, Pierre Grammont, Pierre Poirot, Bertrand Quoniam, Pascal Loison, Pierre Gérard, Isabelle Cagnat, Frédéric Chau

Cus Blesa Portela

 

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